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A Nicolás Maduro lo vuelve a perseguir la posibilidad de un estallido social

Editorial/ El Cooperante | 3 abril, 2019

Caracas.- Ahora ya no hay retorno posible. La crisis económica que comenzó a gestarse desde los tiempos del control de cambio en el primer mandato de Hugo Chávez, devino en una hecatombe con altísimos costos a pagar en lo social. Mediante el uso de la fuerza y procesos electorales fraudulentos, Nicolás Maduro se aferra al poder con la asesoría cubana, el respaldo de las bayonetas y el factor miedo como mecanismo para procurar inhibir las protestas populares.

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Las manifestaciones acaecidas en todo el país tras el nuevo apagón que comenzó la tarde del 25 de marzo encendieron otra vez las alarmas en la cúpula. En el centro de la capital, muy cerca del Palacio de Miraflores, la gente enardecida exigía suministro de servicios públicos. No era Altamira. Ni El Hatillo. Tampoco Prados del Este. Era “el centro del medio”, un bastión que el chavo-madurismo perdió por paliza en las elecciones parlamentarias de diciembre del año 2015, pero que permanece sitiado por delincuentes armados que se hacen llamar colectivos, y que no son otra cosa que la consecuencia de aquellos adefesios denominados por Chávez “círculos bolivarianos”, cuyo único oficio conocido era reventar a botellazos la frente de cualquier periodista independiente que se les atravesara por el camino.





De los botellazos, los escupitajos y los insultos, mutaron y se transformaron en bandas provistas de armas cortas y largas. Sin pudor alguno, tras el llamado agónico de Maduro a la “resistencia activa”, estos sujetos van y vienen con total impunidad exhibiendo armamento de alto calibre y disparando a mansalva a los ciudadanos de La Candelaria o la avenida Fuerzas Armadas que cometan el “delito” de tocar unas cacerolas contra el tirano comunista que mantiene a más del 90% del país pasando hambre, sin agua y sin luz, pues como bien lo dijo alguna vez Chávez, no importa que anden desnudos con tal de proteger la revolución.

Son esos colectivos la última línea de defensa a la que apela Maduro por si acaso las bayonetas dejan de ser leales en la víspera, como normalmente ocurre.

En Miraflores cayó tan mal que tanto el centro como el oeste de Caracas protestaran contra el apagón, que hasta Diosdado Cabello tuvo que referirse a los hechos intentando, infructuosamente, descalificar las manifestaciones con el ridículo argumento de que quienes aparecían protestando en las imágenes, no eran habitantes de ese sector.





Y a pesar de los colectivos y del terror, la gente sigue protestando. Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe. A Maduro lo persigue la posibilidad de un estallido social, que nunca se sabe cuándo comienza ni cómo termina.

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