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En Carapita los Clap restringen hasta la cantidad de verduras que compran los vecinos

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Saimar De Santis.- El sábado llegó la famosa bolsa de comida al barrio Santa Ana de Carapita, pero el beneficio fue más decepción que alegría. Después de la larga cola, de anotarse en listas tras listas y de las peleas, los vecinos se dieron cuenta de que el beneficio estaba incompleto, y peor, que hasta les restringieron la cantidad de vegetales que podían comprar en la feria agrícola.

El Consejo Comunal del sector les informó a los vecinos que pasaran el sábado por el Mercal de la comunidad, donde el ya famoso “Clap” (Comité Local de Abastecimiento y Producción) estaría  entregando los alimentos desde temprano. Ana, una vecina del sector, dejó a sus chamos en la casa y se fue a las 6 am al Mercal. Al llegar firmó una primera lista. Tuvo que anotarse en una hoja sin membrete, y colocar su nombre completo, dirección, cédula y firma.

A medida que transcurría la mañana había más listas que firmar. Eran las 10 a.m. cuando le tocó su turno de retirar su bolsa, que contenía 6 artículos: un paquete de azúcar; uno de arroz; uno de leche en polvo; dos de harina de maíz y un litro de aceite. Ana se decepcionó. “A una amiga que vive en el centro le vendieron cuatro kilos de harina P.A.N., azúcar, dos kilos de pasta, dos kilos de leche, caraotas y dos aceites”, reclamó.

Al salir del Mercal, Ana hizo otra cola para llegar hasta la zona de la feria agrícola, donde firmó otra lista. Según su cuenta, ha de haber firmado más de 8 papeles, que según el consejo comunal eran para llevar el control de la compra. “Pero quién sabe qué van a hacer con ese poco de firmas”, dijo.

Una hora después, cuando por fin entró a la zona donde vendían los vegetales, y ya con bolsas en mano para comenzar a escoger sus verduras, el encargado la frenó en seco. “Yo emocionada, pensando que compraría un kilo de cada cosa, y el señor me dice que no puede despacharme esa cantidad porque tenían muy poco y afuera había mucha gente”.

Ana solo llenó dos bolsas pequeñas con las verduras que el encargado le escogió: Cuatro remolachas, un poquito de limón, compuesto, una lechosa, un par de tomates pequeños y tres papas. “Todo pesó 6 kilos. Pero la mayor decepción fue que al salir vi una cola de más de 30 personas y me di cuenta que no alcanzaría la comida para todos”.

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