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El opositor más radical que ahora es el traductor de Maduro

Christhian Colina

El chavismo necesitaba con urgencia un “constitucionalista” que tradujera sus aberraciones jurídicas. Tras el fallecimiento del abogado y exdiputado, Carlos Escarrá en enero de 2012, el oficialismo quedó acéfalo. Pero logró que su hermano y colega, Hermann Escarrá llenara ese protuberante vacío. Que proponga al presidente Nicolás Maduro la enmienda constitucional para reducir el período de la nueva Asamblea Nacional hizo que ganara más detractores. El jurista tuvo que decir que él no es hombre de cheques.

Sábanas de periódicos sirvieron para analizar las ideas antagónicas de los hermanos Escarrá. A Carlos lo llamaron “el malo” y a Hermann “el bueno”. La crisis de la oposición por la derrota del referendo revocatorio contra Hugo Chávez, en 2004, provocó que la radicalización se posicionara en ese sector político. Varios voceros no hacían otra cosa que llamar a la desobediencia civil, y Hermann encabezaba el grupo. Aseguraba que los venezolanos tenían derecho a acatar el artículo 350 de la Constitución Nacional. Se hizo célebre por convocar la “marchar sin retorno” hacia el Palacio de Miraflores.

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