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Boris Izaguirre: El espíritu Kent

El Cooperante

Boris Izaguirre. –  En estos días me encuentro atravesando océanos y penínsulas para promocionar mi novela “Un Jardin Al Norte”, sobre la espira Rosalind Fox que existió en la vida real y fue crucial para que la España de Franco no se aliara con el Tercer Reich.

Es una de mis novelas más leídas y promocionarla se ha convertido en una nueva disciplina. Como si el escritor fuera dos personas: el autor y también el vendedor. Una vez más vuelvo a sentirme en la vida como uno de mis superhéroes favoritos: Superman y Clark Kent.

Escribiendo sobre Rosalind Fox, que a su manera también ocultaba una doble personalidad, me di cuenta que todos tenemos, o deberíamos tener, más de dos personalidades. Por eso nos atraen tanto superhéroes con capa como Superman o Batman, porque son también dos señores tan especiales y distintos como el tímido y muy bien vestido, Clark Kent o el adinerado y a veces demasiado sofisticado, Bruno Díaz.

Como hombre de mundo y con un cierto interés por el estilo, creo que una de las cosas importantes en la vida es conseguir ser un día Clark, el otro Bruno y el resto también dividirte entre Batman y Superman. Incluso, habría que hacer una cierta campaña para recuperar a Robin, que hace mucho tiempo no sabemos nada de él.

Asumir que podemos ser más de una persona al mismo tiempo, en mi opinión, tiene mucho que ver con la libertad. Porque muchas veces creemos que la libertad es una sola y cada día estoy más convencido que son varias, igual que con las personalidades. Tenemos la libertad de elegir, que muchas veces pasa por establecer un criterio que sirva para determinar cosas, en su mayoría, beneficiosas en nuestra vida.

Es fundamental establecer un criterio y por eso es vital reconocer que hay infinidad de criterios. Empezando por el criterio de los otros y el propio. Y siguiendo por el criterio para elegir, para vestirte, para criticar, para apoyar. Criterio para empezar algo y criterio para terminarlo. Ese cúmulo de criterios nos ayudan a esquivar el desacierto.

¿Cómo se obtiene el criterio? Se va creando, se va aprendiendo, educando y mejorando. Es igual que el estilo, que puede parecer lo mismo pero no lo es, el criterio se forja estudiando. Básicamente leyendo, porque no hay otra forma. Entendiendo las contradicciones de la historia, las sombras y luces de determinados personajes, los diferentes matices que una verdad, una experiencia, una vida van adquiriendo a lo largo o gracias al tiempo.

Por eso es imprescindible la libertad de expresión, es lo que permite que la lectura sea información. Sin libertad de expresión toda lectura y toda información es sucia, porque la impregnado de algo abyecto que es no permitirle ser libre, diáfana. La lectura manipulada es algo deforme. Monstruoso y dañino.

Solemos creer que en las dictaduras la libertad de expresión esta más amenazada que en la democracia. Lamentablemente, también lo está en la democracia, y es que hemos visto, incluso vivido, en etapas democráticas donde determinada opinión se manipula para controlar más poder. Ese momento me gusta verlo como ese en el que Clark Kent se enfrenta a Goliat sin poder llamar a Superman. Es aplastante cuando un periodista o un escritor o un ciudadano con una opinión, observa que un poder privado, digamos un periódico o un canal de televisión, censura una opinión, adjudicando a ese acto una necesidad de defensa empresarial. En una verdadera democracia ni el estado ni las empresas pueden evitar el derecho de opinión.

Muchas veces he vivido esa desagradable decisión de enterrar tu opinión por mecanismos groseros que prefieren escudarse en la llamada auto censura. No existe auto censura, es como si el traje de Superman no llevara una S en el pecho. La auto censura es un mecanismo que afortunadamente lo digital esta convirtiendo en obsoleto. Lo moderno es tener el criterio suficiente para escribir verdades desnudas que no sean agresivas, pero si directas. Sin duda no habría creado un sistema de autodefensa si antes no me hubieran censurado. Si antes no hubiera perdido puestos de trabajo escribiendo mi verdad y habiéndome vestido de Superman para constatar que la capa no me funciona o que en una esquina cualquiera de Caracas me haya tenido que volver a poner el traje de Clark Kent con huellas de patadas en la tela.

Si, la pelea con la censura es una kriptonita. Debilita pero no te vence. Un escritor y un periodista tienen varias cosas en común aparte de teclear. Un escritor tiene que buscar un equilibrio para que sus historias se defiendan solas pero que de alguna manera también lo distingan como voz. Y un periodista tiene que exigirle a su redacción que su información no ofenda pero que tampoco esconda. Esconder es cobarde y ofender puede restarte credibilidad.

Por eso la información tiene que ser veraz. Incluso en medios digitales, tan volátiles como nuestros pulgares tecleando un whatsapp. Porque toda información tiene siempre dos lados, dos verdades y dos mitades incluso en un momento en que en nuestro país la información digital pudiera parecer menos vigilada e injustamente sometida a penurias tan mortificantes como el peligro de quedarse sin papel, a pesar de todas esas particularidades, es importante saber que cada uno de nosotros, delante de una noticia o un punto de vista, es un superhéroe, con sus dos personalidades principales, Clark Kent y Superman. Batman o Bruno Díaz.

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