Putin le declara la Guerra Fría a Obama: analistas temen que la situación se le vaya de las manos

Jose Monagas

Efe.- El presidente ruso, Vladímir Putin, le ha declarado la Guerra Fría a su homólogo de Estados Unidos, Barack Obama, y ha puesto prácticamente en suspenso las relaciones entre ambas administraciones hasta que se conozca la identidad del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

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Putin ya no tiene nada que hablar con Obama, a la vista de las decisiones tomadas por ambas partes en las últimas semanas, aunque nadie dice que con la próxima administración norteamericana las cosas vayan a ser más fáciles. Es un secreto a voces que ambos dirigentes nunca se han sentido cómodos sentados a la misma mesa, aunque el jefe del Kremlin nunca ha llegado a criticar directamente a Obama, quien sí ha acusado a Putin de recurrir a la fuerza para recuperar la gloria perdida.

Pero Putin cruzó definitivamente el Rubicón cuando anunció que Rusia abandonaba el tratado con EEUU de reconversión del plutonio militar, uno de los pilares del programa de desarme que tenía como objetivo acabar con la amenaza de una nueva Guerra Fría.

En respuesta, Washington suspendió la cooperación con Rusia en Siria, tras lo que el secretario de Estado, John Kerry, fue aún más allá al hablar de crímenes de guerra en Alepo, a lo que Moscú replicó con alusiones a Irak. Según los expertos, ninguna de ambas decisiones son fatales, ya que EEUU ya no cumplía el tratado sobre el plutonio desde 2014 por su alto coste y la cooperación bilateral en Siria era papel mojado desde hace varias semanas.

El antagonismo dialéctico en forma de ultimátum, amenazas y acusaciones, sea en las tribunas de la ONU o en las declaraciones de la Cancillería o el departamento de Estado, es lo que nos extrapola a la Guerra Fría. La votación anoche de los dos proyectos de resolución para un alto el fuego en Siria fueron un inmejorable ejemplo de antagonismo, ya que Rusia vetó la propuesta francesa y seguidamente EEUU la rusa, que también proponía una tregua, pero no la suspensión de los bombardeos aéreos.

Desde tiempos de Ronald Reagan, que acusó a la URSS de ser “el imperio del mal”, las relaciones entre ambas potencias nucleares no eran tan tensas, y la herencia que recibirá el futuro presidente norteamericano será envenenada. La lista de afrentas es interminable: desde los ataques contra hospitales, escuelas o convoyes de la ONU en Siria a los ciberataques rusos contra instituciones políticas norteamericanas.

Por eso, Putin ha decidido poner sobre la mesa los deberes que debe cumplir la próxima administración norteamericana con la inestimable ayuda del Congreso para normalizar las relaciones con Rusia, ya que Obama ya está de salida.

Los analistas consideran que, ya que el nuevo presidente de EEUU asumirá el cargo en enero, mejor iniciar las relaciones desde una posición de fuerza y lo ideal sería ya que Alepo cayera en manos del régimen de Bachar al Asad antes de las elecciones presidenciales.

Si no, cómo entender que Putin imponga condiciones imposibles de cumplir para el nuevo presidente de EEUU, aunque éste sea el republicano Donald Trump, quien ha expresado su deseo de forjar una relación constructiva con el líder ruso.

EEUU nunca retirará las tropas y misiles que desplegó en lo que va de siglo en los países del antiguo bloque comunista que ingresaron en la OTAN (los bálticos, Rumanía y Bulgaria), al igual que no dejará de apoyar a Ucrania y rechazar la anexión de Crimea.

Tampoco es probable que levante las sanciones económicas y, menos aún, que compense a Rusia por las pérdidas económicas sufridas, como exige Putin. Al parecer, según los analistas, el líder ruso ya se ha hartado de intentar que EEUU le acepte como un igual entre las naciones democráticas y ha decidido imponer sus propias reglas de juego, que van más allá de la idea del mundo multipolar.

Ante la renuencia de China a implicarse en la solución de los problemas mundiales, Rusia está dispuesta a asumir el papel de contrapeso a EEUU desde Siria a Ucrania. A Putin le viene como anillo al dedo ese papel de líder mundial, ya que es la mejor forma de aplacar el descontento por la profunda recesión de la economía rusa y la represión de las libertades en su país.

Aunque Putin insiste en que Rusia no se verá empujada a una carrera armamentista como la URSS, el Kremlin ha aprobado costosísimos programas de rearme y se plantea reabrir sus bases en Cuba y Vietnam. El problema es que algunos analistas temen que la situación se le vaya de las manos y, como ocurriera tras la invasión soviética de Afganistán, pasemos de la malas caras al aislamiento, el bloqueo y los choques armados en terceros países, una batalla que Rusia tendría perdida de antemano.

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