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¡Les pegó la crisis! Hasta tapas usadas de pocetas revenden caraqueños para ganar dinero

Christhian Colina

El Universal.- Tan inusitado como vender una poceta desgastada a boca de metro, hecho ocurrido la tarde de este martes en la estación Miranda, es el mercado de objetos deteriorados, electrodomésticos inservibles, zapatos y prendas de vestir reusadas que ha surgido en la ciudad, una práctica que a juicio de los revendedores tiene su origen en las zonas más humildes de la capital pero que hoy, en tiempos de crisis, se instala con mayor intensidad en los espacios más importantes.

Los alrededores del Ministerio Público, en Parque Carabobo; la Asamblea Nacional, en Capitolio y las instituciones más importantes son parte de los sitios donde los manteleros despliegan su mercancía. Las estaciones del subterráneo son los lugares predilectos para quienes incursionan en la canibalización de repuestos y comercian con desechos.

Transeúntes denuncian que pocos espacios están libres de los chatarreros, muchos de ellos sin acceso a un empleo formal y en situación de pobreza extrema. Se trata de una realidad que a Zuleima González, de la parroquia Sucre, la obliga a rehabilitar y comercializar juguetes rescatados en contenedores de basura. “En ocasiones pienso que nadie me comprará, pero vendo todo por la misericordia de Dios”, afirma González.

Héctor Medina labora con su familia en la calle Argentina de Catia. Describe su actividad como un negocio familiar en el que involucró a su esposa, hija y nieto. En su puesto ofrece tornillos, planchas, retazos de tuberías y otros objetos. La permanencia en la calle, coinciden los propios revendedores, constituye la prueba más fehaciente de la rentabilidad de ese negocio emergente que dispone de un público ávido de objetos difíciles de hallar en el país. Hasta hace dos meses, Pedro Trejo se desempeñó como mecánico, pero la crisis lo llevó a vender herramientas usadas, un oficio en el que tiene cabida el trueque y el aspecto del cliente determina el precio de lo que se quiera llevar.

“Si el comprador está bien vestido y no tiene cara de necesidad entonces le vendemos más caro, pero en general los costos están por debajo del mercado”, dice Marcos Terán.

La socióloga Mabel Mundó, investigadora del Cendes y especialista en análisis de políticas públicas, explica que es tal la magnitud de la crisis que los informales no tienen capital para invertir y no hay bienes para vender. “Hace varias semanas una poceta costaba Bs. 250 mil, una profesora universitaria como yo necesita el sueldo más su caja de ahorros para comprarla, por eso hay quienes acuden a esos mercados”, acotó.

Puede leer la nota completa de El Universal aquí.

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