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#OpiniónEC Válvula: Juicio virtual, por Nelson Totesaut Rangel

El Cooperante

Caracas, 9 de marzo.- En derecho procesal la carga de la prueba recae en cabeza del demandante. Quien considere iniciar un proceso contra otro debe, evidentemente, nutrir su caso con alegatos que justifiquen sus acusaciones.

Sin embargo, existe una imagen muy interesante en el ámbito del procedimiento civil: la confesión ficta. El mismo código de procedimiento (CPC), en su artículo 362, reza que la misma se genera cuando se cumplen tres aspectos concurrentes: 1. Que el demandado no conteste la demanda, 2. Que no probare nada que le favorezca, 3. Que los alegatos no sean contrarios a derecho. No obstante, quedar “confeso” no implica ser culpable. Se sabe que las partes gozan (debido a uno de los principios fundamentales del derecho) de la presunción de inocencia. Es por ello que, lo que realmente ocurre cuando se queda confeso, es que la carga de la prueba se invierte, ahora tocándole al demandado probar su inocencia.

Este pequeñísimo recuento (de una interesantísima figura procesal) no rinde completo tributo a algo que ha sido tópico de desarrollo por parte de teóricos del proceso. Sin embargo, lo que nos concierne es extrapolarlo al campo de lo mediático y político; el cual suele poseer un nivel de abstracción mayor al jurídico.

El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, en pasadas declaraciones, empleó unas calificaciones bastante contundentes contra el Vicepresidente de la República. Soy ajeno al caso (y a la persona) por lo que no puedo emitir un juicio de fondo en torno a las acusaciones. No obstante, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, existen dos aspectos de forma que considero (por lo menos) ridículos.

Primero: teniendo en cuenta lo referente a la carga de la prueba, queda por parte del demandante (EEUU) probar algo contra el ciudadano Vicepresidente. Esto en consideración a lo que he leído (sobre todo de venezolanos) en donde aseguran que el acusado tiene que probar su inocencia. Así no son las cosas. Sólo en el supuesto en que el “Vice” haya hecho caso omiso, es decir, no contestado de ninguna manera -“el que calla otorga”– habría quedado confeso y, con esto no significa que sea culpable, sino que habría tenido que probar su inocencia puesto la carga probatoria habría recaído en su cabeza.

Pero como presenciamos en polémica carta del 22 de febrero publicada en el New York Times, el Vicepresidente respondió las acusaciones en su contra. Todo ha sido meramente enunciativo, ya que el proceso no se anda llevando ante ninguna instancia formal de derecho y, bajo las características que poseen las actuaciones de las partes, parece, más bien, un juicio mediático.

Segundo: “debería renunciar”. Este alegato es igual (o más) absurdo que el primero. Si el Vicepresidente resultase culpable, la República no puede albergarlo bajo títulos oficiales. Pero, a ausencia de pruebas, es injerencia pedir la renuncia de un funcionario de gobierno por meras declaratorias de un país ajeno. Bajo este supuesto, el mismísimo Bush, Obama, Trump, o cualquier Presidente de los Estados Unidos, habría tenido que renunciar mil veces ya que no se llevan el premio por tener la mejor reputación mundial.

En fin, lo ocurrido no es cualquier cosa. Los alegatos son extremadamente duros y las partes del proceso son Estados (o representantes del mismo). Desconozco las especificidades del caso y la motivación de EE.UU. También dije que no puedo velar por la culpabilidad o inocencia del acusado, pero me refugio en la presunción de inocencia que tenemos todos. Entonces, por una parte, si lo dicho fuera cierto: lo probarían; total, ya las relaciones diplomáticas no podrían empeorar. Y, por la otra, en caso de ser falsas: la intención sería el desprestigio al gobierno chavista. Para la mayoría, los titulares contundentes no requieren desarrollo, ya que nuestro sentido crítico es tan escaso, que, en vez de buscar la verdad, nos conformamos con chismes y rumores en lo que parece un juicio virtual.

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