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Citgo y Crystallex

José Toro Hardy | 16 agosto, 2018

Caracas.- Una escena impactante que quedó profundamente grabada en la memoria colectiva de los venezolanos fue la de aquel mandatario, parado en una esquina de Caracas, vociferando: “¡Exprópiese! ¡Exprópiese! ¡Exprópiese!”.

Un Estado tiene el derecho de expropiar, pero el ejercicio de su soberanía conlleva responsabilidades a nivel nacional e internacional.

Crystallex es un caso emblemático. Veamos:

Después de desconocer en 2002 la venta que hace la minera canadiense Placer Dome de sus intereses en la mina de oro Las Cristinas, el presidente Chávez le otorga la concesión a Crystallex. Posteriormente la nacionaliza alegando: “Esos minerales son para los venezolanos, no para las transnacionales”.

Se inicia así un tortuoso proceso de arbitraje ante el Ciadi (tribunal de arbitraje del Banco Mundial) que gana Crystallex. Ello conduce a una decisión de una corte federal de Washington que permitía a Crystallex apoderarse de los activos del Estado venezolano en  Estados Unidos, incluido PDV Holding y su subsidiaria Citgo.


El caso se complica porque 100% de las acciones de Citgo fueron entonces gravadas: 51,1% para garantizar el pago de los  bonos de Pdvsa, cuyo vencimiento se renegoció para el año 2020 y 49,9% en garantía por un préstamo de 1.500 millones de dólares por la empresa rusa Rosneft. Por ello, algunos acusaron a  Pdvsa de insolventarse fraudulentamente.

Un juez de Delaware acaba de decidir que siendo Citgo una filial 100% de Pdvsa, que a su vez pertenece a la República de Venezuela, cabe concluir que Citgo es un alter ego de la República y en consecuencia, a pesar de las objeciones de Caracas, Crystallex puede proceder a incautar 1.400 millones de dólares en compensación por la expropiación de que fue objeto. Tal decisión será apelada ante una corte federal.

Como venezolano y como ex director de Pdvsa deploro profundamente esta situación, que es el resultado de las acciones de unas autoridades irresponsables.

¿Qué está en riesgo?

Citgo es el principal brazo comercializador del petróleo venezolano. Llegó a disponer de 8 refinerías en el país norteño con capacidad para refinar 1,8 millones de barriles diarios, así como  66 terminales, participación en oleoductos que atravesaban Estados Unidos de sur a norte y 15.750 estaciones de servicio (franquicias) abanderadas con la marca Citgo. Esos activos, en conjunto, nos permitían el raro privilegio de poder llevar los crudos venezolanos desde nuestro subsuelo hasta el tanque de gasolina de los automovilistas estadounidenses pasando todo el tiempo por instalaciones venezolanas. Gracias a esa perfecta integración vertical habíamos llegado a controlar 10% del mercado de gasolina más grande del mundo: el de Estados Unidos.

Sin embargo,  el actual régimen fue debilitando esa posición. De los 1,8 millones de barriles diarios que exportábamos a Estados Unidos hoy enviamos menos de 500.000. Nos hemos desprendido de los oleoductos y nos quedan quizás 3 refinerías. Nuestro potencial de refinación cayó a la mitad y de las 15.750 estaciones de servicio quedan menos de 6.000. Aún así, ese país sigue siendo el principal destino de nuestras exportaciones petroleras y, por cierto, de los pocos que aún nos paga en efectivo.

Si la corte federal ratifica la decisión del juez de Delaware, el caso adquirirá dimensiones inimaginables. Sentado ese precedente, hasta la fecha existen más de 20 arbitrajes internacionales que procurarán cobrarse, al igual que la deuda financiera morosa de la República y de Pdvsa. Se formaría un concurso de acreedores para disponer de los despojos de Citgo. Los tribunales tendrán que decidir si la entrega en garantía de 51,1% de  sus acciones a los tenedores de los bonos 2020 de Pdvsa o la de 49,9% de sus restantes acciones a la rusa Rosneft fue fraudulenta y con consecuencias penales. Además, incapaz ya de pagar sus deudas Pdvsa y la República caerían en situación de default.

Pdvsa quedaría mortalmente herida. Habríamos perdido nuestro principal acceso al mercado. Sería el resultado de las acciones de unos advenedizos dogmáticos que creyeron que con El Capital de Marx bajo el brazo podían hacer y deshacer como les viniera en gana con el destino de Venezuela.

Texto inicialmente publicado en El Nacional 

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