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“Si el madurismo hace elecciones es porque la oposición decide no ir”

Brian Fincheltub

Caracas, 05 de agosto.- ¿Regionales en dictadura? Esta es la pregunta que se hacen muchos venezolanos en estos momentos. Duda e indignación más que justificada, luego de cuatro meses de lucha en los que han muerto decenas de venezolanos y miles han sido detenidos. Sobre el particular daré mi opinión y con ella no comprometo a nadie más que no sea a mí mismo, sin buscar convencer ni establecer verdades absolutas, simple opinión, rebatible como todas.

Pensé sobre la pertinencia de escribir en momentos cuando acaba de ser instalada una Asamblea Constituyente fraudulenta, pero la inscripción para las regionales es un escenario que pronto se avecina y si algo sabe la dictadura es dejarnos sin capacidad de respuesta, pues no hemos digerido un hecho cuando se sobrepone otro. Es así que el análisis no es extemporáneo, demanda ser abordado sin que se abandonen otros frentes. Ejemplo: la movilización de calle.

¿Elecciones en dictadura? Qué contradicción, pero las dictaduras hoy no son las mismas de hace 60 años y las elecciones en ellas no son ni remotamente lo que sería competir en un sistema de garantías y contrapesos, en el que hay igualdad de condiciones y no se cercenan los derechos políticos de candidatos y electores. Estas condiciones no son una novedad, el chavismo las aplicó en su momento siendo popular y el madurismo las profundizó al quedarse sin pueblo. Podríamos decir que la dictadura no es un asunto sobrevenido, se ha institucionalizado a lo largo de estos 18 años.

Aun sabiendo todo esto, la oposición política ha decidido, con desastrosas excepciones (parlamentarias de 2005) confrontar a un sistema autoritario y abusivo en el terreno electoral; lo hizo cuando fue minoría y fue su carta de legitimación internacional cuando se convirtió en mayoría clara en 2015. Las elecciones pues, con sus pro y sus contra, han permitido a los sectores democráticos victorias, llámelas temporales si quiere, pero victorias al fin.

El reconocimiento de los triunfos electorales de la oposición no ha sido una virtud propia del chavismo, eso lo sabemos todos; desde 2007 se ha burlado la voluntad del elector, pero la diferencia hoy es que la posición de la comunidad internacional es totalmente diferente a la de hace diez años. Desde la instalación de la Asamblea Nacional la oposición es vista como una opción política mayoritaria que ahora es recibida y reconocida como parte de la institucionalidad venezolana, cosa que antes le costaba mucho a gobiernos de la región, que incluso se negaban a recibir personalidades del mundo político nacional para evitar problemas diplomáticos.

Las elecciones regionales nos colocan en un nuevo dilema: ir de nuevo a elecciones tras el mayor fraude electoral de nuestra historia. Fraude que por cierto no es el primero en el que toma parte el PSUV: la pantomima del 30 de julio fueron unas elecciones internas del partido oficialista y no ha habido un proceso interno de esta organización política que no haya sido manipulado, la diferencia hoy es que pretenden imponernos una Constitución cuando no representan ni 15% del país. Pese a que fue un proceso cerrado y al mejor estilo de Corea del Norte, la verdad se supo, imaginen en un contexto en el que la oposición tenga acceso a las actas proporcionadas por testigos en cada mesa electoral. ¿Imposible? No, los triunfos que hemos tenido no han sido un regalo de la dictadura, los hemos peleado.

Soy de los que cree que si el madurismo, minoría clara en Venezuela, hace elecciones es porque la oposición decide no ir. Veremos entonces a Mario Silva de gobernador en Miranda o a La Máscara como gobernador de Aragua, todo pudiera pasar. Pero si se le traslada la papa caliente inscribiendo candidaturas sin abandonar nuestra prioridad, que es salir de la dictadura, veremos cómo ni se atreven a hacer la convocatoria. La mejor prueba son las elecciones de Amazonas.

Así pues toca pensar y responder en cada frente, no de una manera defensiva sino revirtiéndole las estrategias a la dictadura que son bastante conocidas y su más exitosa: dividir ¿Le hacemos el juego? Yo no.

Texto publicado originalmente por El Nacional.

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