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Llegada de Chávez al poder hizo que la santería se disparara

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El Cooperante.- “Este cubano sin nombre estuvo preso en Cuba durante tres años por atreverse a vender camisas con la imagen de Bruce Lee. Cansado de la opresión y la falta de libertades, se convirtió en un cubano más que decidió dejar su tierra. Su forma de escapar: Contrajo matrimonio con una venezolana. Un pasaje, un pasaporte, una esposa y una batalla ganada a la dictadura. Hijos, casa y demás familiares quedaron atrás (…)”, así inicia la crónica  “Venezuela, un paraíso para un cubano sin nombre”, que publicó Diario las Américas.

Con sus conocimientos como babalawo -sacerdote de la religión Yoruba-, se sembró en la fe de muchos que se convirtieron en sus ahijados. Como se dice en esta creencia, ya tenía su propio pueblo que, por cierto, no ha dejado de crecer. Rezos y sacrificios han sido su forma de trabajo durante años en este país.

La llegada de Hugo Chávez en 1999 hizo que esta creencia se disparara. Dicen las “malas lenguas” que el mismo Chávez era hijo de un santo llamado Changó y la ceremonia se la hizo en Cuba. Cuando se conoció la noticia de su enfermedad, más de una vez llamaron a este cubano para congregarse con sus homólogos y hacer sacrificios por la salud del Presidente venezolano.

En estos últimos 15 años ya cualquiera tiene puesto un “ildé” o “mano de Orula”, una pulsera verde y amarilla que se lleva generalmente en la mano izquierda como símbolo de iniciación en la religión. Por moda o como una escapatoria a la desesperación, los venezolanos buscaron vías alternas para hallar una solución a su larga lista de problemas.

Aunque no está relacionado con el programa político del Gobierno cubano en Venezuela, hace dos años que vive en una casa que le ofreció el Gobierno chavista. Desde allí atiende a todo el que llegue. No está pendiente de colores políticos, ni de diferencias de unos con otros. Su problema mayor lo resolvió al salir de Cuba y aquí sólo trabaja su religión para mantenerse.

Alienado quizás con la cultura del venezolano se resiente por la inseguridad, la inflación, la escasez y el mal vivir. En la mayoría de las veces, no consigue ni animales para sus sacrificios en el mercado popular de Quinta Crespo, lugar de Caracas con aspecto inocente donde se esconden las herramientas más inéditas para quien se dedique a estos cultos. Pudiera decirse que su trabajo aquí pende de un hilo, pero “el religioso siempre tendrá algo que comer porque la gente necesita resolverse”.

Con información de Diario de las Américas 

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