article-thumb
   

“En Venezuela está ocurriendo una gesta que trasciende las fronteras”

José Toro Hardy

Caracas, 6 de julio.- Los tiempos se aceleran. La angustia atenaza el corazón de los venezolanos. Todos perciben que algo está por ocurrir.

En el bando del oficialismo saben que todo colapsó y se aferran a la esperanza de que con el respaldo cubano, los colectivos y la lealtad de algunos militares, podrán superar la situación. Saben que los años dorados del comandante y los precios altos del petróleo ya quedaron en el pasado. Saben que el poder y los beneficios ilícitos que lograron se les pueden escapar como sal y agua entre las manos.  Entienden el rechazo de la inmensa mayoría de la población. Los jerarcas del oficialismo ya no se atreven a tener a sus hijos en el país. Los han enviado al odiado imperio o a Europa o a Australia. Ninguno los envía a Cuba o a Rusia o a China.

En el bando de la oposición la incertidumbre también arrecia. El rechazo al régimen es unánime. Algunos son, sin embargo, víctimas de la guerra psicológica que adelanta el régimen con el objeto de sembrar el desaliento en sus corazones. A veces se levantan con el ánimo alto convencidos de que esto se está acabando; pero, otros días, las esperanzas se les vienen al suelo cuando escuchan a Maduro, como si nada estuviese ocurriendo, bailando o hablando sandeces en cadena nacional, aparentando una seguridad que está muy lejos de sentir. Mientras tanto innumerables familias venezolanas sufren una diáspora que nunca habíamos conocido. Los hijos se están yendo, se han dispersado por el mundo. En el país las oportunidades han desaparecido y el futuro es incierto.

Y mientras esto ocurre, vemos a la población protestando en las calles. Es una protesta masiva que ya supera en tiempo a la que ocurrió en Ucrania en 2004 o a las que se registraron en 1989 en la órbita socialista durante el “Otoño de las Naciones”, cuando se derrumbaron la Cortina de Hierro, el Muro de Berlín y se vino a pique el comunismo y, en 1991, la propia Unión Soviética.

A no dudarlo, en Venezuela está ocurriendo una gesta histórica que trasciende con mucho las fronteras nacionales. Aquí se está dando la batalla final contra las reminiscencias de aquel comunismo que había desaparecido en el mundo, pero que de alguna forma Fidel Castro y Lula trataron de resucitar en el Foro de São Paulo, contando con la ayuda inesperada de un fenómeno petrolero y populista como fue Chávez. Pero Chávez, Fidel y Kirchner murieron. Lula, Cristina y Dilma están en las puertas de la cárcel. Fernando Lugo y Zelaya se fueron. El populismo fracasó y los precios del petróleo y otras materias primas se derrumbaron.

El desenlace final se está librando en Venezuela. En las calles de Caracas y muchas otras ciudades del país se está produciendo una lucha épica.  El régimen recurre a unos grupos armados, uniformados o no, pero todos actuando al margen de la ley porque violan derechos humanos. Pretende, además, asestar un golpe final con una constituyente ilegítima respaldada por  unos magistrados exprés que fueron elegidos de manera amañada y por un CNE impúdico.

Recordemos que tal como dice la Constitución, la soberanía reside de manera intransferible en el pueblo. Que el pueblo es el poder primario y que birlándole su soberanía el régimen pretende convocar esa asamblea constituyente, que viola la Constitución. Arriesgan con ello la pérdida definitiva de la poca gobernabilidad que aún conservan. Los artículos 333 y 350 de la Constitución están a la orden del día. Hay un proceso democrático de rebeldía popular.

La Asamblea Nacional, amparada en la legitimidad que surge del apoyo mayoritario que recibió del pueblo, se apresta a dar la batalla por recuperar la legalidad. Está lista para designar, esta vez apegándose a la Constitución, a los nuevos magistrados del TSJ. Simultáneamente convocará un plebiscito el 16 de julio, conforme al artículo 71 de la Constitución, para que el pueblo sea quien decida si está de acuerdo o no con la Constituyente convocada por Maduro. Los centros de votación serán plazas, universidades, iglesias y locales evangélicos.

Por su parte, la fiscal general inhabilitó a 13 magistrados principales y 20 suplentes del TSJ y declaró nula la elección de los rectores del CNE, ratificando que la figura del desacato no es aplicable a una institución como la Asamblea Nacional. En respuesta, la Sala Constitucional le abrió un antejuicio de mérito a la fiscal general. Se está, pues, desatando una confrontación de poderes.

Aleia iacta est (la suerte está echada). En las próximas semanas el nivel de tensión alcanzará su máxima expresión. No desmayemos. No es un momento para espíritus débiles. La rueda de la historia, implacable, está girando.

Texto publicado originalmente en El Nacional. 

Comentarios

comentarios