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Como la FaceApp, el chavismo envejeció al país pero engordó a muchos de los suyos

Elizabeth Fuentes | 17 julio, 2019

Caracas.- Tan peligrosa como el chavismo, la dichosa aplicación FaceApp es igual de innecesaria: la nueva moda que ha puesto a los habitués de las redes a “imaginarse” cómo lucirán cuando ya estén viejos, arrugados y canosos, se parece tanto al gobierno que pone en peligro la privacidad de quienes creen en el, los jefes están en Rusia y nada garantiza la protección del usuario.

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Como en el chavismo, la FaceApp también se paga caro y en dólares. Y se la paga a unos rusos (aunque el gobierno también le paga a los chinos), lo que en el caso exclusivo de la aplicación sube a 50 verdes por cabeza, divisas perdidas en la inútil tarea de “verse” viejo sin necesidad, porque en esta país nadie tiene la certeza de que el azar- una bala perdida, una sentencia del TSJ, un GNB mal atravesado o una enfermedad sin medicinas-, pueda impedir que logremos la tremenda hazaña de vernos ancianos y ancianas en el espejo, pero de verdad verdad.





De hecho, se me ocurre que burlando la propiedad intelectual de FaceApp -algo que en Venezuela también se roba-, y sin necesidad de engordar la cuenta bancaria de quién sabe cuál hacker ruso, podríamos replicar la idea pero esta vez utilizando esa antigua herramienta llamada “fotos viejas”, a partir de las cuales podríamos hacer el mismo ejercicio pero al revés. Es decir, en lugar de imaginar el futuro ajado y canoso que nos espera, hurgar en nuestro pasado para compararlo con lo que somos ahora: un país envejecido, enfermo, feo y deprimido donde no existen ni las huellas de lo que fuimos.

Un país viejo, porque la mayoría de los jóvenes han huido dejando a sus familias desconsoladas. Un país lleno de arrugas en Canaima y en el Arco Minero y hasta en Los Roques, donde ahora los millonarios chavistas aspiran a convertirlo en otro Cancún. Un país de gente enflaquecida y enferma, mientras los gobernantes, los generales y sus amigos engordan sin verguenza ni disimulo, una prueba más de su insensibilidad y desidia.

Los mismos gordos que llenan las cárceles de músicos, médicos o sindicalistas para usarlos como moneda de canje, algo que ninguna App futurista pudo haber previsto para aquel país que fuimos, donde crecíamos y envejecíamos en familia y los hijos se encargaban de cuidar a sus padres y los nietos eran consentidos por sus abuelos y nadie se despedía para siempre.





Ojalá y algún genio de la tecnología decida inventar una AppChavista que le permita vislumbrar al usuario lo que le espera en el futuro cercano si vota por cualquiera de esos encantadores de serpientes y entonces le baste poner, por ejemplo, una foto del Metro de Caracas o del hospital San Juan de Dios, para que la AppChavista lo transforme rapidito en caos, miseria y muerte.

Sería tan divertido.

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