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José Antonio Abreu, el maestro de la seducción del poder que conquistó a Chávez

Jose G Martinez

Caracas, 9 de marzo.- Entre el poder y la cultura existe en Venezuela un hombre que todo lo ha logrado: José Antonio Abreu. Para un país entero es el indiscutible maestro de la música clásica, pero como todo líder que despierta un fervor entre lo religioso y lo militar, tiene sus detractores que prefieren considerarlo un político que ha sabido seducir a los gobernantes de turno para la consolidación de su corporación elitista que se aleja de la institución social que hábilmente ha sabido mercadear para obtener financiamiento oficial.

En el libro El Sistema: Orchestraring Venezuela’s Youth, Geoffrey Baker, investigador de la Universidad de Oxford, deja al descubierto al hombre que comenzó a levantar su imperio durante el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez y llegó a ser su ministro de Cultura en el segundo periodo, pero apenas Hugo Chávez llegó al poder adoptó un lenguaje de inclusión social para cautivar a quien adversaba. “Como una figura profundamente conservadora que se movió en los círculos de derecha más altos, Abreu era un socio muy poco convencional para Chávez”.

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Citando un artículo del periodista Roger Santodomingo, el autor sugiere que Abreu incurrió en irregularidades administrativas cuando fue ministro, pues hace referencia a “un par de cuentas, tituladas ‘transferencias a personas’ y ‘transferencias diversas a personas’, las cuales considera eran parte de una partida secreta para el uso personal de Abreu. Más de 50 millones de bolívares fueron a parar a esta cuenta a partir de recortes de personal y programas que incluían ‘Planificación e Investigación Cultural’ y ‘Promoción y Difusión de Eventos Culturales’. El dinero fue gastado en una semana”.

La polémica en torno al hombre que señala de “cabildear” a ambos lados alcanza temas como la intolerancia, la persecución y la explotación. El libro hace referencia a “un funcionario del Ministerio de Cultura que se opuso a Abreu y renunció luego de recibir amenazas anónimas”. También destaca que según el testimonio de un exmiembro de El Sistema, en un ensayo, tiempo atrás cuando Abreu dirigía la orquesta juvenil Simón Bolívar: “era la 1:00 de la mañana y un violinista le dijo a Abreu, ‘estamos cansados, tomemos un descanso’. Abreu respondió: ‘Muy bien, tómese un descanso’, y según cuenta la historia, ese fue el fin de la carrera del violinista”.

Está prohibido disentir

Diego Silva, compositor que en 2004 fue vicepresidente de la Sociedad Venezolana para la Música Contemporánea y en 2005 integró el directorio de la Orquesta Filarmónica Nacional, aparece en el libro de Baker como un crítico del “eurocentrismo” de El Sistema. ElCooperante.com entrevistó a Diego Silva, quien sostiene que Abreu propone un proyecto “neocolonizante” al imponer un objeto cultural ajeno como propio sin derecho a disentimiento, haciendo incluso comparaciones extremas de carácter militarista y totalitario.

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“Los mecanismos logísticos de Abreu en su organización se asemejan más al orden o regulación de las Juventudes Hitlerianas de la Alemania fascista, que a una estructura de niños y jóvenes estimulados para desarrollar la autonomía cognitiva: En su organización está prohibido disentir, preguntar, proponer, innovar, y sobre todo, hablar de Identidad, de lenguaje propio”.

Remata Silva lamentando que músicos talentosos se hayan tenido que ir del país por no querer ser “invitados de piedra” en la organización “vertical” de Abreu. “En una oportunidad el crítico musical Gustavo Tambasccio, después de hacer una lectura crítica de uno de sus conciertos, recibió de Abreu una serie de amenazas públicas en los medios escritos que terminaron influyendo en que se fuera del país”.

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