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El nuevo año pondrá a prueba la “Argentina del cambio” que inició con reformas de Macri

Christhian Colina

El Cooperante.- La auténtica Nochevieja en Argentina fue el 10 de diciembre. Tras 12 años de kirchnerismo, la toma de posesión de Mauricio Macri situó al país ante una rápida transformación, aún en proceso, pero 2016 llega con los desafíos que pondrán a prueba “el cambio”, como controlar la inflación y mantener la paz social.

En poco más de medio mes, el nuevo Gobierno liberó de restricciones al mercado cambiario, a las exportaciones industriales y agrarias, pretende aligerar el grueso aparato del Estado, promete buscar una salida al litigio de la deuda con fondos especulativos y ha comenzado a eliminar subsidios, como los de la luz y el gas.

Aunque todas estas medidas coinciden con las expectativas electorales generadas por Macri, los argentinos saben también que 2016 llega con la otra cara de la moneda. En un país acostumbrado a vivir con el mal endémico de la inflación, se teme el efecto de las política macrista en los precios, con la conflictiva negociación de la actualización salarial a la vuelta de la esquina.

La última medición del cuestionado Indec corresponde al pasado octubre, aún bajo el mandato de Cristina Fernández, cuando los precios acumularon un incremento del 14,3 % frente al mismo mes de 2014, aunque para las consultoras privadas esa cifra fue del 25,02 %.

Además, el nuevo Gobierno se enfrenta al complejo reto de conseguir abundante entrada de capitales extranjeros para frenar la caída de las reservas del Banco Central y evitar así profundizar la depreciación del peso argentino.

Acuerdos con los exportadores agrarios para la liquidación de granos, préstamos del BID y acuerdos de intercambio de monedas con China han centrado los primeros esfuerzos. De todas esas cifras dependerá el desarrollo de las siempre complejas negociaciones paritarias de 2016 con los poderosos sindicatos argentinos, que ya advirtieron que la devaluación del peso y medidas como la quita de subsidios deberán ser tenidas en cuenta a la hora de valorar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

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