article-thumb
   

#OpiniónEC Válvula: Un mes con Trump, por Nelson Totesaut Rangel

El Cooperante

Caracas, 24 de febrero.- ¿Es gafo o astuto? ¿Desacertado o intencionado? ¿Torpe o hábil? Todas estas, y otras, surgen cuando se trata de analizar al personaje Trump. El sujeto es muchas cosas (impredecible pareciera la principal), todas menos alguien que se asemeje al arte conservador de la política, asumiendo funciones distantes a lo esperado por parte de cualquier hombre de Estado.

Al cabo de un mes en la Casa Blanca, Trump ha despertado reacciones tanto internas como externas. Desde ofensas como tildarlo de inestable mental, hasta la absurdez que implica que los servicios de inteligencia de su propio país le oculten información. Trump es una fuerza temible (y repudiada) por todos y, a su vez, todos quieren acercarse a él. Los gobiernos extranjeros necesitan tener relaciones con Estados Unidos, la prueba se dio cuando la primera potencia se sale del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y, reacción inmediata, Chile y Canadá reportaron estar desinteresados en seguir en él. ¿Es posible que alguien tenga relaciones con un país presidencialista saltándose al Presidente de turno? La respuesta claramente es no. Y, pese a que la fortuna gringa promete acabar para el año 2055, en la actualidad ser la primera potencia mundial obliga a que los demás países “se calen” –a regañadientes- al mandatario.

Pero el personaje va más allá de sus políticas antiglobalización. Del excentricismo exacerbado a la farandulización de la Casa Blanca, pasando por la guerra contra los medios de comunicación y los conocimientos secretos sobre la crisis sueca (que ni ellos mismos parecían conocer) resurge la pregunta: ¿Trump es tonto o inteligente? Nadie que llegue a ostentar el título de supuesto “líder del mundo libre” puede cometer semejantes errores. ¿Seremos nosotros quienes no lo podemos interpretar? Podría ser, ya que es un Presidente inusual. Al cual tratamos de evaluar bajo los parámetros conocidos y sorprende cada vez que puede.

También es un habilidoso del Twitter, el cual convirtió en su medio preferido de difusión. Con más de 25 millones de seguidores, hace uso de esta herramienta para difundir sus políticas. Por cierto, simpatizo con esta novedad, porque no prostituye las cadenas nacionales para imponer información. Es visto y leído por quien quiere hacerlo y que nadie me venga a decir que no tiene la excusa perfecta para apropiarse de la radio y televisión, cuando ha pregonado (desde su candidatura) que existe una “guerra mediática” en su contra. Conclusión: se ha convertido en un fenómeno comunicacional, por una vía gratuita y no impuesta.

Por otro lado, en un mes cumplió todas sus promesas electorales; en contraste con políticos como Obama que en ocho años dejaron más de la mitad a la deriva, se enguerrilló con la Corte Suprema, casi genera una guerra con China (al coquetear con Taiwán) y, sobre todo, ha acribillado a los inmigrantes como si fueran culpables de la debacle gringa cuando, por el contrario, fueron ellos quienes sacaron adelante el país; y no los nativos caras rojas como pretende él resaltar. Todo esto bajo la ironía de la máxima xenofobia puesto que, pese a que la evidencia aparente lo contrario, Trump es hijo de inmigrante Alemán y no de los hermanos Apaches.

Pese a todo esto, la descentralización de su país ha logrado contenerlo un poco. Si bien goza de la fortuna de estar al mando de la potencia de potencias, el federalismo le impone limitantes que nosotros desconocemos. ¿Se imaginan ustedes que en Venezuela el Tribunal Supremo tumbe una medida del Ejecutivo? Aquí somos bien bolivarianos e interpretamos al pater patriae en su máxima expresión. Ahí el problema con las lecturas extemporáneas ya que, si bien Bolívar consideraba que el Estado debía de ser concentrado, también creía en una aristocracia gobernante y veía a Inglaterra como el mejor país posible; y no como un imperio del mal.

En fin, luego de un mes, Trump promete seguir dando de que hablar. La última es sobre el ridículo gasto que implica cargar con la numerosa familia presidencial. En tan solo un fin de semana el Estado tuvo que pagar $3 millones en logística y movilización. Dado que el Presidente no se va a someter a la agenda presidencial sin su exuberante estilo de vida. Puesto a Trump se le puede criticar de muchas cosas, de todo menos de hipócrita.

@NelsonTRangel

[email protected]

Comentarios

comentarios