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A los asesinos de Jorge Rodríguez los condenaron a 30 años, pero los de Acosta enfrentan nueve

Elizabeth Fuentes | 2 julio, 2019

Caracas.-A los asesinos de Jorge Rodríguez padre los condenaron a 30 años de prisión pero los del capitán Acosta solo enfrentan nueve años.

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Cuando se produjo la sentencia de Primera Instancia, conforme a la cual hubo condenatoria por 26 y 30 años de presidio contras los cuatros funcionarios procesados por el asesinato del joven líder político Jorge Rodríguez, el presidente Carlos Andrés Pérez felicitó públicamente al juez por la sentencia. “Como Jefe de Estado me siento orgulloso de haber colaborado, de acuerdo con el articulo 118 de la Constitución, en la aplicación de la justicia en un caso de auténtico interés nacional”, dijo Pérez.

Y si bien entonces algunos lo criticaron por lo que parecía intromisión en un poder autónomo, el presidente Pérez mantuvo su posición porque, según dijo, se sentía realizado en el propósito que tiene de que aplicara la Ley a todos los funcionarios de su Gobierno que, por conducta personal, se marginaran de la juricidad que “yo deseo, procuro e insisto que se la norma común de mi Gobierno”.

Cabe recordar que el fiscal general de la República era el doctor José Ramón Medina, quien actuó apegado a derecho y no para complacer al Gobierno.

Muy distinto a la inútil y discutible explicación que ha dado el fiscal de la ANC, Tarek William Saab, sobre las detenciones de los presuntos asesinos, publicando en sus redes sociales que los dos oficiales fueron presentados a la justicia, con el cargo de “homicidio preterintencional con causal”, que acarrea un máximo de 9 años en prisión.

Esta es una acusación que según el abogado Gonzalo Himiob, uno de los directivos del Foro Penal Venezolano, solo conduce a disfrazar la realidad por cuanto “El homicidio preterintencional con causal supone que la muerte de una persona se ha causado ejecutando contra ella actos dolosos dirigidos a lesionarla, no a matarla (…) Al calificar el homicidio como concausal implica que la muerte no habría tenido lugar sin la presencia de condiciones o situaciones (denominadas concausas, preexistentes o sobrevenidas) desconocidas por el homicida, o imprevistas, que no han dependido de sus actos”.

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