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Comprar carne se ha convertido en un reality show: 11 horas implica el desafío

Christhian Colina

El Mundo de España.- A las 6:00 de la mañana Carla Aguirre comenzó a hacer una fila para comprar carne, a 600 bolívares el kilogramo, en la red de alimentos Mercal de La Trinidad en Caracas. Era martes y como su hija salía a la 1:00 de la tarde del colegio no la pudo buscar, ya que hasta las 3:48 de la tarde Carla no logró comprar lo que necesitaba. Casi todo un día debió esperar bajo el sol, recibiendo órdenes de militares. En cualquier otro lugar el precio hubiese sido el doble, unos 1.200 bolívares por kilo.

Carla contó que apenas gana “un poco más” del sueldo mínimo, que es de 7.421,66 bolívares, por lo que debe buscar el mejor precio. “Vivo con dos personas más, que no trabajan. Mi hija y mi madre. Compramos unos tres kilos de carne en la quincena. No puedo pagarla más cara“, señaló. Si comprara los seis kilogramos de carne que consume su familia al mes en un supermercado a 1.200 bolívares el kilo (lo que cuesta en casi todo el país), gastaría casi todo su dinero solo en carne, es decir 7.200 bolívares.

Las neveras de Mercal, a las 4:00 de la tarde, ya lucían desoladas. La gente se llevó todo lo que pudo. Solo quedaba carne molida, de segunda calidad. El olor en el lugar era casi nauseabundo. Las neveras estaban llenas de sangre y, detrás de ellas, sobre una pared blanca también manchada de sangre, una foto del presidente Nicolás Maduro y a su derecha, una imagen de “su padre”, como él lo llama, el fallecido Hugo Chávez.

Por su parte, Sabrina -prefirió reservar su apellido- logró comprar en la misma tienda de Mercal, una bandeja que trae carne y pollo por 1.050 bolívares. Está desempleada, por lo que debe buscar el precio más bajo: “Hay que hacer horas de cola y si no se consigue, toca ir con los revendedores, que venden un champú en 600 bolívares”, expresó.

Su historia la contó un martes, que es el día en el que debe ir a los supermercados para comprar ciertos artículos, según el último número de su cédula de identidad. Los productos que escasean como la harina, leche, aceite, champú, papel higiénico o toallas sanitarias, entre muchos otros, solo pueden comprarse una vez a la semana. Los revendedores que menciona Sabrina aprovechan estas limitaciones. Compran, por ejemplo, el champú en menos de 100 bolívares y lo venden a 600 bolívares, una ganancia de más de 600%. Mientras, con un sueldo mínimo, una persona como Carla solo podría comprar 12 envases de champú.

 

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