Connect with us

La Lupa

Cómo fue sufrir en la soledad de un centro electoral

Olvidados por los partidos, muertos de hambre y sed, más la discusión final con un miembro del Plan República porque nos obligaba a mantener el centro abierto cuando la Ley decía lo contrario, los voluntarios que dimos un paso al frente para que se pudiesen abrir las mesas, nos cansamos de sellar No Votó en las casillas vacías del Cuaderno de Votación

Publicado

/

Caracas.- A las 11 y 30 de la mañana, dos de las tres mesas que estaban instaladas en el Colegio El Angel de Chuao no podían abrir porque "faltaba gente". Ni el gobierno ni los opositores habían logrado completar la tarea y los pocos votantes que hacían cola, bajo aquella chapa de sol, se hacían los locos cuando algún vecino venía con la mala noticia: "Alguien quiere ser miembro de mesa, testigo de mesa?..."

Lea también: Réquiem: toda la verdad sobre la noche triste de la oposición el 21N

Media hora después, cuando supe que solo faltaba una persona, di un paso al frente. Porque uno sigue creyendo que el voto es la salida, que si hay que sacrificar un día para permitirle ejercer su derecho a miles ( bueno, es un decir), se debe hacer. Y que si empujamos entre todos, seguramente  la cosa  caminaría más rápido  y podríamos ganar, como mínimo,  la Alcaldía de Baruta. 

Luego de un curso veloz sobre cómo se batía el cobre, finalmente comenzaron a entrar los votantes mientras los novatos miembros de mesa logramos finalmente  coordinar lo  mejor posible toda la rutina.  Aunque no faltó la señora malhumorada porque yo no  conseguí inmediatamente su número de cédula en el Cuaderno de Votación y salió hablando pestes de mi trabajo ("tiene la mitad de mi edad y yo tuve que mostrarle mi número en el cuaderno", iba y le contaba  a todos y cada uno de los  que estaban en la cola como si ella fuese la gran heroína de semejante día.

A la ansiedad de constatar que pasaban las horas y los  cuadernos de votación estaban mayoritariamente vacíos, a la ternura de asistir a más de diez ancianos que llegaron a duras penas para cumplir con su voto y a la mínima alegría de contar siete o nueve votos de jóvenes, se agregó la sensación de abandono absoluto por parte de los partidos políticos involucrados, a excepción de un camarada del PSUV que se asomaba cada cierto tiempo a preguntar cuánta gente había votado y lo anotaba en una libretica. Abandono que combinaba a la perfección con el del local del Colegio, el que fuera uno de los mejores de Caracas y en cuyos baños, en ruina,  no había papel toilette, por supuesto.

A golpe de tres de la tarde el hambre y la sed comenzaron a apretar. Horas antes ya habíamos visto a  la chica del CNE que operaba la parte técnica recibir una cajita con un "almuerzo", que luego regaló ("Soy muy mala pobre", fue su excusa), mientras el resto solo podíamos aguantar  hambre para atender a la mini cola de gente apostada frente a nuestra Mesa a quienes queríamos servir lo mejor posible.  Afortunadamente, el grupo que hicimos fue super grato, donde el electo Presidente de la Mesa tuvo la gentileza de pedir una pizza y refrescos para todos a golpe de 4 de la tarde - cuando ya no había un alma esperando por votar- y otra de las voluntarias era una veterana en esta lides, lo que nos salvó de ponernos firm..! y a discreción frente a dos miembros del Plan República que trataron de meter sus narices en nuestro trabajo y la veterana los plantó cual General: " Usted no puede entrar a este sitio, se queda afuera!", le ordenaba y le recitaba la Ley Electoral y de cómo el Plan República solo era encargado de la custodia y traslado del material electoral y "se va de aquí", con aquella valentía. Zaperoco que se multiplicó cuando al dar las 6 de la tarde, vino el representante del CNE a explicar que no podíamos cerrar las mesas porque el CNE no había dado la orden. Y con la ley en las manos, tanto la veterana como el Presidente de la Mesa le explicaban a los  militares que si no había votantes en la cola, pues las mesas se cerraban y ya.  De modo que, tipo guerrilla, nos fajamos a adelantar clandestinamente el trabajo fastidiosísimo que se debe hacer después de cerrar las mesas, un monumento a la burocracia que incluye elaborar tres sobres y ponerle determinadas pruebas adentro. Y auditar minuciosamente todo lo que se usó y lo que no se usó para meterlo en sendas bolsas de plástico donde debe ir una etiqueta específica, muy carpeta de Cadivi todo. Y en eso nos agarró las 8 de la noche, cuando finalmente accedieron a cerrar las mesas pero el responsable del Plan República decidió que él debía verificar en persona todos y cada uno de los sobres ya elaborados y que sacáramos todo de cada bolsa, a lo que el presidente le respondió que lo hiciera él porque la Ley especificaba que ese trabajo era de los miembros de las mesas y ya lo habíamos hecho.    

Advertisement

Pero algunos de los militares dejaron allí bien claro, con su actitud,  que ellos son el verdadero poder y que si nos poníamos cómicos - nos dijo el responsable del CNE-, los militares podrían llamar a no sé quién del Zodi y podríamos estar en ese macán hasta las 3 de la mañana. De modo que el de mayor rango finalmente se dio su bomba revisando con calma cada cosa y los civiles salimos finalmente  pasadas las 9 de la noche. 

Llegué casi a las 10 a casa: me eché un baño monumental, me tomé una copa de vino y sin remordimiento alguno, me comí una hallaca deliciosa pero  que me produjo una pesadilla horrenda con uno de mis ex, lo único que me faltaba por sufrir en semejante día.



Tendencias