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Así fue como la MUD violó su propio pacto clave para salir de Maduro

El Cooperante | 29 junio, 2018

Caracas.- La salida a la aguda crisis general que atraviesa la nación no pasa por una intervención extranjera como lo aseguran minúsculos pero radicales voceros opositores. Tampoco la salida es un golpe de Estado que solo provocaría ponerle la banda presidencial a un integrante del chavismo originario, algo que al parecer, es el plan de algunos sectores disidentes del madurismo. Ya lo dijo Rafael Ramírez en su último artículo dominical: quiere cambio, y el cambio según el, es con Cabello y la Fuerza Armada. Casi nada. Y la verdad es que la oposición ha llegado al llegadero por culpa de la propia oposición. De la mezquindad de ciertos partidos y ciertos dirigentes. Esa es la verdad. Y se dejaron chantajear. Todo arrancó cuando las cuentas no cuadraron, y se asomaba un posible candidato presidencial que ganaba por la vía de las primarias o el consenso. Y aquello molestó a lo interno de ciertas toldas políticas. Por algo el discurso de moda es la solución vía intervención extranjera.

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Cuidado con los voceros del exilio que piden a gritos soluciones por la vía de fuerza. De hecho, la historia habla sobre la verdad de una intervención humanitaria en una nación. Podemos ver Irak, Somalia, Libia, entre otros, que no han podido recuperarse de las consecuencias que dejó la medida.

Por su parte, Estados Unidos ha sido claro cuál será su ruta en torno a la situación venezolana, y para pesar de innombrables opositores radicales, no es derrocar a Maduro.  Así lo dijo un vocero del Departamento de Estado a Bloomberg, quien indicó que el país norteamericano “no tiene la intención de desestabilizar o derrocar al gobierno venezolano”.  Pero los eufóricos sin ningún plan democrático y viable bajo el brazo insisten y por eso han logrado -intencionalmente o no- el desprestigio de la Mesa de la Unidad Democrática y han violado el acuerdo firmado en julio de 2017, que rubricaron nada menos que veintiún organizaciones políticas. 

Ya lo ha dicho Henry Ramos Allup, secretario general de AD y diputado a la Asamblea Nacional, en su artículo dominical:


“Podemos asegurar que el incumplimiento de ese compromiso por algunos factores políticos e individualidades es lo que ha afectado y continúa afectando la unidad. O dicho en otras palabras: si el compromiso de no participar sin condiciones electorales hubiese sido respetado y acatado por todos, hoy Maduro no estuviera donde está ni se hubiera producido el sainete del pasado 20 de mayo. O lo que viene a ser lo mismo: de haberse respetado el acuerdo, los venezolanos hubiesen concurrido  masivamente a votar y elegido por abrumadora mayoría un nuevo Presidente de la República. Lamentable y paradójico que algún factor incumpliera  el compromiso unitario para después acordar con el régimen otro compromiso para convertirse a su vez en víctima de un incumplimiento. Cazador cazado”.

Y es que la salida debe ser electoral. De eso se trata el plan de lo que queda de la MUD y del Frente Amplio. La cosa es que puedan primero reencontrarse.  Más allá de las condiciones electorales que siempre han estado en duda desde que el chavismo está en el poder, la verdad es que han sido prácticamente  las mismas con las que la oposición ganó el Parlamento en la 2015. La clave fue la unidad, la misma que quisieron romper partidos con simpatizantes minoritarios por no dejar que un partido antiguo, con una estructura sólida,  como era Acción Democrática, tuviese abanderado para ir a unas presidenciales.

Los adecos tenían la sartén por el mango: partido, estructura, votos, cuatro gobernaciones y un candidato que no ha podido ser inhabilitado. Por razones obvias, o ganaban los adecos las primarias, o hubiera sido estúpido no formular el consenso a favor de Ramos Allup. El descarte es fácil: Henrique Capriles y  Leopoldo López no podían ir a unas presidenciales por estar inhabilitados; Andrés Velásquez no goza de un respaldo nacional, su aceptación se reduce al estado Bolívar; María Corina Machado o Antonio Ledezma, no tienen ni votos ni estructuras. Solo quedaba Henri Falcón, quien por supuesto tampoco iba a tener la aceptación, como no la tuvo para las elecciones del 20 de mayo. Se suicidó. Fue solo a las elecciones. Y Ramos Allup prefirió no postularse sin consenso. Se mataron unos por abstenerse y otros por participar. Se dejaron chantajear por el Twitter. Todos. Pero un consultor político señaló a esta sala de redacción con certeza: “Si no es con el estatus actual de la dirigencia opositora, entonces será con otro estatus. Pero la disidencia se va a reorganizar más temprano que tarde”. 

Mientras tanto, tal y como lo hemos dicho en El Cooperante lo de Nicolás Maduro es un asunto de supervivencia en el poder, pues depende de tanques, cañones, fusiles y aviones luego de ser reelecto en un cuestionado proceso electoral en el que los partidos más representativos de la oposición se abstuvieron de participar, alegando ausencia de condiciones e incumplimiento de las leyes electorales. ¿Entenderá la oposición que lo de ellos también es un asunto de supervivencia política?

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