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La Lupa

¿Cambios en el país o se desplaza la frustración contra la UCV?

El conflicto político y los cambios en la estructura del país -que hay, aunque no se vean- tocan a todos los sectores. La universidad pública no es la excepción. No solo tiene que luchar contra un gobierno autoritario sino contra la misma sociedad que antes la alabó -al menos a la UCV- y ahora buena parte de ella la responsabiliza “del desastre” porque allí estudiaron figuras del gobierno. Cierto público, incapaz de hacer algo por sí mismo, desplaza su frustración contra lo que ya no tiene nada para dar: la UCV. Le sacaron todo lo que podían en su momento, y hoy sin poder y exhausta, mucha gente la culpa para quitarse la interpelación de no hacer algo. Junto a esto, se suma la realidad de un mundo donde la desigualdad se normaliza. Se construye el discurso de la superestructura para justificar a la infraestructura que produce desigualdad no solo en Venezuela, sino en el mundo. Se quiere que las personas acepten como “normal” su posición de desventaja en la sociedad, porque llegar a la cima o “surgir” no es lo único importante en la vida. Así, la universidad pública pierde su sentido y queda al garete, mientras la demanda la cubre el sector privado de la educación superior para quien pueda pagar, por supuesto

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Caracas.- Acerca de las universidades públicas se ha escrito mucho y cosas muy importantes. Quisiera darle otro enfoque al tema. Los cambios que traen la economía política y el conflicto político venezolano cambian a la universidad -en este caso a la UCV- aunque ella no quiera. No solo en la percepción del público, sino en su ubicación en la nueva realidad de nuestro país.

Como parte de la comunidad ucevista, percibo que nos quedamos desdibujados, no solo por la situación de la universidad y el vaciado institucional que el Estado ha hecho de ella desde 2001, sino cómo se nos ve desde la sociedad o desde buena parte de ella. De una universidad prestigiosa, a una universidad “culpable” de la situación de Venezuela porque cabezas visibles del gobierno estudiaron en universidades públicas, principalmente en la UCV y en la USB. Hay que recordar que Chávez cursó estudios de cuarto nivel en la USB que no culminó por meterse en un intento de golpe de Estado y luego su carrera política que lo llevó al poder en diciembre de 1998.

Contra la UCV -menos con la USB- hay una suerte de aversión porque se la responsabiliza de ser una institución de izquierda. Leía en tuiter una noticia en la que se informó que Cedice editará un libro cuyo tema es justamente ese: la UCV fue la “cuna del pensamiento de izquierda” entre 1958 y no sé si hasta el presente, cuyo lapso casualmente es el mismo de los gobiernos de AD-Copei de los que muchos afirman “trajeron y son la causa del chavismo”.

Qué duda cabe que la UCV fue un espacio de la izquierda, de la insurreccional y de la institucional, pero responsabilizarla por la situación de Venezuela ya es un trecho largo, y significa relevar de responsabilidad a actores no ucevistas que influyeron más que la propia universidad en el desenlace de 1998 y en el del tiempo presente. Pero son actores con poder, tienen recursos, y en Venezuela serán muy valientes y “no se arrodillan”, pero “saben con quien meterse”. Es más fácil desplazar la frustración contra una universidad que ya no tiene poder ni rentas que dar.  

Mi reclamo a la UCV es que se quedó anclada en el tiempo -ya en los 80’s estaba rezagada- con una política a mi modo de ver muy primitiva, que la desgastó, centrada en agarrar y cuidar espacios y parcelas dentro de la UCV, facultades, escuelas, e institutos.

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Habría que ver en las encuestas cuál es la evaluación hacia la UCV en particular y no hacia la universidad en general, que debe ser favorable en la última. Hacia las universidades en particular, creo la opinión es diferente. Un proxy. La matrícula estudiantil. La UCV llegó a estar cerca de los 60 mil alumnos inscritos. Antes de las elecciones para los cuerpos estudiantiles hechas el día 25-5-22, leí un tuit de la profesora y gremialista Keta Stephany, quien comentó que la matrícula actual de alumnos de la UCV se acerca apenas a los 20 mil ¿Qué sucedió con los 40 mil restantes? La crisis, sí, claro. Influenció. Encovi y Enjuve revelan que los jóvenes son el grupo etáreo que quiere migrar más. La agresión institucional del Estado contra la UCV también, pero ¿no habrá en esos 40 mil que ya no están en la universidad una cantidad que se fue o no se inscribió porque ya no le ve sentido a la universidad en general y a la UCV en particular?

La anterior reflexión porque en tuiter observo una aversión promovida hacia estudiar, principalmente en la educación superior. Como que hacerlo no hace la diferencia para tener éxito en la vida. La crisis nos ha convertido en personas tan pragmáticas y sedientas de dólares, que negamos lo que antes eran “puntos de honor”. Así, por ejemplo, leía a una doctora que opinaba que las calificaciones no son importantes. Aunque su bio la define como “doctora” y seguro estudió en una universidad. Posiblemente pública. También leía a otra persona en plan de “coach” -algo que encanta a tuiter Venezuela, en quienes se asumen exitosos y realizados- que estudiar no es para conseguir un trabajo o prepararte para el mundo laboral. Finalmente, la carta de un director de una escuela creo que no es de Venezuela -con lo que este “nihilismo académico” trasciende al país- en la que les dice a los padres de los alumnos a los que escribe, que no se preocupen por si uno de sus hijos sale mal en un examen porque en esa escuela hay un futuro campeón de fútbol, un artista, etc.

Lo que me quedó de la carta es que la educación es un requisito que hay que cumplir, pero más nada porque los alumnos ya tienen su vida determinada. Hay que estudiar porque es lo socialmente aceptado -todavía- pero no hay que mortificarse porque en el salón están los futuros Mbapé, Benzema, y Courtois ¿Cuál es el problema, entonces? Tendrán hijos famosos. Por supuesto, el mensaje es que un mal examen no determina una carrera o un futuro, y eso está bien, pero la redacción de la carta me pareció una global, no solo para un examen sino para las evaluaciones en general.

El mundo se percibe tan mal que muchos padres quieren que sus hijos aprendan Excel y a cambiar una llave de arresto porque “los ayudará en la vida”, “para que aprendan cosas útiles”, y “sepan el valor de las cosas”, al tiempo que se ahorran un dinerito porque tendrán quien les lleve las cuentas y un “plomerito” en casa los dos “gratiñan”. Las gentes buenas del mundo digital que creen que los problemas son por estudiar mucha politología y no Publisher o Access.

Hace días, leí en tuiter una información que indicó que las preferencias para estudios superiores en Argentina cedían a las carreras para formarse en oficios o carreras “prácticas”, en detrimento de sociología o filosofía.

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Luce que el mundo se ajusta a una nueva realidad en donde la movilidad social es más lenta. En donde “los de arriba” -muchos empujados por lo público que hoy niegan- quieren justificar para “los de abajo” que ir “hacia arriba” no es para todos.

El día 9-6-22 BBC publicó una noticia acerca de las afirmaciones de la jefe de la comisión de movilidad social del gabinete de Boris Johnson, Katharine Birbalsingh, quien afirmó que “llegar a la cima no es todo en la vida”. Añadió que hay que celebrar los pequeños logros, “Si la hija de una enfermera es maestra de primaria, hay que celebrarlo”. Como en tuiter: comprar mi primera licuadora, tostyarepa, o “air fryer” es todo un acontecimiento muy celebrado, como señal de éxito y que “con esfuerzo se pueden alcanzar las metas”. 

El medio inglés halló que el 79% de los adultos de ese país opinó que hay una gran brecha entre las clases sociales en UK. Un 39% que, para quienes “vienen de abajo”, es muy difícil la movilidad social, mientras que un 23% expresó que no es difícil la movilidad social en UK.

La desigualdad se “normaliza” y se construye la “superestructura” para justificar la “infraestructura” de la desigualdad. Que los que no logren llegar a la cima acepten como “normal” esa situación. De lo que se trata ahora es cómo estar en desventaja y aceptarlo como “algo normal”.

En Venezuela la crisis se traduce en el surgimiento de una especie de “individualistas del realismo político” que nos quieren convencer, por ejemplo, de que las sanciones son meros “instrumentos de política”, asépticas, o la brillante teoría para explicar los tiradores en los EUA. El problema no son las armas porque “ellas no matan a personas” sino “los locos” o el “mal” de quienes las portan. Olvidan que de acuerdo a la APA apenas el 5% de los “shooters” están “locos”. El 95% son “normalitos” como los que estamos aquí. No se necesita estar “loco” para el “evil”. Tanto citar a Arendt para olvidar convenientemente esto.

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Desde el punto de vista de la psicología social, la “banalidad del mal” es una “falla cognitiva” que consiste en no pensar, en no hacer una buena inferencia cognoscitiva. Otras cifras de psicólogos sociales norteamericanos indican que la población entre 18-20 años en los EUA es el 4% pero el 20% de los tiroteos son causados por chicos en estas edades. Entonces la explicación es más compleja que “pobrecitas las armas, no tienen la culpa porque ellas no matan a las personas” de nuestros distinguidos miembros del “Venezuelan Chapter” de la NRA.

Vivimos una era que para rechazar lo público -porque es de “izquierda, progresista, y socialista” y las gentes buenas de tuiter están “hartas” de eso- se llega al extremo de construir un individuo que puede hacer lo que quiera “si el mercado lo permite” y aprovecharse de lo público para ese fin, sin ningún tipo de disonancia. El homo pragmaticus u homo tioconejus

Las universidades públicas tampoco ayudan para disipar este clima. Seguramente no pueden evitarlo. Mantenerse frente a un gobierno autoritario es la prioridad. En ese devenir, se quedan atrás con respecto a las necesidades y ofertas de la sociedad. Si una universidad pública no es capaz de responder a las señales del mercado para ajustar su oferta ¿qué sentido tienen, entonces? Hay algunos indicadores.

El día 8-6-22 leí un tuiter de la UCAB en el que comunicó que, en la clasificación de las universidades, es la número 2 en el país luego de la UCV, la que todavía mantiene el primer lugar. La UCAB desplazó a la USB, que está en el tercer lugar. Me alegra saberlo, pero mi punto no es tanto que una compita con la otra, sino que la situación de las públicas -por el control del Estado, la crítica de parte de la sociedad, al menos a la UCV, y la propia gestión de las autoridades- es perder terreno. Es probable, si todo se mantiene igual, que la UCAB pueda desplazar a la UCV en algún momento.

La universidad de la Compañía de Jesús abrió un diplomado sobre moda y ofrecerá la carrera de arquitectura. También leí que universidades privadas preparan cursos sobre salud, no una carrera de medicina como tal sino cursos relacionados. Esta demanda la llenará el mundo privado toda vez que el público no puede. No solo tiene que competir con el gobierno el que ofrece la carrera de medicina integral comunitaria, sino también con la educación privada, si entra en este campo. Como no es medicina, siempre la UCV y las otras universidades públicas que la imparten, tendrán su espacio y su matrícula, pero si algún día abren medicina en las privadas ¿será igual? Veremos cómo se comporta la matrícula de arquitectura cuando se inicie el curso en la UCAB frente a la matrícula de la USB y de la UCV, por ejemplo.

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Mi hipótesis es que las universidades privadas captarán la demanda porque las públicas no están en buenas condiciones, y hay una urgencia para graduarse.  Lo privado tendrá su oferta popular y otra para la “gente bien”, y lo público quedará para la vocación o porque no hay otra opción, sea porque la carrera no la ofrece el sector privado o porque la familia no puede pagar una universidad particular.

No lo digo a mal por las universidades privadas. Tampoco es fácil ser una universidad de este tipo en un sistema autoritario. Además, deben generar sus ingresos y una buena manera es respondiendo al mercado. El problema lo tienen las públicas que no poseen esa agilidad para responder al mercado, en un ambiente adverso a las universidades públicas por lo que representan. Quedan como espacios para la política, ahora frente al gobierno autoritario y como competencia entre los movimientos de la oposición. Antes era así. No es nuevo. La UCV es una universidad política (eso en parte la fregó). La FCU era y hoy es menos, un trampolín para proyectarse en la política nacional. Lo que observo como novedad es que al no tener mucho que ofrecer como en el pasado, las universidades públicas quedan solo para la política y la medición de fuerzas entre grupos políticos. Algo como “la botella vacía”. 

El día 25 de mayo se realizaron elecciones para los cuerpos de estudiantes en la UCV. Lo que se veía como una elección sin contratiempos, al final terminó en acusaciones y en disputas por los resultados en la FCU. Que los “chamos” puedan caer en esto es censurable, pero inaceptable en dirigentes políticos que leí en tuiter anunciar resultados cuando no era así, y luego comenzar con el famoso “damage control” de bajar el perfil, “pasar agachaos”, el silencio, o las explicaciones tipo “abro hilo”, pero sin dar muestras de tener empatía frente a una universidad que no está en su mejor momento, o simplemente decir que no tenían los resultados oficiales cuando escribieron sus mensajes.

La sensación que me quedó de estas elecciones es que la UCV ya no tiene nada que ofrecer, y solo es un espacio para la competencia política, que ni al gobierno interesa. Al menos en ese nivel. La UCV solo para hacer política, sea estudiantil, gremial, o profesoral. Es el único valor de la UCV. Un “espacio para la lucha” o “espacio para las luchas entre grupos opositores”.

Uno esperaría que, si este es el caso, al menos se hiciera una elección ejemplar para la FCU, representantes, y centros de estudiantes, más en quienes han hecho del discurso de la “tiranía” su carta de presentación que los llevó a la fama como “luchadores por la libertad”. Con comportamientos así -algo como la “fiesta electoral” y tirarse zancadillas por la “botella de la FCU” para exhibirla como un trofeo- no queda claro lo de la “tiranía” o es una “tiranía” muy inteligente que permite a los “oprimidos” un “momento de locura”. Esto no ayuda a la imagen de la UCV. Quienes creen que estamos en una “tiranía” deberían tener más conciencia y no comportarse como si “fuera una elección normal” para la FCU. Un poco de responsabilidad y cierta sobriedad y sensibilidad en un clima autoritario, no vendría mal. Comunicar una elección estudiantil como una fiesta o pelear a cuchillo por un puesto que ya no significa lo que significó en un pasado, confunde si se habla de “dictadura”.

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La UCV se queda sola. Como la persona que perdió su lozanía, ya no gusta. Quienes antes proclamaban su amor a la casa que vence la sombra y le sacaron bastante, hoy son sus principales críticos. Abandonada y hostigada por el Estado, y dejada y rechazada por la sociedad que no la ve con el cariño del pasado. Los otrora veinteañeros de Alí, Soledad, el grafiteo, y el ciclo de cine con “Las fresas de la amargura”, hoy son respetables cincuentones o sesentones que acuden a ver el ciclo de cine de Finlandia mientras cuestionan al “progresismo”.

Queda la tarea de pensar el rol y lugar de las universidades públicas en la Venezuela que se levanta en el nuevo contexto, para evitar que queden como recuerdos o universidades que viven de glorias hoy imposibles de repetir cuando más hace falta. La tarea es que no sean unas “tierras de nadie” porque a nadie interesan.



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