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“Era más costoso, pero lo importante es que había”: Venezolanos narran lo que vivieron al cruzar la frontera

Eileen Garcia

El Cooperante.- Este fin de semana, fue reabierto el paso peatonal en la frontera con Colombia, donde miles de venezolanos decidieron gastar sus ahorros para comprar comida y productos de aseo personal en el vecino país. Tal es el caso de Tebie González y Ramiro Ramírez, quienes viven, junto a sus dos hijos, en San Cristóbal, estado Táchira.

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El pasado domingo, la pareja decidió gastar lo que les quedaba de sus ahorros, que acumularon antes de que el país cayera en una severa crisis económica, y se lanzaron a comprar comida. “Es dinero que habíamos ahorrado en caso de una emergencia, y esto es una emergencia”, dijo Ramírez. “Da miedo, pero cada día es más difícil conseguir alimentos. Tenemos que ir preparándonos”, reseñó AP.

González, de 36 años, tiene un ingreso que supera varias veces el salario mínimo como gerente de ventas de una cadena de mueblerías en la entidad. Pero sus ingresos no pueden con una inflación de 700%. Con respecto a Ramírez, el negocio de refacciones para autos donde trabajaba, quebró después que el presidente Nicolás Maduro cerrara la frontera con Colombia el año pasado.

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El domingo, la familia partió en un Jeep SUV, modelo 2011. En el retén fronterizo, soldados de rostro adusto provistos de armas automáticas patrullaban una cola de más de doce cuadras. Se preguntaron si no convenía devolverse. Pero entonces se escucharon gritos de que los funcionarios de inmigración habían abierto el paso, y la cola se volvió una estampida.

Foto: AP
Foto: AP

González y Ramírez corrieron con otras miles de personas hacia un puente de apenas lo suficientemente ancho para que pasaran dos autos. La pareja se tomó de las manos para evitar separarse en la multitud. Pasaron dos horas. La gente cantaba el himno nacional venezolano. A González le dolían los pies en sus zapatos Tommy Hilfiger, de tacón de cuña y apenas llegaban a la mitad del puente. Los que no soportaban la claustrofobia y el calor intentaban regresar del puente para cruzar a nado, pero los soldados no lo permitían.

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Finalmente aparecieron las banderas colombianas y el puente desembocó en una ruta flanqueada por funcionarios que los recibían con saludos, aplausos e incluso trozos de pastel. Nadie verificaba los documentos de identidad. Más allá de la entrada se escuchaba música y los kioscos vendían productos con los que todos los venezolanos sueñan: arroz, dentífrico, detergente, azúcar.

González ocultaba sus lágrimas detrás de sus enormes gafas para sol.

–“Pensé que iba ser más fácil”, dijo. “Fue humillante, como si fuéramos animales, refugiados”.

–“Pero mira la diferencia de este lado”, dijo su esposo. “Es como Disneylandia”.

No sólo había alimentos de todo tipo sino que todo era mucho más barato que en el mercado negro venezolano, que se ha convertido en la única alternativa para los que no pueden pasar horas en las larguísimas colas para conseguir bienes que escasean, y que se ha convertido en la característica más visible de la crisis económica del país petrolero.

Foto: AP
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La variedad de productos en el supermercado del centro comercial parecía irreal luego de meses de rebuscar en los anaqueles semivacíos de las tiendas. La pareja debatió sobre cuál sería la mejor crema dental para bebés. González examinó siete marcas distintas de champú y estudió con cuidado cada una de las ocho variedades de pasta.

Aunque los productos eran más baratos en Venezuela, los precios eran más altos de lo que esperaban. Decidieron no comprar ni azúcar ni harina y compraron diez paquetes de pasta. Se decidieron por comprar aceite de soya, en vez del aceite de canola, que es más costoso. Chequearon y re-chequearon cada precio. A la pareja le tomó tres horas debatir cómo iban a invertir su dinero del fondo de emergencia.

Foto: AP
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“Es más costoso que lo que esperábamos, pero lo importante es que había” lo que necesitábamos, dijo Ramírez. Otros venezolanos en el supermercado, maestros, pequeños empresarios, oficinistas, estudiaron con cuidado los precios y difícilmente los ponían de vuelta en los anaqueles. Al final, la pareja compró comida suficiente para llenar dos maletas y una bolsa de lona, luego se perdieron en la marea de compradores exhaustos que volvían a Venezuela.

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