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#CrónicaLetal: El ancianato de la perversión y la violación de tres abuelos

Lysaura Fuentes | 2 junio, 2018

Caracas.- Un enrejado negro, paredes desgastadas por el descuido, una escultura religiosa en la entrada principal, como si fueras a ingresar a un lugar de devoción, se vislumbraba en  aquella quinta llamada San José, situada en la avenida Bogotá de la urbanización Los Caobos, en Caracas.

Estando cerca de la vía principal, rodeada de casas  de esquina a esquina, nadie pensaría que entre sus paredes escondía un mundo plagado por la perdición, prostitución, drogas y abusos, que marcaron a tres abuelos, que quedaron a la suerte de un hombre, que mostraba a sus vecinos una fachada distorsionada de la realidad.

Foto: Lysaura Fuentes
Foto: Lysaura Fuentes

En 2007, año en el que se registraron algunos  acontecimientos de relevancia en Venezuela, las monjas de la congregación El Buen Pastor poseían la quinta San José, cuando un hombre de nombre Alonso Betancourt ingresó a la propiedad, se instaló, e hizo del lugar un geriátrico, con la ayuda de un médico psiquiatra.

Desde este año comenzó una pelea en los tribunales de Caracas, donde las monjas le exigían a Betancourt el desalojo de la propiedad. Era una disputa constante y mientras ocurría aquello Betancourt continuaba con el geriátrico.

Colocó 23 camas, que fueron distribuidas en nueve cuartos, sin embargo solo fueron llevados  al lugar 18 abuelos, que poco a poco terminaron siendo sacados del recinto por sus familiares, debido al estado de abandono y descuido del sitio.

Las triquiñuelas

Betancourt debía continuar con la fachada del geriátrico, teniendo en su poder a tres abuelos, que habían sido dejados por sus familiares y que no acudían a visitarlos, esto con la intención de no ser desalojado del lugar.

Foto: Lysaura Fuentes

Betancourt se valió de triquiñuelas para lograr su cometido, metió a vivir a una mujer, que fue su pareja, y a dos niños, que eran su escudo ante los tribunales.

Frente a sus vecinos se manifestó como un hombre  amable, pero detrás de esa fachada escondía un lado de depravación.

El lado depravado

En el día en la quinta San José no se escuchaba ni un ruido, muchas veces los vecinos hasta desconocían si aún continuaban viviendo abuelos en el lugar. Las sillas de rueda no rechinaban, no se observaban a familiares ingresando a ver a sus longevos, no se oía ni un grito o un llamado de desesperación.

En las noches todo era diferente, era como si cambiara el escenario de repente, llegaban carros a la entrada de la quinta San José, de donde se bajaban hombres de dudosa procedencia.

Muchachas de bello semblante con vestidos ajustados y tacones deambulaban por la quinta y se llevaban a cabo fiestas a puerta cerrada, donde se manifestaban las drogas, prostitución y brujería. Un ambiente de depravación, en medio de un lugar, donde vivían tres abuelos, abandonados a su suerte.

El descubrimiento

El jueves 24 de mayo tras la disputa por el desalojo funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) ingresaron a la quinta San José. En medio de un recorrido en el interior del lugar se encontraron con hallazgos perturbadores y alarmantes.

Foto: @maryorinmendez

Encerrada dentro de un cuarto oscuro, en una silla de rueda, en medio de un olor nauseabundo, que te deja sin respiración, se encontraba una abuela. Su aspecto era desaliñado, como si no hubiese sido atendida en meses, demacrada, afectada por el hambre y dopada.

En medio de aquella escena una mujer llegó a la propiedad, preguntando por su madre, cuando los funcionarios la interrogaron, para saber quién era, ella la describió y resultó ser la abuela que fue encontrada en el cuarto oscuro.

Tras una inspección médica de la abuela, lograron determinar que había sido abusada sexualmente, al igual que dos ancianos más, que se encontraban en el sitio.

Brujería y abandono

Basuras por doquier, pañales de adultos con excremento tirados en el piso, putrefacción en cada punto de la propiedad, pisos y paredes corroídas, alimentos dañados, colchones pestilentes, un escenario de descuido y abandono, no apto para vivir.

Aquella quinta San José parecía haber sido sacada de una película de terror. Cada punto de la vivienda era más deprimente y perturbador que otro.

Foto: @maryorinmendez

En el horno de la cocina encontraron ratas muertas, gatos y gallinas degolladas enterradas en el patio de la quinta, como un acto de brujería.

En medio de la inspección de ese lugar los funcionarios encontraron drogas, rastros de prostitución y a un joven de aproximadamente 25 años, que estaba en silla de rueda por una parálisis y al ser verificado en el Siipol presentaba una solicitud por homicidio. Cuatro personas de ese lugar, entre ellos Alonso Betancourt fueron detenidos.

Se logró conocer que anteriormente en medio de la disputa por el desalojo, una de las monjas de la congregación de El Buen Pastor fue sometida por Betancourt cuando le fue a exigir el desalojo. La mantuvo encerrada en la quinta hasta que los vecinos lograron sacarla del lugar. “Este hombre tenía diversas denuncias, pero por falta de un buen abogado, que apoyara a la monjitas, nunca lograban sacarlo de la vivienda. De allí sacaron a un abuelo que tenía dos días de muerto. Este hombre sabía cómo engañar por eso se salió con la suya hasta que fue detenido. La justicia tarda, pero llega”, dijo a El Cooperante una vecina que prefirió no identificarse.

 

 

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