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Crisis en Venezuela: cuando el peso corporal de los venezolanos habla más que el PIB

El Cooperante | 29 agosto, 2018

Caracas.– La crisis en Venezuela no ha dado tregua a sus ciudadanos, y menos a la hora de comer. Por ejemplo, ya son muy pocas las familias que pueden disfrutar el pabellón, el plato criollo del país.

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De acuerdo con un trabajo publicado por El Mundo,  casi el 90% de las familias incluía el arroz en su compra semanal de alimentos en el año 2014, frente al 80% que casi lo hacían en 2017; en el caso de la carne, el porcentaje ha descendido desde el entorno del 75% hasta el 40%; del 35% a poco más del 10% en las frutas y sólo las legumbres han aumentado del 30% hasta algo más del 40%.

Philippe Waechter, economista jefe de la gestora Ostrum AM (firma afiliada a Natixis IM), que toma la báscula como medida de la crisis, dijo que “la gente está muriendo de hambre. El peso promedio de la población es menor año tras año. Según la Encuesta de Condiciones de Vida, el peso promedio de los venezolanos fue 11 kilogramos menor en 2017 que un año antes, y en 2016, ocho kilos inferior al de 2015. Esa es una medida real de una profunda crisis”.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida, el peso promedio de los venezolanos fue 11 kilogramos menor en 2017 que un año antes, y en 2016, ocho kilos inferior al de 2015.


Según la Encovi “seis de cada 10 venezolanos han perdido aproximadamente 11 kilogramos de peso en el último año [2017] por el hambre”, y si se atiende a la encuesta de 2016, siete de cada 10 personas adelgazaron una media cercana a los nueve kilos. Pero hay más. En 2017, nueve de cada 10 venezolanos no podía pagar su alimentación diaria y “aproximadamente 8,2 millones [en un país de 32,5 millones de habitantes] ingirieron dos o menos comidas al día”.

A su vez, “La desnutrición infantil es el problema más grave que hoy tenemos como país y así debemos asumirlo. Cada semana perdemos a seis niños venezolanos por hambre, y corremos el riesgo que la muerte nos arrebate 300.000 infantes al cierre del año 2018“, denunciado por el diputado a la Asamblea Nacional (AN), Leonardo Regnault.

A pesar de que el gobierno intenta tapar el sol con un dedo, el parlamentario, aseveró que 16 de cada 100 niños no cuentan con una nutrición adecuada y explicó que existe una proyección alarmante que revela que este patrón podría superar 26% al finalizar el año 2018.
Según el informe anual publicado este miércoles por la organización no gubernamental Programa de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), nueve de cada 10 venezolanos no pudieron pagar su alimentación diaria en 2017, año en que se registraron los peores indicadores sociales en casi tres décadas en el país.

La especialista Susana Rafalli dijo que el problema de nutrición no es solo el resultado de no poder comer, sino de todos los factores que pueden afectar la salud.

“Durante 2017 disminuyó 52 por ciento la importación de alimentos, sin aumentar la producción interna (de Venezuela)”, señaló. Rafalli mencionó cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el aumento de las personas que padecen hambre en el país.

“De acuerdo a la FAO, a las personas con hambre registradas en 2016 en Venezuela se sumaron 1,3 millones más, lo que lleva a un balance de 1,8 millones de venezolanos en situación de hambre a partir de la oferta alimentaria que se le puede garantizar”, explicó.

Medidas

La situación en el país es cada vez más delicada, pese a contar con las mayores reservas de petróleo de todo el mundo. La inflación bate récords a diario y podría alcanzar el 1.000.000% en 2018, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional(FMI); a esto se une la hambruna, el éxodo masivo de miles de personas a los países vecinos y la crispación social, que va en aumento.

El presidente Nicolás Maduro lanzó hace días un plan de “revolución económica y prosperidad”, pero ni los analistas internacionales ni los mercados ni los acreedores creen que pueda servir para nada.

“Desde S&P no hemos visto nada que nos lleve a creer que las nuevas medidas puedan ser exitosas”, asegura Manuel Orozco, director asociado de Finanzas Públicas Internacionales de la agencia de calificación, en declaraciones a El Mundo. 

Las políticas públicas siguen siendo erráticas y seguirán contribuyendo a aumentar la crisis económica, la hiperinflación, el deterioro institucional y las situaciones de descontento social”, declaró el experto de S&P.

“Recortar los ceros en la moneda, si no hay prudencia fiscal y monetaria, no servirá para nada”, añadió Orozco, que recuerda que Venezuela tiene asignada una calificación de SD (Selective Default) por el incumplimiento continuado de sus compromisos de deuda.

La actual crisis que nos agobia tiene sus inicios con la reforma de la Ley del Banco Central de Venezuela (BCV) del 20 de julio de 2005, mejor conocida como Ley León-Cabezas por sus impulsores, Armando León, miembro del directorio del BCV, y Rodrigo Cabezas, para ese momento presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

Dicha ley, presentada como “el nuevo paradigma financiero”, ha causado un efecto destructivo sobre la “estabilidad” monetaria de Venezuela. Con esta reforma, se conformó el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden) la cual se usó para el traspaso de divisas del BCV, institucionalizándose la descapitalización del BCV.

 

 

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