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Américo de Grazia quiere ser gobernador de Bolívar: ¿Tiene sentido?

El día 19-4-21 el dirigente de La Causa R Américo de Grazia, anunció que quiere competir por la Gobernación del estado Bolívar. El anuncio se veía venir ¿Tiene sentido político? En el escenario que pueda inscribirse, dependerá sobre cómo De Grazia enfoque su candidatura. Si es para lo de siempre de la oposición, postularse para luego desafiar a la espera de catalizar una ruptura, no le auguro éxito. Si actúa con habilidad política dentro de las reglas de juego de una forma de gobierno antiliberal, podrá ayudar a construir el incierto camino para la alternancia ¿De Grazia innovará o repetirá la película de siempre a la que parecemos condenados en la oposición?

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Caracas.- Américo De Grazia anunció que quiere ser candidato a la Gobernación de Bolívar. No me sorprendió. Se veía venir. Desde hace unos meses, el dirigente de La Causa R cuestionaba los resultados de la abstención y sin postularse, tuiteaba que había que ir a las regionales. Dio el pasó y anunció que quiere ser candidato.

Soy de quienes votan, aún en las condiciones adversas que hay en Venezuela, pero no caeré en “bienvenida la rectificación” o las críticas que le hacen sus antiguos compañeros promotores de la abstención. Me interesa la lectura política de la decisión del exdiputado por Bolívar.

Muchos afirman que una virtud de la política es la coherencia. No lo sé. No soy político. Hubiese preferido que la postulación viniera de otra persona y no De Grazia. No porque me desagrade. No comparto su estrategia política, pero De Grazia es un luchador consecuente por el estado Bolívar. Pero mi preferencia por otro es para, también, honrar la constancia con la política del voto. En corto, “honor a quien honor merece”.

Prefiero una persona que se hubiese quedado y trabajado en Bolívar, vivido la crisis junto a sus ciudadanos, experimentado el ejercicio del poder sin contrapesos del gobierno, y la estigmatización y chantaje de cierta oposición y, con todo, haber echado las bases o construido una referencia política en el tiempo. Resistir no es solo vociferar “organización criminal”, enfrentarse a la GN con escudos de cartón, o jugar a los “duros de la política” pontificando sobre sanciones. Resistir también es enterrarse en la cotidianidad de un pueblo y de allí construir una referencia política.

De Grazia tomó una decisión política. Es de Churchill la expresión que, El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo”El dirigente de La Causa R predijo la abstención pero hoy favorece participar. Una virtú del político es la oportunidad -que no oportunismo- y De Grazia ve una oportunidad. Por eso su giro de 180°. 

Una cosa que valoro del planteamiento de De Grazia es que, de fondo, abordó el tema que a mi juicio es central para la oposición ¿cómo salir de su inercia? ¿cómo agarrar tracción política? ¿cómo hacer algo político que cambie las cosas? Hoy la oposición tiene poca o nula capacidad. Lo que hace no es relevante, más allá de las “barras de opinión” en redes sociales. Ni siquiera el anuncio de Guaidó acerca de la aprobación de fondos adicionales -junto al “presupuesto del interinato”- para comprar vacunas, fue mayor noticia, a pesar del clima de opinión de “vacunas para todos”. Sencillamente, la oposición no es notable más allá de tuiter. Ese es “el” problema.

De Grazia ofreció su ruta: candidaturas unitarias en estados y municipios para remover el letargo y comodidad del mundo opositor. En una entrevista el día 22-4-21 a la periodista Anaisa Rodríguez en el portal de la casa, El Cooperante, el dirigente expuso su propuesta:

“Es distinto que Américo De Grazia convoque un referéndum revocatorio a que lo hagan cinco, diez o doce gobernadores recién electos con 40 alcaldes, 200 diputados en todo el país y concejales y con 70 diputados regionales y reunidos en Consejo Federal de Gobierno puedan efectivamente decirle al país: estamos convocando un referéndum contra Maduro. Es distinta la lectura, esa es una rebelión de las regiones hacia el centro político”. De Grazia a Anarisa Rodríguez en El Cooperante

Otra cosa que aprecio de sus declaraciones es que admitió un punto en el cual muchos tenemos tiempo insistiendo: las condiciones se pelean en el terreno, en mejor o peor situación, pero en el terreno. No hay “condiciones ideales” ex ante en una forma de gobierno autoritaria. Las hay ex post, pero se logran en el terreno. Que De Grazia lo diga, es importante.

II

Tengo dos lecturas del anuncio del político. Una, lo que De Grazia pueda hacer con su candidatura, en el escenario que pueda inscribirla. Dos, la reacción del público, principalmente del estado Bolívar a una eventual candidatura suya, que me parece es lo que determinará la suerte de su anuncio. Finalmente, una lección, una moraleja sobre el sentido de la oportunidad en la política.

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La primera lectura es ¿cuál es el propósito de De Grazia con su propuesta? En un artículo para el portal Punto de Corte del día 19-4-21, él mismo respondió:

“Obtenidos los resultados electorales, cualesquiera sean ellos; con la legitimidad que les otorga su condición de electos, sean ellos, gobernadores, alcaldes, diputados regionales o concejales y, constituidos en asamblea, convocar inmediatamente a la organización de un referéndum revocatorio presidencial. Convertirse de hecho en un nuevo centro de dirección política. Con miras y propósitos superiores”. De Grazia en declaraciones a Punto de Corte

En un tuit agregó que, “Ser gobernador hoy, no es para gestión administrativa, sino política. Instrumento para allanar el camino a la libertad y la democracia”. En una entrevista a la periodista Luisa Quintero de Tal Cual publicada el día 19-4-21, remachó la idea, “No es una gobernación para tapar huecos, sino que pueda instrumentar políticas para el derrocamiento de la organización criminal que ocupa Venezuela”.

De Grazia se equivoca en el enfoque. Es conocido y probado por la oposición. Se hizo en 2017 cuando los pronósticos eran que la oposición ganaría no menos de 20 gobernaciones -en ese entonces, mis pronósticos tampoco acertaron, pero mi margen de error fue mucho menor- y eso llevaría al famoso “quiebre” o “negociación” para salir de Maduro. La oposición probó con votar para salir de Maduro hasta las regionales de 2017, y desde las municipales de ese año prueba con abstenerse para desalojarlo.

Tal vez el problema es otro: transitar el largo camino para ser una referencia, que supone el reconocimiento al adversario que es, no el que se quiere que sea; camino lleno de incertidumbres, que no tiene el éxito asegurado y que supone poner de lado algo que De Grazia criticó en un tuit: las poses de “duquesa ofendida”.

De Grazia quiere volver a 2017 pero en 2021: un “voto protesta” que catalice una situación que lleve al gobierno a buscar una salida del poder. El dirigente de La Causa R propone un revocatorio. Otra ruta ya trajinada. El voto protesta como tal no es suficiente, sino ¿qué hacer con esa fuerza política? El voto te dará fuerza pero ¿hacia dónde ir? Es donde De Grazia repite la receta de la oposición: ver si se produce la crisis.

No tengo una respuesta si ahora puede ser así. Pienso que no porque las expectativas hacia las regionales son distintas. Esa crisis -si es lo que se busca- eventualmente será en una presidencial y quedará ver si la oposición G4 irá aunque “no haya condiciones” o seguirá en la tesis que “cuando nadie lo esperaba, la URSS cayó” (aunque pocos preguntan si Putin caerá, que es lo actual, porque la URSS ya pasó; las películas siempre son buenas hacia atrás pero ¿quién la proyecta con el lente del presente?).

En concreto, pienso que la época de la “rebelión de las regiones” pasó. Estamos en un momento de resistencia pero también de agotamiento. De un público que quiere algo de certezas para vivir. Esto me lleva al segundo tema: la reacción de la opinión pública a la propuesta del dirigente de La Causa R.

En redes sociales, el anuncio de De Grazia no cayó bien, pero busqué su tuit en los periodistas de Guayana, y la reacción del público fue otra. Algunas de las respuestas fueron positivas. El público de Bolívar puede agradarle que exista un candidato de oposición, aunque no encante a tuiter en general. Aquí está el punto central para mí. Más que la estrategia que De Grazia pueda tener con respecto a su deseo de ser candidato en las regionales -que es repetir la película de la “rebelión de las regiones”- está el ánimo y los deseos del público ¿Qué quiere el electorado de Bolívar y si es posible generalizar, de Venezuela para unas regionales? ¿Quiere espacios regionales y locales “para la guerra” o para ganar algo de certidumbre y vivir? Pienso lo último. Hasta en Chacao -municipio con fama de “gente acomodada” y escenario de las “batallas políticas” de la oposición- el alcalde anunció que subsidiarán en un 70% el pago del aseo. Es Chacao ¿Cómo será en el país?

Al menos para una elección regional, la impresión que tengo es que los electores quieren algo distinto a lo que busca De Grazia. Buscan gestión y administración. De Grazia opinó que una gobernación en manos de la oposición “no es para hacer puentes”. Difiero. El electorado sí quiere “que hagan puentes”, tener un cierto clima para poder llevar una vida con menos agobio, al menos por un tiempo. Tal vez más adelante quiera una ruptura, quiera la rebelión. Supongamos que De Grazia se inscribe. Los electores buscarán un voto castigo para mejorar su situación, pero no para la rebelión.

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Los votantes valoran una gestión que de un respiro para vivir, no una de ruptura. Si De Grazia quiere la rebelión, tiene que construirla. No se decreta. Tal vez para las élites de tuiter el objetivo sea la ruptura porque está cómoda, tiene su burbuja donde se desenvuelve potenciada por la pandemia, que ha llevado a un encierro en sus fronteras, y se limita a afirmar que “votar en las condiciones actuales es hacerle juego a la dictadura”. De Grazia pertenece a este grupo que está bien. Así trabaje en una panadería en Italia, tiene certezas.

En Venezuela, puedes tener todo el dinero del mundo, pero no hay seguridades. El dinero solo “pone a volar” por un rato la angustia que produce la crisis. Estimo que los electores de Guayana quieren algo de estabilidad -nótese el “algo”- que no significa que endosen al gobierno o “se conforman”. Quieren una cierta paz para poder vivir aunque sea “un poquito”. Tal vez más adelante se rebelen, pero primero hay que transitar el camino de las relativas certezas, no la ruta de las “repúblicas aéreas” en las que insisten nuestras “sociedades patrióticas” digitales.

Voté en las municipales de 2017 cuando hacerlo era estigmatizado por la oposición. De casi 60 mil electores, 10 mil votamos por Elías Sayegh. En 2013 también voté por él, aunque ganó Smolansky. Haber votado en 2017 fue la decisión correcta. Pese a las limitaciones, Sayegh hace un buen trabajo para ofrecer certidumbres. El municipio es un espacio para la gestión, para amortiguar la dura vida de Venezuela, no un campo de batalla salvo que se asuma una nueva Guerra de Independencia, pero para eso no se necesita ser candidato a gobernador ni a nada. Para guerrear no se necesitan títulos; los títulos los da la guerra. Voté por Sayegh en 2013 y en 2017 porque me comunicó que era el candidato que realmente quería ser alcalde. Seguramente tendrá aspiraciones porque esos puestos las despiertan, pero su oferta de gestión la adelanta, con altas y bajas.

Si la oposición gana gobernaciones su enfoque debe ser otro. Asumir que está dentro de una forma de gobierno autoritaria que tendrá que reconocer e interactuar. Requerirá habilidad política para evitar hasta donde sea posible que la gestión sea absorbida por el Ejecutivo -el riesgo para los gobernadores y alcaldes de la oposición- al tiempo que muestra una gestión y se construye como referencia, todo al mismo tiempo. No será fácil. Los 4 gobernadores actuales de la oposición pueden ser la prueba. Abandonados y execrados por la oposición en 2017 -todavía circula la foto trucada de los 4 gobernadores arrodillados frente a Delcy, y se presenta como “una foto de verdad”, pero es lo que cierto público de la oposición quiere creer para poder llevar su vida- y con la indiferencia del gobierno, los 4 mandatarios han pasado sin pena ni gloria. La gobernadora del Táchira es la que más suena y sobre sus hombros está el peso de ganar en 2021 como respuesta tanto a la estigmatización de la oposición como a la indiferencia autoritaria del gobierno.

No sé si De Grazia tenga estas habilidades políticas. Su trayectoria es que es “alguien zumbao”. Asumamos que gana, se juramenta, y opta por la ruptura. Salvo que decida inmolarse por algún motivo o testimonio para la historia, ser “zumbao” en una forma autoritaria no lo ayudará. No lo ha ayudado hasta ahora, en cuanto a eficacia política se refiere.

Se necesitará habilidad política y gestión en una ruta incierta porque estará solo ¿Podrá De Grazia, si llega? No lo sé. Salvo que su candidatura sea testimonial, sobrevivir a un autoritarismo requiere algo más que arengas en tuiter o amenazar con una niñada de “pintar la paloma de la paz”. El reto es difícil. Especialmente en un estado clave para el gobierno como Bolívar: Guri, el Arco Minero, frontera con Brasil y el Esequibo, por mencionar solo algunos puntos calientes ¿El gobierno dejará perder Bolívar con Américo De Grazia después que manipuló actas para despojar a Andrés Velásquez de su victoria en 2017? No, pero tampoco el gobierno las tiene todas a su favor: el clima de 2021 es distinto al de 2017.

III

Aquí viene la lección final, la moraleja. La política son muchas cosas. También es ser audaz. Con su anuncio De Grazia lo es. La lección final es que ser muy prudente o demasiado calculador retrasa actuar. En ambientes conflictivos y volátiles, arriesgarse ayuda. Tal vez la política no sea ser coherente, sino persistente. De Grazia dio el primer paso y llevó el tema a la opinión pública ¿Cómo salir de la inercia en la que estamos como oposición? Como dije al principio, esperaba que esa audacia la hubiera tenido una persona consecuente con la ruta del voto. Alguien con vida en Bolívar antes o desde 2017. Una persona enterrada en la vida de Guayana, para hablar de sus problemas, vivencias, sueños, y expectativas. Construir legitimidad de abajo hacia arriba, y no a esperarla de Élites o de aplausos en tuiter por un audaz anuncio. 

Algo así pensé haría Falcón en 2018. Perdimos, pero calculé mal -como nos pasa a los politólogos y analistas- porque especulé que Falcón con sus dos millones de votos, se iría a la Venezuela toda a construirse desde allí, con un programa de gobierno que no fue malo, que varias de sus cosas son temas de la actualidad, como la dolarización. Aposté a que tendría una lógica Betancourt “que no quedase ni un distrito ni un municipio sin su organización de partido”. Me atrevería a decir, con humildad, que Falcón hoy estaría en una mejor posición política.

Aunque para el “manual de estilo” de tuiter lo que hoy sucede en nuestro país “no puede compararse con nada conocido y desconocido”, pienso que en el plano regional el camino no es la ruptura sino la construcción. Si se hace el trabajo, tal vez para las presidenciales se pueda considerar la ruptura. Quizás, pero mejor será construirse como referencia política para luchar por la alternancia.

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De Grazia viene de un movimiento que lo hizo en el pasado. Que si bien la democracia de Puntofijo no tiene nada que ver con la democracia chavista, La Causa R no la tuvo fácil con AD-Copei. Privó en ese entonces la frase de Alfredo Maneiro que escuché a muchos de La Causa R, “entre el poder y la política, hay que escoger la política”. En ese entonces y hoy, me luce una expresión muy lógica y con mucho sentido político. En los zapatos de Maneiro, también la hubiera dicho y hecho. Me parece que De Grazia quiere el poder, pero debe buscar la política. Así fue la historia inicial de La Causa R. Enviaron a regiones claves del país a cuadros para hacer política: Catia, Mérida, y Bolívar con los famosos “Matanceros”. Aunque la realidad es otra, tal vez De Grazia olvidó la historia de su propio movimiento, quizás atrapado por el clima depresógeno y de los “duros de la política” en que estamos dentro de la oposición. Olvidar la historia que hoy le ayudaría a transitar un ambiente político complejo, es un error propio de un “orgullo de godo aristócrata” -para usar la expresión de su tuit- y no la visión de los “luchadores populares” como él se presenta.



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