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Investigación

#CrónicaLetal: La venganza cobró con sangre la vida de dos testigos de Jehová

Caracas, 3 de diciembre.- Una multitud se encontraba congregada frente a un apartamento, entre ellos se divisaban hombres con pantalones de vestir, camisa con corbata, las mujeres con vestidos largos y biblias en mano. Una vestimenta sofocante para el calor intenso de Ocumare del Tuy, situado en el municipio Tomás Lander del estado Miranda.

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Ese domingo 26 de noviembre los curiosos también salían de sus casas para averiguar qué había ocurrido y el porqué del alboroto en la urbanización Cristóbal Rojas, mejor conocida como Parosca.

Foto: El Pitazo

Hombres vestidos con un uniforme azul oscuro, una capucha blanca y en su espalda se observaba la insignia Bomberos de Miranda forzaban a toda costa la puerta del apartamento 434, en el piso tres del edificio cuatro del mencionado urbanismo. En ese instante percibían un olor putrefacto que provenía de ese lugar hasta que lograron abrir la puerta y se encontraron con la escena de un crimen.

El cadáver de una mujer se encontraba sobre una silla de plástico blanca en la sala del apartamento y en el piso estaba otro cuerpo. Se trataba de las hermanas Milta Mireya Joseph Best, de 71 años, y Cecilia Joseph, de 65 años, quienes eran Testigos de Jehová.

Una venganza mortífera

 Milta y Cecilia eran asiduas creyentes de su religión, por ello asistían al “Salón del Reino”, un lugar donde se congregan los Testigos de Jehová situado en las residencias Parque Central de Ocumare del Tuy.

Foto: El Pitazo

En ese lugar conocieron al profesor de música Ángel Adolfo Díaz Castro, de 26 años, quien también profesaba esa religión, pero estaba apartado del camino de Dios y andaba en malos pasos, por lo que tras un consenso entre Testigos de Jehová, donde estaban las hermanas, fue expulsado y las acusó por ello.

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El viernes 24 de noviembre Ángel Adolfo con la excusa de que iba a entregarle un cuatro a las hermanas, que le habían prestado, llegó al apartamento de ambas. En medio de un acto de ira ató de manos a las féminas, las golpeó varias veces, buscó unos cuchillos y les propinó heridas punzo penetrantes, y no bastando con ello las degolló.

El profesor de música agarró un marcador fluorescente, escribió en la pared del apartamento: “Muerte a los testigos” y huyó del lugar.

La detención

El día del hallazgo de los cadáveres de las hermanas, para no levantar sospechas, el homicida fue hasta la urbanización Parosca, donde les dio el pésame a los parientes de las fallecidas para luego regresar a su hogar en la vivienda número B-10, calle Boyacá de Corocito, en Ocumare del Tuy.

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Los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) iniciaron ese mismo día las investigaciones del caso para conocer el entorno de las víctimas.

Durante las  averiguaciones lograron indagar que el victimario contó del asesinato de las hermanas a su novia y a un testigo de Jehová de Valencia, por lo que los investigadores llegaron hasta la vivienda del profesor de música, donde encontraron las armas incriminadas en el hecho punible, dos cuchillos con los que habría apuñalado a las infortunadas, una computadora portátil, prendas de vestir salpicadas con sangre de las fallecidas y el marcador fluorescente, que utilizó para colocar el escrito al estilo antisemita.

Asimismo, encontraron un portafolio que tenía en su interior una libreta, donde escribió los planes para asesinar a las hermanas. En el escrito se detallaban los problemas que tenía el victimario con las fallecidas por el cuatro que les debía, debido a que ellas le insistían que se los entregara, además del caso de la expulsión de la congregación.

En la libreta escribió también que compraría un teléfono inteligente tras el asesinato de las féminas y para cometer el crimen detalló que utilizaría cuchillos, cables y martillos.

La noche del domingo 26 de noviembre detuvieron al hombre en su vivienda y fue trasladado a una comandancia, donde enfrentará los cargos que le impute la ley.

Ambas víctimas no tenían hijos, ni parejas. Milta era enfermera jubilada y Cecilia era profesora.



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