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Makro, el gran almacen que se ha reducido a un galpón de anaqueles y neveras vacías

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Saimar De Santis.- Eran las cuatro de la tarde del miércoles cuando pasé a la caja para cancelar el costo del pequeño mercado que compré. Habían pasado 10 horas desde que llegué al Makro de La Yaguara, en el suroeste de Caracas, para ver qué conseguía, y en mis manos llevaba un tesoro que casi no podía cargar: 10 kilos de una congelada carne de res regulada.

En las conversaciones venezolanas ya es normal hablar de los contratiempos que se pasan comprando comida, y yo tenía un nuevo récord: 10 horas en cola para comprar carne regulada. Además de eso, logré llevarme dos paquetes de arroz, un cereal, dos salsas de tomate y dos pastas dentales.

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“¡Qué suerte! No te vayas a salir de la cola”, me dijo mi mamá cuando le conté lo que estaban vendiendo en el establecimiento. Ella está en el interior del país, y según su relato, allá no consigue ni pan. Llamaba regularmente para consultarme por dónde iba, si me faltaba mucho, y para que le avisara si sacaban algo más.

La cola de quienes comprábamos al detal contrastaba con la de los mayoristas: Quienes tienen restaurantes y bodegas llevaban pacas de arroz, de pasta dental y de salsa de tomate, mientras que el resto solo podíamos comprar dos unidades por persona. “Esos compran esto regulado y suben y los venden bachaqueados en el barrio”, dijo una señora en la cola. “No, vale, ni los suben. Esas pacas ya las tienen negociadas y las venden allá afuera”, le respondió un hombre.

Los inmensos anaqueles vacíos

Mis papás solían comprar comida al mayor en Makro. Además se conseguían cauchos, electrodomésticos, artículos de limpieza, artículos para el hogar y mucho más. Ahora los anaqueles están vacíos, o con muy poca variedad, incluso en el área de licores.

Lo que sí había en el supermercado eran chucherías y refrescos de sabores, pero incluso regulaban la cantidad de cereales que se podían adquirir. Dos o tres veces se escucharon gritos afirmando que habían sacado harina de maíz, seguidos de gente corriendo hacia la zona donde despachaban productos regulados.  Ambas veces fue mentira.

Mientras yo estaba confinada en el supermercado esperando para pagar, en la avenida Libertador de Caracas había una manifestación opositora pidiendo al Consejo Nacional Electoral (CNE) que se pronunciara respecto a la solicitud de Referendo Revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro. Por redes sociales me enteré que cerraron 14 estaciones céntricas del Metro, que cuerpos de seguridad no permitieron que la marcha se desarrollara, y que detuvieron a varias personas por agredir a policías. Pero esas noticias no llegaron a Makro, donde al menos 2 mil caraqueños pasaron el día esperando para pagar la carne.

En Makro también despachan a mayoristas
En Makro también despachan a mayoristas

“Yo no entiendo por qué no dejan que hagan el bendito revocatorio. Entonces Maduro ni resuelve, ni deja que los demás resuelvan, y uno pasa la vida haciendo cola”, gritó un señor a mi lado cuando comenté lo que pasaba en la marcha. Las horas de cola estaban haciendo mella en la tranquilidad de la gente, por lo que cualquier irregularidad terminaba en gritos y reclamos.

Ha pasado una semana desde que logré comprar la carne regulada. Este miércoles volví a ir a Makro, a ver si corría con la misma “suerte”. Pero me encontré con una cola kilométrica, y los empleados del supermercado me dijeron que solo venderían pasta “de la cara”. A pesar de eso, una señora en la cola me recomendó que me quedara: “Mija, compre lo que encuentre. Usted no sabe si mañana no consigue qué comer”.

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