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La Lupa

Balance de la oposición: convertir los votos en poder político

El balance de la oposición en 2021 es que tiene fuerza electoral pero no tiene poder político. Su reto es transformar lo electoral en poder político. Eso pasa por definir una visión y una estrategia. Esta es primero que la unidad. A mi modo de ver, una visión compartida sobre la estrategia hoy no es posible. Son excluyentes la “presión y el quiebre” y la estrategia de acumular fuerzas dentro de las reglas del sistema autoritario. Sin resolver esta exclusión, no hay unidad ¿Pero debe unirse? Barinas sugiere que la oposición puede unirse de manera temporal, en función de elecciones críticas. En ausencia de este tipo de elección, la oposición puede considerar acuerdos para llevar sus diferencias sin ataques intergrupales. Lograr esto dependerá sobre cómo la oposición construya la elección en Barinas. Si como plebiscito contra Maduro –parece ser la tendencia, al menos en redes sociales- o como un cambio en el estado para gobernar a favor de los barineses dentro de las limitaciones que pondrá el sistema autoritario. En mi opinión, la segunda es mucho mejor para que lo electoral se transforme en poder político

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Caracas.-Este segundo artículo de la semana para El Cooperante elabora el recuento de la oposición. Desde el punto de vista electoral el balance de 2021 es bueno. Desde el punto de vista político no es satisfactorio.

Las regionales y municipales mostraron que la oposición tiene apoyo en los votantes. Está de tú a tú con el GPP (Gran Polo Patriótico): poco más de 4 millones de votos cada uno. Es una oposición con más presencia nacional. No en el mapa de los gobernadores -19 gobernaciones del GPP y 3 de la oposición- sino en el mapa regional y municipal. Tiene buena presencia en municipios y en los parlamentos regionales y municipales. Está enclavada en el tejido de los estados y municipios. La presencia nacional es un activo electoral muy importante para la oposición. Es una con músculo. Ya no es una oposición débil.  

Si fuese una alternativa con mayores relaciones entre los grupos que la conforman, al menos con un programa de gobierno regional consensuado, esa fuerza electoral sería fuerza política. Pero la oposición ha hecho de la diferencia un punto de honor para diferenciarse de la homogeneidad del gobierno. En esa diferenciación perdió la unidad. Olvidó lo que Guillermo de Baskerville le dijo a Adso de Melk en “El nombre de la rosa”, que “hay unidad en la variedad, y variedad en la unidad”. La oposición se quedó en la variedad y olvidó la unidad. Sin embargo, la oposición demostró que, pese a que no está en su mejor momento, tiene apoyo de los electores.

Entonces, su balance electoral es satisfactorio. Es una oposición más homogénea y más nacional en su representación.

El balance político no es bueno. No lo es porque hay una contradicción: hay fuerza electoral pero no hay fuerza política. Dentro de Venezuela, la oposición no es políticamente relevante. La crisis en Barinas la produjeron los electores, no los movimientos políticos o el mundo digital, más bien sorprendidos por los resultados. Es una oposición que no ha sabido unir esas dos dimensiones -la electoral y la política- porque no se ha reencontrado con una estrategia acertada para hacer frente a un sistema político autoritario. Desde 2013 lo hay es un choque entre dos estrategias que ahora se plantea entre la continuidad del interinato y la propuesta de Julio Borges.

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La estrategia del interinato es la misma de 2019. Es la “presión externa” combinada con la “presión interna” para producir una crisis “en la coalición dominante” con el manejo de los “costos” e “incentivos”, para producir la “fractura”. Pero su ejecución se asume como si el tiempo no pasara. Ni siquiera con esa fuerza electoral que tiene la oposición, hay “presión interna”. Es vivir de lo posible pero que no es realidad. Conformarse porque al sumar votos, la oposición está en paridad con el gobierno, y ya, pero ¿qué se hace con eso? Es como contemplar algo, pero no transformarlo. Como el cuento que “tenemos el mejor cacao del mundo”, pero Savoy ya no es venezolana sino de Nestlé, empresa de Suiza. Vivimos de lo que podemos ser, no de lo que realmente somos. Nada se hace con contemplar que la oposición tiene los mismos o más votos que el GPP, si no puede hacer nada con eso en términos del poder político.

La “presión externa” también es relativa. No toma en cuenta los cambios en la economía política dentro de Venezuela los que, a mi modo de ver, hacen de las sanciones algo con menos impacto para el gobierno, porque sí la tienen para los ciudadanos, al hacer nuestra vida cotidiana más difícil. El gobierno tiene mecanismos para circunvalarlas. La semana pasada se informó que los EUA capturaron barcos de Irán que venían a nuestro país con 1,1 millones de barriles de gasolina y los vendieron en casi 27 millones de dólares. En Venezuela, la noticia no tuvo mayor eco. Ni siquiera en los defensores de las sanciones que “obligaron al gobierno a sentarse en México”. Pero sí nos afectará al resto con un posible período de escasez más acentuada de gasolina.   

Al final, la estrategia del interinato se resume en que en “algún momento, algo pasará”. La tesis que en “algún momento” el Muro de Berlín y la URSS cayeron. Luego, en “algún momento”, el Muro de Maduro caerá. Lo clave es tener presencia, el apoyo de los EUA, y estar cerca de los símbolos del poder para cuando eso pase, no vaya a ser que la “transición” sea del chavismo al chavismo. 

Mientras, llevar la vida “con dignidad”, “ser feliz”, y no “coexistir”. Hay dólares para eso dentro de “un país, dos sistemas”. Que es otra variable que entra en la dinámica de la oposición. Es una que ahora maneja mucho dinero. De acuerdo al portal Crónica Uno, el presupuesto aprobado para el interinato durante este año es poco más de 152 millones de dólares. Borges comentó que la plantilla del interinato es de 1.600 personas. Posiblemente sean la élite ¿Cómo se resuelve eso? Ya es un sistema de vida para muchos ¿Los 1.600 van a renunciar a su sistema de vida para regresar a lo que eran antes de manejar 152 millones de dólares? Ni en sus sueños van a renunciar. Quizás por eso es tentadora la tesis de “en algún momento…” porque mientras llega ese “momento”, se lucha desde tuiter y se lleva una buena vida.

Esta estrategia puede mantenerse de forma indefinida en el tiempo porque asume que las cosas no cambian, y todo es cuestión de esperar y atizar las “contradicciones internas del régimen”, todo en una receta muy del leninismo venezolano.

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La otra estrategia –en la que creo, no desde ahora- es la que plantea que el eje es el trabajo político interno, que puede ser para la “presión” o para la acumulación de fuerzas con un objetivo político (creo en lo último). El instrumento son los partidos. Por ejemplo, la propuesta de Borges no es solo para el interinato, también es para PJ.

Haberse embarcado en la estrategia de la “presión y el quiebre” debilitó a este partido. El mejor indicador es que perdió terreno en su estado base: Miranda. No solo porque Ocariz se retiró en una estrategia que todavía no la entiendo, sino que el candidato vitrina de este movimiento que era “Chola” en el municipio Sucre quedó de tercero, distante de la candidata de la Alianza Democrática, Rosiris Toro. Una diferencia de cerca de 25.000 votos a favor de la segunda. Supongo que en PJ habrán discutido esta estrategia, pero para un externo como es mi caso, resulta inexplicable porque el partido se anuló a sí mismo y afectó a uno de sus cuadros, cuando pudo ser otro el resultado, mucho mejor. Habrá que ver si PJ decidió esa equivocada estrategia a conciencia o si cedió a factores que influyen mucho en los políticos de la oposición: la presión de “poderes fácticos”, de los “componedores de la comarca”, o de las redes sociales, que al final llevan a partidos a asumir estrategias que no son las que quieren, pero lo hacen para evitar un “castigo” de grupos o de la opinión en redes sociales.

¿Cómo se resuelve lo anterior? No creo tenga solución. Son estrategias excluyentes. Tal vez no asumirlo abiertamente es lo que explica los avances y retrocesos de la oposición. La MUD existió porque había un consenso general en torno a una estrategia. Había unidad en la variedad, y variedad en la unidad. Hoy eso no es posible ¿La unidad es primero y luego la estrategia o ésta es primero y luego viene la unidad? Estoy en la segunda opción, “primero hablamos de la estrategia, y luego nos unimos”.

La oposición está entre insistir en la estrategia de la “presión y el quiebre” o -en la que creo- actuar dentro de las reglas del sistema autoritario y construirse desde allí, al participar en elecciones, más desiguales o menos desiguales.

No creo que pueda haber unidad entre dos estrategias excluyentes. Lo que puede haber son acuerdos para tener una pugnacidad con respeto.

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Un caveat en el punto anterior: Barinas. La decisión del TSJ que ordena repetir las elecciones en el estado de la región Andes, tuvo un efecto no esperado y potencialmente positivo para la oposición. Hizo visible que es posible explorar la unidad para una elección crítica. La lección puede ser que, a lo mejor, la oposición se une para elecciones criticas. Una muy crítica serán las presidenciales de 2024. La “coordinación estratégica” sería, entonces, para definir las reglas para unirse en una elección crítica y con una suerte de “manual para actuar antes, en, y después” de la elección crítica. Si no hay esta coordinación, al menos un marco de respeto porque no sé si la unidad sea posible y deseable en estos momentos cuando dentro de la oposición hay asimetrías muy relevantes. La oposición interinato maneja 153 millones de dólares y, de acuerdo a Julio Borges, tiene una nómina 1.600 personas ¿Qué otro movimiento de la oposición tiene ese dinero y personal, aunque haya recibido o reciba dinero del interinato? Ninguno. No es posible una “unidad desigual” salvo que sea una relación tipo GPP: el PSUV escucha, decide, y el resto de los partidos acata.

También Barinas tiene una limitación para una unidad más sólida. Una cosa es apoyar para ganar una elección y otra qué hacer con la victoria, si se obtiene.

Ni Arreaza ni Garrido me parecen malos candidatos. Creo que el gobierno y la oposición seleccionaron bien en sus circunstancias.

Vi el acto del PSUV cuando se anunció que Arreaza sería el candidato, y me comunicó mucha cohesión. Pienso que las bases del PSUV esperaban un anuncio de ese tipo. Entre las cosas más aplaudidas por la militancia socialista fue cuando se habló de “cerrar las heridas internas” y “cambiar lo que haya que cambiar”.

Igualmente, la oposición atinó con Sergio Garrido. Para mi, era la decisión lógica por dos razones. La primera, porque Superlano ganó con la tarjeta de la MUD y cierta cortesía política debe darle prioridad a esa tarjeta para escoger al relevo, en una situación sobrevenida, no buscada por la oposición. A pesar de que Superlano ha tenido un discurso político y no confrontador, su victoria y la candidatura de su esposa fueron inhabilitadas por motivos políticos. Así las cosas, correspondía a la tarjeta MUD y a Superlano escoger el relevo. La segunda razón es que Garrido simboliza la victoria del 21 de noviembre. Fue en la lista que obtuvo casi 104 mil votos. La victoria sobre la lista del GPP fue estrecha, pero ganó. Representa el cambio frente a la tradición Chávez que Arreaza encarna ahora.

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No son malos candidatos, aunque será una elección muy desigual para Garrido. Si votara en Barinas, lo haría por Garrido.

Pero una cosa es apoyar a un candidato en una coyuntura que lo justifica porque el chavismo arrebató la soberanía de los electores que se expresó el 21 de noviembre en Barinas, y otra endosar una estrategia, aunque la separación entre una y otra es difícil. Pero así es la política venezolana: polarizada, aunque muchos estallen con la palabra, y contradictoria. La política venezolana lo pone a uno como la famosa película, en un “hurt locker”. 

Lo anterior porque Barinas mostrará en el terreno el choque de las dos estrategias en la que la oposición gira.

Aunque todavía no me parece la estrategia definitiva, pero noto que el interinato quiere hacer de esta elección algo parecido como hizo la oposición en 2013: una suerte de plebiscito contra Maduro.

Luego que el PSUV anunciara que Arreaza sería su candidato y la inhabilitación de la señora Superlano, esta corriente de plebiscitar el 9 de enero perdió fuerza, no sé si por la sorpresa de los anuncios, pero no observo la intensidad en la opinión que noté hace una semana. Pero la estrategia está allí. Hacer de Barinas como un “boquete” que defina algo como “la marcha hacia Caracas”. Si es así, no comparto la estrategia y no le arriendo ganancia. Se usó en 2013 y terminó en una reunión de alcaldes y gobernadores con Maduro a la que asistieron “duros de la oposición” como Ledezma y Smolansky. El primero estuvo en una reunión con Maduro en diciembre de 2013. Habló de dialogar y “no venimos a un duelo”. Lo llamó “presidente”. Al segundo, en otra reunión en mayo de 2014, si bien hizo un punto importante sobre los presos políticos, Maduro lo precisó, “¿usted me reconoce?” y el exalcalde de El Hatillo lo reconoció ¿En eso terminó el “plebiscito” de las municipales de diciembre de 2013?

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Esa estrategia de estar a la zaga de coyunturas para aprovecharlas y ver “si se produce el quiebre” al buscar “las contradicciones de la coalición dominante”, no la comparto. Su eficacia hasta ahora es nula.

Otra manera de enfocar la estrategia en Barinas -en la que creo- es ganar la elección para trabajar por ese estado, dentro de las limitaciones de un sistema autoritario. Me atrevería a decir que la votación del 21 en Barinas fue para eso. Se votó por un gobierno regional que mejore la calidad de vida de los barineses. Un gobernador para trabajar en políticas públicas para los ciudadanos junto a las otras instancias de gobierno. De los 7 diputados del estado (voto lista), 5 pertenecen al GPP y 4 a fuerzas que no son del GPP. De las 12 alcaldías que tiene el estado, 5 son del GPP y 7 de fuerzas no GPP. Del voto lista para concejales, las fuerzas que no son del GPP, tienen más del 50% de los ediles del estado. Es una buena oportunidad para trabajar por el pueblo de Barinas porque hay tejido político. Es la segunda estrategia: sudar el sistema autoritario y con tenacidad y dentro de sus reglas, vencerlo. Es una estrategia más riesgosa que la primera. No tiene el glamur de la “presión y el quiebre”, pero es más eficaz.

La oposición cierra 2021 con un saldo favorable en lo electoral. Pero con pasivos en lo político. Básicamente porque las estrategias son incompatibles. No veo que pueda resolverse. Lo que puede ser viable es una suerte de “unidad ad hoc” o “unidad durante las coyunturas de elecciones criticas”.

El reto para la oposición es convertir su fuerza electoral en poder político. Lo ideal sería una estrategia que pueda macerarse en el tiempo, no una que sea desechada porque otra estrategia se impuso, como pasó en 2013 cuando derribaron a la MUD, para sustituirla por una estrategia que ha fracasado, a pesar de todos los apoyos que ha recibido y recibe.

Quizás la elección en Barinas pueda definir un camino o un ambiente intergrupal para que la oposición pueda abordar sus diferencias en la estrategia y alcanzar algún nivel de coordinación o de armonía.

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Con este artículo cierro mis contribuciones para El Cooperante en 2021. Regreso el lunes 10 de enero de 2022. Habrá mucho en la agenda política. Es “una misa de cuerpo presente” como le escuché a un importante dirigente socialcristiano años atrás.

Por los momentos, agradezco la receptividad a mis artículos en esta primera experiencia como periodista. Nunca había ejercido y ahora lo hago en el género de la opinión. Mi agradecimiento a El Cooperante la invitación para estar en su plantilla de articulistas de opinión. Mis mejores deseos para el próximo año a los lectores de El Cooperante y de mis columnas en particular, junto a sus familias ¡Feliz 2022!



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