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“Lo hacemos porque Maduro nos tiene jodidos” Johan Merchán cuenta lo vivido en secuestro

Lysaura Fuentes

El Cooperante.-El periodista Johan Merchán, jefe de prensa de Voluntad Popular (VP) estuvo al menos 28 horas secuestrado por delincuentes. Hecho ocurrido minutos después de haber asistido a una reunión con unos amigos en la calle 1 con transversal 13, de la urbanización Sebucán, situada en el municipio Sucre del estado Miranda.

Ante ello y ya sano y salvo, por medio de su perfil de Facebook contó lo que vivió durante su secuestro: “el hampa seria me dejó en libertad. De ellos recibí medicinas, comida y agua, además de golpes y psicoterror”, detalló Merchán.

Asimismo, reflexionó sobre la “descomposición social” y cumplió su promesa de llevar el mensaje de sus secuestradores: “Diga allí en donde pueda por esos medios que ustedes manejan que esto lo hacemos porque (…) Maduro nos tiene jodidos”.

Además agradeció a las personas que ayudaron para su liberación: “No hacen falta nombres, cada quien sabe cuál granito de arena o montaña aportó para ello. Gracias a todos ustedes hoy puedo estar nuevamente con mi familia”.

A continuación el mensaje completo del periodista: 

Hola a todos. Me encuentro bien.

Gracias a todas las personas e instituciones que hicieron posible mi liberación con vida de esta situación. Gracias a todas las personas e instituciones, dentro y fuera de Venezuela, que hicieron sentir a mi familia confianza en que todo terminaría con bien. No hacen falta nombres, cada quien sabe cuál granito de arena o montaña aportó para ello. Gracias a todos ustedes hoy puedo estar nuevamente con mi familia.

Un especial agradecimiento al gremio periodístico para el que, en esta oportunidad, privó mi seguridad y no la noticia… Hoy tras años como reportero de sucesos y tras haber vivido está experiencia en carne propia puedo decir que conozco las 2 caras de la moneda; la primera etapa me ayudó a manejarme con mis captores, a no cometer errores que pusieran en riesgo mi vida, a ganar tiempo para que cada quien hiciera lo suyo, a recordar como periodista cuantas veces cubrí una situación similar sin saber nunca el verdadero impacto de lo que como periodista se puede tener en un secuestro, que no precisamente es de ayuda… La segunda, esta experiencia reciente que para mi ha quedado bautizada como “las noches de las luciérnagas”, me hizo valorar aún más a mi esposa, a mi madre, a mi hija en camino, a mi padre y a mis hermanos… no siendo muy religioso me hizo entender la importancia de creer en algo y esa creencia me dio la calma, la paz y el aplomo para pensar cada minuto en como reaccionar y que hacer y que no… durante todas las horas de mi secuestro no solo creí en Dios, Vallita y San Miguel Arcángel, creí en los humanos de carne y hueso que conozco y puedo decir que no me equivoqué con ninguno, con quienes son mis hermanos de vida y con personas que sin ser muy cercanas hicieron todo por mi libertad. Gracias Oswaldo Carreño, gracias vieja, gracias yuca.

No se si he vuelto a vivir, pero hoy amo y valoro infinitamente la vida que mis padres me dieron hace ya 37 años (dentro de 19 días 38). Finalmente una reflexión y un cumplimiento de palabra.

Reflexión: Vaya Venezuela como estamos descompuestos, nuestra ausencia de valores es absoluta… los mayores minutos de tensión para mi fueron desde que el “hampa seria” me dejó en libertad y el reencuentro con mi familia. De mis captores recibí medicinas, comida y agua, además de golpes y psicoterror, esto último lo obvio en una situación así. Pero una vez liberado en horas de la madrugada hasta con efectivo que me dieron para el taxi y tras caminar varios kilómetros por una arteria vial, fui asaltado por otro malandro que me quitó ese efectivo y las medicinas a punta de cuchillo.

No paré un taxi por temor a ser secuestrado de nuevo (Secuestro Express como película es bien real), no acudí a la GNB por temor a ser secuestrado de nuevo, motorizados de la PNB vieron como el malandro con cuchillo me atracaba y siguieron de largo a pesar de mis señas, nadie se detuvo para darme la cola (yo tampoco lo hubiese hecho), nadie me prestó un teléfono para decirle a mi esposa que estaba vivo y libre (quizá yo si lo hubiese hecho), al menos un vaso de agua me dieron en una taguara donde también me negaron el celular que usaban frente a mis ojos; finalmente le pedí a los funcionarios de una comisaria de la PNB una llamada y su forma de hablar era exactamente igual que los de mis captores, mientras me veían ensangrentado me hicieron las mismas preguntas y dieron las mismas respuestas que mis captores: qué te pasó, qué carro tenías, ese carro cuesta tanto, pero ven para ver qué tienes allí, pagaste el beta? ven pasa para que hablemos (a lo cual me negué), nunca sentí temor de entrar a una sede policial hasta ese momento, finalmente un funcionario me prestó su teléfono bajo la promesa de que no diría nada comprometedor. Durante la espera, en la acera, de la llegada de mis familiares sentí el temor que no sentí durante el secuestro, porque durante esa espera nada garantizaba mi vida y todo podía volver a empezar.

Cumplimiento de palabra a mis captores a quienes cito textual:

“Hermano, usted que es periodista y siempre le ha echado paja a gente como nosotros lleve estas palabras. Usted se dio cuenta que somos “hampa seria”, cumplimos y usted se portó serio. Diga allí en donde pueda por esos medios que ustedes manejan que esto lo hacemos porque Maduro nos tiene jodidos, ayer compré 3 kg de arroz en 6 mil bolívares y ese ritmo no lo aguanta nadie, no consigo desodorante los bachaqueros se me afincan… la diferencia es que usted tiene (cree él) y nosotros no porque somos pobres, por eso trabajamos en esto. Esto tiene que cambiar pero nadie sirve, así que nosotros seguiremos en esto porque es nuestro trabajo y nuestro trabajo es buscar real, buscar la plata. Bájese cuando le diga, no voltee para atrás que aún le podemos dar un plomazo y recuerde que nunca pasó nada”.

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