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#OpiniónEC Válvula: El Nokiatario, por Nelson Toresaut Rangel

El Cooperante

Nelson Totesaut Rangel.- ¿Qué sabemos de Finlandia? Seguramente poco o nada cree conocer la gente de este país de proporciones módicas y de una densidad poblacional mínima. Probablemente nadie sepa que es Helsinki o Rovaniemi ni tampoco le interese. Probablemente la gente desconozca que forma parte del círculo polar ártico, y en cuál paralelo se encuentra eso ubicado. ¿Qué sabemos de Finlandia? Probablemente nada y probablemente nada nos interese saber de ella.

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Finlandia fue un país que luchó incansable para no ser absorbida por el espiral soviético; sin embargo, de su órbita, no se pudo escapar. No fue sino con la disolución de la URSS que el pequeño país pudo entrar en el contexto internacional sin estar diezmado por la potencia roja.

A finales de los años 90 surge –en el plano internacional- una compañía que le debe su nombre a la ciudad de Nokia. Ahora, se podría volver a preguntar: ¿qué sabemos de Finlandia? Y sería imposible responder de forma negativa ya que todos conocemos el nombre de la empresa o, al menos, conocemos su telefonía celular.

Nokia fue un exitazo a nivel tecnológico. La súper empresa abarcaba 40% del mercado telefónico mundial. Aportó a la feliz época de “milagro económico”, siendo responsable -entre el 98 y el 2007- de un cuarto del crecimiento económico de Finlandia. Hoy en día es una de las economías más sólidas, la cual ha crecido por medio de la amalgama perfecta entre materia prima y avanzadísima tecnología. Finlandia no es Japón que carece de recursos naturales, tampoco Venezuela que los despilfarra. Es una combinación balanceada y proporcionada de un ejemplo que todos los países deberían de aspirar.

 Nokia -que era sinónimo de Finlandia- abarcaba el mercado local generando más de 25.000 empleos de altísima calidad y arrojando exorbitantes cifras que contribuyeron al acelerado desarrollo del país.

Lamentablemente la tecnología es ingrata. Tan rápido como crece se desploma. Con la entrada del iPhone, el milagro cesa y la compañía -para el 2008- conoce su fin. Este hecho implicó terribles consecuencias a la economía de un país que parecía ser dependiente de dicha empresa.

Sin embargo, la iniciativa privada no fue mala; todo lo contrario. La organización posicionó el nombre del país a escala mundial. Le abrió sus puertas al interés internacional. Legó una economía exitosísima y arrojó no más que prosperidad. Si bien -el país- tuvo momentos de crisis, pudo superarlo debido al finlandés y a las mismas compañías internacionales que confían e inyectan miles de millones de dólares a la economía nacional.

En Venezuela necesitamos un Nokia. Una empresa de iniciativa privada que encarrile nuestro país hacía un milagro económico; y no quede en el puro anhelo enunciado por el Presidente días atrás. Que no dependa de los recursos naturales y utilice, como principal motor, el capital humano. De hecho, soy escéptico ante la imagen del Estado Empresario, pero no estoy cerrado a las posibilidades siempre y cuando arrojen progreso y bienestar. Un Nokiatario, ¿por qué no? Moviendo la fibra internacional.

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