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¿Comida o alcohol? Venezolanos piensan dos veces “echarse un traguito”

El Cooperante | 16 marzo, 2018

Caracas, 16 de marzo.- La crisis económica del país y los altos precios en los que ahora se encuentran los licores ha obligado a los venezolanos a recorrer varios establecimientos y dar vueltas entre los anaqueles para hallar opciones más asequibles. La suma que deben invertir por un momento con los amigos y familiares deja a los compradores sin aliento y con un golpe en el bolsillo que mensualmente recibe un salario mínimo insuficiente para costear, por lo menos, productos imprescindibles de la canasta básica alimentaria.

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La inflación, que a finales del 2017 la Asamblea Nacional la ubicó en 2.616%, se ha encargado de empañar lo que para muchos es la tradición de los viernes y de cada quincena. Ni siquiera las cervezas, que continúan siendo la primera opción de los más jóvenes y de las zonas más populares, han escapado de la realidad económica. Su precio puede variar, pero podría alcanzar hasta los 80 mil bolívares, dependiendo de su marca y presentación.





Para algunos, los “tobos” de 10 cervezas pueden resultar atractivos; sin embargo, en centros nocturnos y tascas el precio puede ir desde los 700 mil bolívares hasta alcanzar casi el millón de bolívares. La caja de cerveza, de acuerdo con el trabajo de investigación realizado por El Cooperante, se ubica en 1 millón 200 mil bolívares.

El ron, otro que era impelable en las reuniones, pasó a ser solo un susto al momento de ver o preguntar su precio, a pesar de que la producción venezolana de esta bebida logró posicionarse como una de las mejores del mundo. Una botella de 1 litro de ron Gran Reserva Santa Teresa se encuentra en 1.995.000 bolívares; es decir, que con un salario mínimo integral mensual, que se ubica en 1.307.646 bolívares, ni siquiera alcanza para una botella de estas.

La botella de ron llamada popularmente como “pata de elefante” tiene un precio en las licorerías de 2.650.000 bolívares. Este escenario ha generado que los consumidores emigren a otras versiones de menor calidad conocidas como “gasolina” y que pueden pagar por ellas un costo menor, pero que no deja de ser todavía elevado. La presentación del licor seco de Carta Roja, de 0.70 litros, podría ubicarse en 785 mil bolívares.





Debido a la crisis y a los precios que resultan imposibles para muchos de los ciudadanos, también se ha convertido en una opción comprar licores caseros conocidos como las “guarapitas”, elaboradas a base de licor blanco y pulpa de frutas. Una botella de un litro de esta preparación puede conseguirse en 400 mil o 500 mil bolívares.

El anís, una de las bebidas que solían tomar mayormente los liceístas por ser una de las más baratas, también subió de precio y se convirtió en otro lujo. Tan solo una botellita de 0.35 litros tiene un precio de 450 mil bolívares. Miguel Barrios manifestó a este medio quedar “picado” porque tan solo puede consumir algunas cervezas “en los chinos” y, si acaso, algún trago.

“Ahora la cerveza también pasó a ser un lujo y a veces optamos por hacer una vaca y comprar una botella de ron o de vodka entre varios para poder rendirla más con otras bebidas, pero no alcanza porque somos muchos”, dijo. Ir a las discotecas es otra odisea. Anteriormente se solían pedir los servicios, sobre todo de ron y vodka, casi sin ningún problema, ahora algunos optan por el conocido “predespacho” o sencillamente solicitar algunos tragos individuales, como los mojitos y la cubalibre, que pueden salir entre los 150 mil bolívares y los 300 mil bolívares.

Barrios lo piensa “dos veces” porque al costo de la entrada y los servicios en los locales nocturnos, también se les suman la inseguridad, la escasez de efectivo, el dinero para pagarle la “carrerita” al taxista para movilizarse y decidir si comprar comida. En un local nocturno de Caracas consultado por esta redacción ofrecen el servicio de ron en 3 millones 400 mil bolívares, mientras que el servicio de vodka se ubicó alrededor de los 2 millones de bolívares.

Carolina Mendoza también ha tenido experiencia similares. Contó a El Cooperante que ella solía “beber hasta cinco botellas o más, o a veces una caja de cervezas antes de tomarnos esas cinco en una noche con mis panas”. En uno de esos encuentros el grupo tomaba ron Santa Teresa con refresco, “no hacíamos vaca, cada quien llevaba algo, a veces cada quien brindaba la botella y el que no tenía tomaba igual”.

En una noche, si es que Mendoza y sus amigos tienen el dinero suficiente, “se hace una buena vaca” y pueden comprar “si acaso, dos botellas, y de ron malo”. “Yo he bebido cualquier clase de ron o bebidas a base de ron malísimas que nunca pensé que tomaría. Las cervezas ahora son un lujo, ahora a veces me tomo una con mis amigos y cuando digo una, es una. Todo está carísimo“, dijo. “En estos tiempos ya casi nadie bebe, y si bebe no come”, finalizó la joven a esta redacción.

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