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Cierran frontera con Colombia para frenar el contrabando, pero gasolina sigue saliendo por Guyana

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El Cooperante.- Tres vueltas ha dado el camión por el pueblo, esperando que baje la cola para la gasolina que ya abarca dos cuadras. Hay muchos carros familiares, vehículos de carga pesada, incluso tractores en la fila, pero sobre todo motos. “¿Esos motorizados parecen moscas. Hay muchos y todos hacen la cola hasta diez veces al día, lo que se tarden en ir al río a meterla en las pimpinas”, afirma un señor en voz baja. La gasolina se la llevan por el Orinoco en lanchas, desde Barrancas hacia Guyana.

La frontera de Venezuela con Colombia está cerrada desde hace casi un mes. El gobierno venezolano culpa al neogranadino de permitir el contrabando de gasolina y alimentos a través del paso fronterizo, a la oposición venezolana de apoyarlo, pero hay quienes reclaman que es la misma Guardia Nacional Bolivariana la que permite que el combustible subsidiado pase la frontera.

Ese secreto a voces cruza el río Táchira, pero también recorre el Delta del Orinoco. “Claro que es la Guardia. ¿Cómo es que tú ves en la misma calle, en el malecón, cómo sacan la gasolina de las motos y la echan en las pimpinas, y pasan las patrullas y nadie dice nada?”, afirma una mujer en el pueblo monaguense. “Y a los que trabajamos de verdad nos restringen el acceso a la gasolina”, agrega un hombre mayor.

En la zona del Delta del Orinoco suspendieron la venta de gasolina “para llevar”. Es necesario que los vehículos sean surtidos directamente en la bomba. Lo que significa que un tractor, que no alcanza una velocidad mayor a 20 km por hora, deba recorrer un camino de cuatro horas que cualquier carro hace en 30 minutos.

Como parte del plan de seguridad Patria Segura, implementado a principios de 2015, se realizaron procedimientos de incautación de gasolina en localidades del delta, como San Francisco de Guayo, que iban a Guyana. A pesar de esto, y luego de la intensa campaña “El Esequibo es Venezuela”, aún no se ha anunciado ningún procedimiento para atender el contrabando.

“Un muchacho ve que trabajando en una tienda va a ganar 7 mil bolívares por todo el día. Aquí va, llena la moto de gasolina, se la vende a los pimpineros y se ganan eso y más en una hora. ¿Quién va a trabajar así?”, afirman en el pueblo, e incluso entienden la situación, porque la escasez ha hecho que aumente incontrolablemente el costo de los alimentos, no tienen suficientes fuentes de trabajo y, de alguna manera, es una forma de control de la inseguridad, pues sin el contrabando “la robadera sería más fuerte”.

En mayo de 2014, el Director de la Agencia de Energía de Guyana, Mahender Sharma, aseguró a un diario local que “el combustible venezolano que está siendo negociado en la frontera con Guyana no se considera como ilegal, siempre y cuando los suministros se utilicen dentro de las zonas fronterizas”, comentarios que fueron rechazados por Sadio Garavini, exembajador de Venezuela en ese país.

En la zona se comenta que han muerto varios de los que se aventuran a llevar la gasolina, pues las lanchas en las que se trasladan no cuentan con ninguna seguridad, además de que alcanzan altas velocidades para evitar ser interceptados por los cuerpos de seguridad. El pueblo indígena de la zona también se ha visto afectado por el contrabando, por las mafias que se han formado y que otros han visto en esta práctica un modo de sobrevivir en la difícil situación venezolana.

El hombre del camión por fin logró echar gasolina, y se retira de la bomba. Va hacia el centro del pueblo a comprar insumos para su pequeña finca y señala las “curiaras” de los pimpineros. “¿Ahí están. ¿Ves? Para parar esto tendrán que enrejar toda Venezuela”.

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