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La Lupa

"Autocrats Inc": el diagnóstico no es suficiente

La prestigiosa escritora Anne Applebaum escribió en The Atlantic un artículo sobre los nuevos autoritarismos que tituló “Autocrats Inc”. La tesis central del texto es que la nueva camada autoritaria está interconectada y es un sistema endógeno a prueba de la democracia liberal. A éstas les queda “seguirles el juego”. Me parece que el diagnóstico está bien, pero hay que tomar en cuenta que el mundo moderno es de imbricaciones y no de reguladores como fue durante la Guerra Fría. Por eso los autoritarismos recientes son duraderos porque entran en realidades “normalizadas” por la globalización, pero cambiantes. Si bien el diagnóstico es correcto, la debilidad del texto de Applebaum es que sus propuestas para enfrentar a los autoritarismos parten de la superioridad de la democracia liberal, pero sin desarrollarla para las actividades cotidianas de quienes luchan contra los “Autocrats Inc” ¿Cómo sería el modelo de los “Democrats Inc”? debería ser su próximo artículo

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Caracas- El día 15-11-21 en el portal The Atlantic, Anne Applebaum escribió un artículo titulado “The bad guys are winning” –“los chicos malos están ganando”- cuya tesis central es que existe una “corporación de autoritarios” –“Autocrats Inc”- que tiene un sistema endógeno que explica su durabilidad, y cuya principal fortaleza es que el mundo no autoritario “les hace el juego”. Como son endógenos -es decir, si no pueden acceder al sistema financiero de los EUA por las sanciones, tienen uno “alterno” en el sistema financiero de Rusia, China, Irán, etc- el “mundo libre” no tiene manera de entrarle “a los chicos malos”. Tiene que coexistir con “Autoritarios del Mundo C. A.”. Lo central de los nuevos autoritarismos son los negocios, “deals no ideals” nos dice la prestigiosa autora.

Comencé a leer textos de Applebaum en 2015. En mis manos cayó un breve ensayo publicado en el Journal of Democracy titulado “Las raíces leninistas de la represión a la sociedad civil”, con una tesis nada novedosa pero interesante: las formas de gobiernos autoritarias no permiten la pluralidad de la sociedad civil frente al Estado. Este prohíbe la vida autónoma que caracteriza a la sociedad civil frente al Estado y al mercado. Luego, he leído otras cosas de ella, pero no muchas. Con Applebaum me pasó lo mismo que con Joaquín Villalobos. Luego de una satisfacción inicial, una cierta desesperanza. No porque sean malos en sus textos o en sus ideas. No soy quien para decirlo porque son personas famosas por sus escritos. En mi caso, soy un simpe “analista” u “opinador” como se nos dice en redes sociales con ese aire despectivo.

Mi decepción es porque los dos han vivido procesos autoritarios, de violencia, o las dos, pero hoy están encumbrados. Me luce que perdieron el pulso a la realidad, tal vez por tantas reuniones en los “boards” como la NED -a los que Applebaum pertenece- o similares, teorizando sobre una democracia liberal que parece tener menos adeptos cada día. Soy uno de los que respalda esta democracia, por cierto, pero reconozco que el modelo no vive su mejor momento. Decir que “es el mejor” -y lo es- no lo ayuda ante públicos escépticos con la política. Ahí es donde creo fallan tanto Applebaum como Villalobos. Lo normativo no es suficiente para luchar contra los “Autocrats Inc”. Lo prescriptivo no les permite pensar mejores vías para confrontar un modelo autoritario. Sus escritos tienen un dejo “de lo que fue” y no de lo que “puede ser”. Es la debilidad que observo.

Durante Chávez, Villalobos me pareció muy con los pies en la tierra y su tesis central para la oposición de ir por etapas para ser alternativa al chavismo, no fue mala. Con Maduro, en cambio, me parece una voz indignada de las tantas que hay, pero sin la sabiduría que tuvo durante el gobierno de Chávez.

Las crisis nos cambian. Uno vive la crisis y un conflicto dentro de Venezuela, quizás de mucha menor intensidad a los que vivieron Applebaum y especialmente Villalobos, actor y víctima al mismo tiempo de la violencia política. Esa crisis a todos nos transformó. Uno de esos cambios que experimento es que siento lejanas a esas grandes voces como las de Applebaum o Villalobos, que no aportan o poco para quien está en el terreno. Que son buenos para un café y un inteligente debate. Uno siente que lo que afirman no baja a tierra. Que no aportan elementos para afrontar a un gobierno autoritario. Que están bien para un Zoom de Chatam House, del Wilson, o del Atlantic Council. Pero para el activista en el terreno, dice poco. Presentar un buen diagnóstico envuelto en un discurso de la superioridad moral de la democracia liberal, no es suficiente para enfrentar y vivir en “Autocrats Inc”.

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Resolver cómo enfrentarse a los “Autócratas C. A” es complicado. Va más allá de una prescripción normativa (la superioridad de la democracia liberal). Tal vez durante la Guerra Fría era más sencillo porque el mundo estaba menos globalizado. La integración vertical y horizontal dentro de un mismo país que exportaba, definía límites a los conflictos. Cuando la producción comenzó a globalizarse, países democráticos y autoritarios se relacionaron comercialmente. Ya no era Armand Hammer quien comerciaba petróleo de Occidente con la URSS, sino las zonas económicas especiales en China que abrieron las puertas a firmas mundiales para llevar su producción desde sus países a Asia por los menores costos laborales. En la Guerra Fría había límites. No que el intercambio policial entre autoritarismos sea una novedad hoy día como sugiere Applebaum. Existió durante la Guerra Fría: la Operación Cóndor, el atentado contra Letelier, por citar dos hechos muy conocidos, o cómo ese intercambio se ve en la famosa película de Gino Pontecorvo, “La batalla de Argel” (1966).

En los 50’s se habló de la “Internacional de las espadas” que tal vez fue la “casa matriz” de los “Autocrats Inc” de hoy. Pero había límites porque existieron dos “reguladores”: la URSS y los EUA. Europa fue factor de contención entre los dos con su Welfare State, y la Ostpolitik de Willy Brandt sustentada en la idea de su amigo Egon Bahr, Wandel durch Annäherung (el cambio a través de la cooperación).

Pero en el mundo de hoy, esos “reguladores” no existen. Por ejemplo, el peso de la OMS durante la pandemia del COVID ha sido modesto. Lo que hoy hay no son reguladores sino imbricaciones que la globalización permitió. Las superposiciones sociales permiten un suelo fértil a los “Autocrats Inc” para florecer porque la imbricación normaliza, más en un mundo en donde el apego a la democracia liberal es bajo, tal vez por su poca capacidad para procesar y articular intereses diversos producto de la misma globalización, en una opinión pública que tiene más conciencia de la desigualdad incluso en países de alto nivel económico.

Tómese el ejemplo comentado por Applebaum acerca del papel de Google y Apple en Rusia. De acuerdo a la escritora, los gigantes tecnológicos quitaron sus “apps” que orientaban a los votantes rusos sobre cómo votar, luego que las autoridades amenazaran con detener a los empleados locales de las dos empresas. En respuesta a las dos firmas, Navalny tuiteó que, “Standing in front of the huge screens, they tell us about ‘making the world a better place’, but on the inside they are liars and hypocrites”.

Esto es un buen ejemplo de la imbricación, no de la regulación que serían las radio “Free algo” las que hoy no tienen fuerza de acuerdo a la autora. Quizás porque su lógica es de la Guerra Fría cuando no había internet para todos. Google y Apple entraron en un tejido social autoritario en una población que no vive como sus abuelos, sino que disfrutan de un bienestar y un consumo que amortigua la presión autoritaria sobre sus vidas. Cuando la presión sube, las compañías aceptan las decisiones del Estado. Por eso Navalny llamó a las tecnológicas “mentirosas e hipócritas” ¿Pero qué se puede hacer? ¿Deben las empresas aceptar que detengan a sus empleados en Rusia para mantener unas “apps” que seguramente serán removidas de cualquier modo? O es el público el que debe actuar ¿Habrá una especie de “boicot digital” contra Apple y Google por obedecer a las autoridades rusas? O las dos tecnológicas “se hacen las suecas” y dejan como una especie de “hub de apps” por el cual se cierran unas, se abren otras, y en ese juego los “freedom fighters” logran concienciar e informar al público. El artículo de Applebaum no lo responde.

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Applebaum puso otro ejemplo de los “Autocrats Inc”: Birmania. La “junta” es un verdadero holding de negocios. Los militares del país asiático sí tienen “negocios” de verdad, verdad. Nosotros en Venezuela somos “robagallinas” si nos comparamos con los militares de Birmania. Las FAN de ese país tienen un conglomerado empresarial el que, de acuerdo a BBC, pagó en dividendos entre 1990 y 2011 casi 17 mil millones de dólares. Es decir, cerca de 800 millones de dólares anuales, unos 65 millones de dólares mensuales durante 21 años seguidos ¿Cómo hacer con el holding birmano que tiene negocios con empresas Occidentales? ¿Las empresas no birmanas emiten acciones preferidas o algo como “acciones por la libertad”, para evitar que el holding militar de ese país haga negocios? Cuando hay ese nivel de imbricación entre naciones y empresas es difícil una ruptura clara y establecer fronteras nítidas entre democracia y no democracia como sugiere Applebaum. Queda “hacerles el juego” a los autócratas en un mundo en que los problemas cotidianos se normalizan más. La dura cita de Sveta de Bielorrusia comunica la indolente normalización de un mundo imbricado, donde las noticias son instantáneas y no sensibilizan, “It’s very difficult sometimes to talk about your people, about their suffering, and see the emptiness in the eyes of those you are talking to”.

Lo solución que propone la famosa escritora no es mala, pero tomará tiempo concretarla. Que los EUA recuperen su credibilidad mundial, especialmente su compromiso con las libertades. Llevará tiempo porque los EUA no están solos en el mundo. Los “Autocrats Inc” son países importantes, de tú a tú con los EUA. Solo menciono a China que puede verse frente a frente con el norte de América. Al no existir un marco de la Guerra Fría, será una pugnacidad inter-Estados de mayor duración porque la imbricación normaliza, no limita cómo pasó durante la Guerra Fría. Tal vez por esto los EUA y China buscan construir su “memorando para regularizar sus diferencias”, luego de la entrevista virtual entre Biden y Xi ocurrida el día 15-11-21.

En su nota de prensa, Biden destacó que, “The two leaders discussed the complex nature of relations between our two countries and the importance of managing competition responsibly”. La cancillería de China puntualizó que, “President Xi stressed that a sound and stable China-US relationship is required for advancing the two countries' respective development and for safeguarding a peaceful and stable international environment, including finding effective responses to global challenges such as climate change and the COVID-19 pandemic. China and the US should respect each other, coexist in peace, and pursue win-win cooperation”.

En sendas notas de prensa se revela el mundo de hoy. No es la crisis de los misiles en Cuba durante 1962, sino “gerenciar la competencia de manera responsable” (EUA) o “promover la cooperación ganar-ganar” (China). El conflicto no es suma cero, sino suma variable, y cada país aspira a ganar en el largo plazo, no en el corto plazo. Lo anterior es una fortaleza y debilidad para los “Autocrats Inc” como para los “Democrats Inc”. La diferencia la hará la habilidad de cada uno para jugar en un ambiente mundial de problemas normalizados.

Los EUA tendrán, en el futuro, no solo “vencer sino convencer” porque el planeta de 2021 pone el peso en la persuasión, la información, y no solo en los prejuicios y miedos para tener apoyos o inhibirlos como fue durante la Guerra Fría.

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No hay solución fácil para debilitar a los “Autocrats Inc”. Me luce que un camino está en volver a la Applebaum de 2015: fortalecer el pluralismo de la sociedad civil frente al Estado autoritario. La pugnacidad no existencial del mundo de hoy tiene una ventaja a diferencia del mundo de la Guerra Fría: que el tema de los DD.HH es más visible y los grupos civiles pueden desarrollarse y manifestarse. La posibilidad de llamarlos “subversivos” y aplicarles la doctrina de segundad de la nación –la tristemente célebre DSN- como fue durante la Guerra Fría, es menos posible. La sociedad civil hoy tiene una fuerza intrínseca y que trasciende a un país en particular. Es global. Seguramente en Bielorrusia o China es más difícil que en Venezuela, y en Rusia tal vez sea menos riesgoso que en los dos primeros países, pero más peligroso que en Venezuela.

En nuestro país hay un Estado autoritario, pero también existen espacios civiles y políticos. En Venezuela no es como narró Applebaum con la vivienda que compró la familia de Sveta en Bielorrusia. No pudieron registrar la propiedad. No sé cómo será en nuestro país, pero si me atengo a tuiter, personas que son de oposición suben fotos de la llave que indica que son los felices propietarios de una casa, lo que produce miles de “likes” en esa plataforma. Luego de las regionales, será la “fiesta de las hallacas” y el desfile de platillos uno mejor que otro. No me imagino algo así en la Bielorrusia de Lukaschenko.

Todavía en nuestro país hay margen para actuar social y políticamente. El “modelo Maduro” tiene sus grietas, aunque pienso que debería llamarse “modelo Lukashenko”, donde las fisuras y grietas son casi inexistentes. Tan inexistentes, que pudo secuestrar un avión de Ryanair y bajarlo a tierra, y no pasó nada. Maduro no creo pueda hacer algo así o cercano. Venezuela es una pared con grietas políticas y sociales. Bielorrusia es un muro, viejo, desgastado, pero muro al fin y al cabo. De aquí el “modelo Lukaschenko” más que el “modelo Maduro”.

Por lo anterior prefiero la receta de reforzar a la sociedad civil mientras los EUA recuperan su credibilidad ante el mundo. Tal vez Applebaum puede considerar volver a cómo pensaba en 2015. Hoy la veo como una celebridad de la democracia liberal. Muy citada y leída, pero para quienes estamos en un terreno autoritario, sus reflexiones invitan a pensar, pero son poco eficaces para la acción, la que es relevante en una forma de gobierno autoritaria si se está en el terreno.

Así como a los “Autocrats Inc” no les interesa la opinión de sus ciudadanos -en eso Venezuela no se parece al resto, el gobierno sí le lleva el pulso a la opinión; que haga lo que quiere es otra cosa- tampoco les importa la opinión algo petulante de los defensores de la democracia liberal. Se puede comenzar por hacer de ésta parte del ciudadano común, de lo cotidiano, y no un modelo que hoy se percibe como el ideal, en el cual se quiere vivir, pero que es lejano para las personas, porque sus proponentes están en el universo de celebridades que se limitan a contar muy bien las historias del ciudadano común en los países “Autocrats Inc”, pero sin vivir la vida de éstos.

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El próximo artículo de Applebaum puede titularse “Democrats Inc” y escribirlo desde la vida cotidiana de quienes luchan por la democracia y las libertades.



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