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#OpiniónEC Válvula: Ex tempore, por Nelson Totesaut Rangel

El Cooperante

Caracas, 5 de febrero.- La impuntualidad es un hecho social. Temo a que llegue el día en que me acostumbre a ella. La puntualidad es un bien escaso el cual está asediado por la indiferencia cotidiana y el irrespeto al tiempo ajeno. La impuntualidad (o, su némesis, la puntualidad) es plenamente trasversal, va desde cada núcleo y cada estrato, generando un caos de perpetuo retraso y de abuso colectivo. Los puntuales estamos aislados en el futuro. Puesto que nos “adelantamos” crónicamente a los acontecimientos, llegando a creer que nuestra acción es extemporánea, en vez de lo que realmente es: puntual.

Ser impuntual es grosero en dos sentidos. El primero (y usual) es llegando a posteriori. La psicología puntualiza que estos son conocidos como “tardones crónicos”. Los mismos, carecen de una noción objetiva del tiempo, lo que les hace vivir en una realidad falaz, generando pronósticos erróneos en la búsqueda por maximizar el mismo. Es decir, hacen un uso indiscriminado de la hora planificando tareas de imposible cumplimiento. Son personas que buscan disponer (y estirar) los minutos para el cumplimiento de múltiples tareas, sin considerar los factores externos que asechan cada uno de nuestros actos.

La segunda forma de impuntualidad es a priori. Siendo el inconveniente principal la no percepción del problema en sí. Puesto lo usual es tener una noción tardía del tiempo, es decir, poseer un tiempo interno más lento que el real; en cambio, estas personas poseen un tiempo interno más acelerado. Es por ello que se adelantan a los eventos, arribando antes a los compromisos e irrespetando el tiempo ajeno.

Ambas formas de impuntualidad son negativas. Oscar Wilde escribía en El Retrato de Dorian Grey que “la puntualidad es la ladrona del tiempo”. Razón tiene este inglés de la época victoriana, ya que el puntual se encontrará condenado a una espera interminable, en aquel “purgatorio” que no es peor que una tortura bíblica en donde estaremos sentados en la “sala de espera” junto a nuestro amigo Crono, quien nos va devorando minuto a minuto, segundo a segundo.

Ahora ¿a qué se debe esta “enfermedad”? Los factores no pueden ser generalizados. Existen impuntuales narcisistas, es decir, aquellos que se dan el tupé de llegar tarde porque consideran que su tiempo interno rige al tiempo real. Por ello, si el tiempo interno es el valedero, jamás estarían llegando tarde; más bien, los demás serán los impuntuales, llegando antes de tiempo. Estas personas determinan un problema psicológico personalísimo, más no una conducción social. Lo verdaderamente caótico es cuando la sociedad entera está sumida en la patológica de la tardanza.

Cuando la impuntualidad es un hecho social, nos debemos de alertar. El concepto de normalidad se vuelca y nos encontramos en un terrible escenario de retraso colectivo. La gente tiende a subestimar la impuntualidad, cinco (o 30) minutos de diferencia son normales. Y un retraso injustificado (sea un avión, carro, autobús, cena, cita médica, reunión, etc.) no genera mayor disgusto entre los afectados. En derecho existen causas exonerativas de responsabilidad, las mismas han de ser justificadas y son entendidas como “lógicas” dentro de la reparación de los daños. Sin embargo, es alarmante cuando la tardanza injustificada va impune. Ante este espectro de apatía social, nos condenamos al atraso, ya que entre los principios fundamentales para el progreso se encontrarán siempre: el respeto al otro y, por supuesto, la puntualidad.

Seguimos añorando un mundo civilizado y un país avanzado. Nuestro fatalismo criollo nos hace culpar a todo factor externo de nuestros males. No vemos que tenemos la sociedad que merecemos y somos incapaces de reconocer nuestra responsabilidad en la misma. La puntualidad es algo que no requiere petróleo, Presidentes o elecciones. La puntualidad es algo que podemos trabajar internamente, condenar a aquellos que nos hacen esperar y voltear la torta de los puntuales e impuntuales. Que crezcan las cifras de los primeros, para que los segundos desaparezcan. Porque, a la larga, como diría Kant: el tiempo no es sólo a sí mismo, sino es una intuición interna de nosotros, los sujetos.

@NelsonTRangel

ntotesaut@sincuento.com

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