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“Él me recuerda demasiado a Chávez”: Comparan a Trump con caudillos latinoamericanos

Christhian Colina

El Nuevo Herald.- Para algunos latinoamericanos, escuchar a Donald Trump despotricar sobre si esto o aquello es “asqueroso” les resulta tristemente familiar. Eso les recuerda a sus países de origen. La semana pasada, en un mítin de campaña, Trump advirtió a sus partidarios que, si Hillary Clinton saliera electa, llevaría a Estados Unidos a un abismo económico como el que está sintiendo Venezuela.

Pero para Andrés Cáceres, que se crió en Venezuela antes de venir a vivir a Miami hace 16 años, esas advertencias apocalípticas lo preocupan. Trump suena demasiado parecido a los tristemente famosos caudillos de América Latina. “Él me recuerda demasiado a Chávez”, dijo Cáceres, de 29 años, refiriéndose al difunto Hugo Chávez, cuyo régimen impulsó a la familia Cáceres a huir a Estados Unidos. “Estos caudillos. Es el mismo ‘estira-encoge’ de nuevo. Es triste que hasta la gente de este país sea vulnerable a eso, porque los latinos lo saben”.

Es posible que la tendencia política del magnate inmobiliario Trump sea exactamente la opuesta a la del socialismo de Chávez, pero expertos afirman que usa las mismas herramientas que Chávez y otros caudillos carismáticos han usado para seducir al público. Lo políticamente correcto se tira por la ventana y se reemplaza con bravuconerías. Se describen a sí mismos como los únicos líderes capaces de devolver a sus países a la gloria anterior.

Francisco Mora, subsecretario de Defensa del 2009 al 2013, dice que Trump es la “versión norteamericana” del caudillo. Los detalles serán diferentes, dijo Mora, pero el patrón general es el mismo: el carisma, la personalidad polarizante, la exacerbación de los temores y el mensaje en contra de lo establecido. “Trump está claramente en la línea de los demagogos populistas, lo cual significa que él hace todo tipo de promesas inverosímiles”, dijo Mora, quien es ahora director del Centro de América Latina y el Caribe en la Universidad Internacional de la Florida. “Lo mismo que los caudillos de América Latina, él es extremadamente divisivo. La oposición no es la oposición, es el enemigo. Es la demonización del otro”.

Los mejores políticos tienen la habilidad de entusiasmar a grandes grupos de personas. Pero Mora dijo que Trump y los caudillos funcionan a un nivel más profundo. Ellos pueden hipnotizar a su público. Desarrollan una apariencia casi mesiánica, que trasciende las instituciones que, según ellos, están corrompidas. Trump puede ser agresivo, y califica a su oponente demócrata Hillary Clinton de débil y de mentirosa a nivel mundial. Le gusta decir que nadie será tan duro con el Estado Islámico de lo que él será. Hizo un llamado a una prohibición temporal de entrada en Estados Unidos a todos los musulmanes.

“La reacción políticamente correcta actual lastra nuestra capacidad de hablar y pensar y actuar con claridad”, dijo durante un mítin en Nueva Hampshire en junio tras la masacre en el club nocturno gay de Orlando. “No estamos actuando con claridad, no estamos hablando con claridad. Tenemos problemas. Si no nos ponemos duros, y si no nos ponemos alerta, y pronto, vamos a perder a nuestro país. No va a quedar nada, absolutamente nada”.

Chávez usó expresiones similares para denunciar el “imperialismo” de Estados Unidos. En la televisión, calificó al expresidente estadounidense George W. Bush de “cobarde” y de “burro”.

Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas de Amherst College, alega que Trump tiene otra semejanza de campaña en común con los “no políticos convertidos en presidentes” como Chávez, Alberto Fujimori en Perú, Rafael Correa en Ecuador, y Evo Morales en Bolivia. Su pretensión de fama era que no tenían experiencia en el sistema político, dijo Corrales. Para ellos, nada es peor que un político profesional que, según su punto de vista, es corrupto e incompetente. Corrales dijo que Hillary Clinton podría aprender algo de estos “no políticos”, en particular en lo que se refiere a poner en evidencia la inexperiencia de Trump.

Puede leer la nota completa de El Nuevo Herald aquí.

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