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Diosdado Cabello quiere revivir a los círculos bolivarianos por si ocurre un nuevo 11 de abril

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Caracas.- El poder se prepara. Se alista. Envía señales. Nicolás Maduro ha aceptado el reto de jugar a sostenerse en el poder hasta las últimas consecuencias. Y Juan Guaidó ha puesto el reto de una marcha al Palacio de Miraflores. La primera y última vez que una marcha multitudinaria se dirigió a la casa de Misia Jacinta, provocó por retruque la salida de Hugo Chávez del poder. El poder aprendió de aquellos días. Y aprendió mucho. El mensaje que Diosdado Cabello pronunció este miércoles en su programa de farándula política no fue gratuito. Quiere revivir a los círculos bolivarianos. Teme un nuevo 11 de abril.

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Diosdado Cabello no olvida aquellas horas infelices para el chavismo del 11 de abril, cuando la oposición logró desalojar a Hugo Chávez del poder tras una multitudinaria marcha que se dirigió de manera sorpresiva al Palacio de Miraflores. Lo militares, que tenían rato conspirando, hicieron su parte del trabajo y Hugo Chávez terminó renunciando. El resto es historia. Pero una historia que no olvidan ni de un lado ni del otro.

Con Juan Guaidó amenazando con una marcha gigantesca -de cientos de miles- que se dirija a la sede del Poder Ejecutivo, la cúpula ha tomado sus previsiones. No desde ahora, sino desde los mismos tiempos de Hugo Chávez. Por eso no habrá marcha convocada por la oposición que no tenga contramarcha del chavismo. Por eso los círculos bolivarianos, que en ese entonces combatieron a la disidencia opositora con palos, piedras, botellazos, escupitajos y hasta balazos cuando se sintieron acorralados, terminaron convertidos en colectivos que ahora portan armas de largo alcance y que se convirtieron en la última línea de defensa de Maduro por si acaso las bayonetas dejan de ser fieles en la víspera.

No es por lo meramente simbólico que Cabello plantea revivir a los "círculos del terror", como eran acertadamente calificados en la prensa de la época, sino por lo práctico. Cabello sabe que las circunstancias de 2002 en lo económico no son ni parecidas a la hecatombe que atraviesa el país con la hiperinflación y el hambre. Y el hambre que retuerce estómagos en los barrios de Caracas, puede terminar encontrando en una convocatoria de Juan Guaidó un mecanismo perfecto para drenar la frustración acumulada durante todos estos años.

Y si esa convocatoria es al Palacio de Miraflores, entonces con más razón. Por eso Diosdado no olvida. Maduro no olvida. No quieren que los agarre el catarro sin pañuelo.

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