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#CrónicaLetal: Siete días, siete cadáveres, trincheras militares y arbitrariedad fúnebre

Lysaura Fuentes | 23 enero, 2018

Caracas, 22 de enero.- Hombres vestidos de negro, con botas negras, chalecos antibalas, encapuchados, con cascos y armas largas de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) se apoderaron aquella mañana del lunes 15 de enero del kilómetro 16 de El Junquito, municipio Libertador de Caracas.

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Al sitio también acudieron los uniformados de verde con la insignia de la Dgcim (Dirección General de Contrainteligencia Militar), la Guardia Nacional (GN) y los casacas negras del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebín).





La calle empinada de la zona, a la que mayormente puedes acceder en moto o vehículo, parecía un campo minado, pero de uniformados con armas largas, cortas, lanzagranadas y lanzacohetes antitanque RPG-7 y un tanque. En grupos se encontraban apostados en cada punto de la zona para evitar un escape.

En el sector hay casas una al lado de la otra, algunas hasta encimadas. Se manifiestan con colores diversos, la mayoría con paredes altas y rejas. Ese día los vecinos no salieron de sus casas, tenían temor de lo que les pudiera ocurrir y los más osados observaban todo el barullo desde la lejanía.


Todo por un hombre y sus seis compañeros

En un chalet blanco de dos pisos, situado en el kilómetro 16, se encontraban siete personas identificadas como Óscar Pérez, el ex inspector del Cicpc, que se rebeló contra el Gobierno, Daniel Enrique Soto Torres, quien estaba recién graduado de Comunicación Social en la Universidad Rafael Belloso Chacín en Maracaibo, Abraham Lugo Ramos, Jairo Lugo Ramos (hermanos), José Alejandro Díaz Pimentel, quien fue funcionario de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim), Abraham Israel Agostini, fue de PoliAragua y Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, quien era novia de Jairo Lugo.

Óscar Pérez y sus compañeros estaban sitiados en aquel lugar de punta a punta. Al sitio acudió el mayor Rafael Enrique Bastardo, director de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), quien fue el encargado de la negociación.

Luego de momentos se comenzaron a escuchar las detonaciones, que retumbaban en el aire. Aquella situación era de nerviosismo, aceleración, incertidumbre y de hermetismo. Parte de los hechos fueron captados en videos que difundió el propio Óscar Pérez por medio de Instagram, donde se manifestó ensangrentado y aterrado. En uno de ellos aseveró “dijimos que nos íbamos a entregar y no quieren que nos entreguemos. Nos quieren asesinar”.

En otro video registrado manifestó que “tenemos heridos, nos siguen disparando. Aquí hay mujeres y niños”. Tras aquellos momentos, las detonaciones se hicieron más fuertes, aterrando a los habitantes de la zona. Luego no se manifestaron más videos de Óscar Pérez y se desconocía su situación.

Al hospital Dr. Miguel Pérez Carreño llegaban en ambulancias funcionarios con la insignia del FAES. Dos de ellos fallecieron en el sitio, quienes fueron identificados como Adriun Domingo Ugarte Ferrera y Nelson Antonio Chirino Cruz.

Luego de una investigación se conoció que Adriun tenía dos identidades, la otra conocida como Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera, quien aparte de funcionario también era miembro del colectivo Tres Raíces, situado en la parroquia 23 de Enero.

Todo un misterio

Aunque se presumía en ese momento que Óscar Pérez y su grupo habían sido asesinados en aquella operación, no existía un parte oficial sobre los hechos. Cuando la noche se apoderó de la capital un grupo de efectivos de la Guardia Nacional (GN) llegaron en motos hasta las inmediaciones de la morgue de Bello Monte. Se presumía que el cadáver de Óscar Pérez y sus compañeros habían sido trasladados hasta ese lugar, alrededor de las 06:30 de la tarde.

La noche siguió su curso hasta que el día siguiente, martes 16 de enero, cuando el sol no había salido aún, los uniformados de verde con escudos y armas antimotines se apostaron en los accesos a la morgue de Bello Monte. Algo que acentuaba aún más que los cuerpos de Óscar Pérez, cinco de sus hombres y el de una mujer se encontraban en aquel lugar.

El misterio de la muerte de estas siete personas culminó cuando alrededor de las 12:00 del mediodía el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Reverol, confirmó el hecho y los identificó. Desatando una cadena de sucesos y arbitrariedades.

Tras aquel anuncio, los familiares de los fallecidos comenzaron a llegar a la entrada de la morgue. Los primeros fueron los hijos de Pimentel, quienes estaban desesperados por identificar el cadáver de su ser querido, pero un efectivo de la Guardia Nacional se los impidió y les dijo que tenían que esperar los trámites administrativos.

Tía de Óscar Pérez (Foto: Lysaura Fuentes)

Luego de aquella respuesta por parte del guardia, los jóvenes rompieron en llanto y se sentaron en unos banquitos del recinto a manifestar su dolor por la pérdida de su padre. Ese día a la morgue también llegaron familiares de Abraham Israel Agostini.

(Hijos de Pimentel) Foto: Lysaura Fuentes

Cuatro días tomada por uniformados 

El miércoles 17 de enero la morgue de Bello Monte continuaba tomada por la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Ese día el despliegue fue aún mayor, colocando cinco alcabalas en los accesos principales, tanto fue así que la labor periodística fue restringida, sin embargo los testimonios salieron a la luz.

“Vengo a reconocer el cuerpo de mi sobrino para darle santa sepultura“, esas fueron las palabras de Aura Pérez, tía de Óscar Pérez, a su llegada a la morgue de Bello Monte.

Foto: Lysaura Fuentes

Con una camisa negra, pantalón oscuro, un bolso cruzado y una actitud recia la fémina se acercó a los guardias, entregó su cédula e ingresó al recinto forense.

Entre jueves y viernes fueron los días decisivos para el reconocimiento de los cuerpos y la entrega. Se había ventilado que la intención del Gobierno era cremarlos, pero luego fue desmentido tras las declaraciones de la abogada del Foro Penal Venezolano, María Fernanda Torres, quien afirmó que era falso y que los cadáveres no habían sido entregados a los familiares a la espera de una autorización de la Fiscalía Novena Militar, que llevaba el caso.

Foto: Lysaura Fuentes

El cansancio, desespero y dolor afectaron a los familiares de los fallecidos, quienes esperaban que los cuerpos de sus seres queridos les fueran entregados para así darles cristiana sepultura. Algunos hasta tenían la misma ropa con la que había llegado el primer día, otros en medio del desconsuelo terminaron lesionados tras sufrir un accidente de tránsito cuando se trasladaban desde San Cristóbal, estado Táchira hasta Caracas, como le ocurrió a Leidi Ramírez, hermana de Lisbeth Andreina Ramírez, fallecida en la operación Gedeón (que se refiere en hebreo a “destructor” o “guerrero poderoso”), como calificó Reverol el operativo en El Junquito.

El viernes aproximadamente a las 5:30 de la tarde se dieron a conocer las actas de defunción de Óscar Pérez, y dos de sus compañeros. En ellas constaban que presentaban una herida por arma de fuego con proyectil único en la cabeza.

Reuniones a puerta cerrada

Mientras ocurría todo esto a puerta cerrada en la morgue de Bello Monte el viceministro del Sistema Integrado de Investigación Penal, comisario José Humberto Ramírez sostuvo varias reuniones con directivos del recinto forense y con familiares de los fallecidos.

Foto: Lysaura Fuentes

También al sitio acudió el general de división José Eliécer Pinto Gutiérrez, quien es el director del despacho del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, quien se integró a las reuniones puertas adentro.

La despedida en medio de injusticias 

Desde tempranas horas del sábado 20 de enero familiares esperaban para trasladar a los fallecidos y así velarlos y luego proceder al sepelio, pero la historia fue otra. Lograron conocer que funcionarios trasladaron sin su autorización los cadáveres de Pimentel y Agostini al Cementerio del Este.

Abogada de familia Óscar Pérez Foto: Lysaura Fuentes

Al llegar al sitio el acceso fue limitado por un piquete de efectivos de la Guardia Nacional, quienes les impidieron el paso hacia la parcela, donde se encontraban los cuerpos. Pasaron horas gritando: “¡Déjennos pasar!”, estaban desesperados y afectados con lo que estaba ocurriendo. Luego de que Pimentel y Agostini fueron enterrados, los militares les dieron el ingreso al sitio de reposo de los cuerpos.

(Foto: Lysaura Fuentes

Con flores en mano, banderas y escritos a favor de un país que pide libertad rindieron tributo a los dos fallecidos. En medio de aquella situación los hijos de Pimentel se arrodillaron frente a la tumba de su padre y comenzaron a llorar. Muchos de los que estaban en el lugar también soltaron varias lágrimas.

(Foto: Lysaura Fuentes

Los cadáveres de Daniel Soto y los hermanos Jairo Lugo Ramos y Abraham Lugo Ramos fueron enterrados en el Cementerio de La Chinita, en el Zulia. El de Lisbeth Ramírez fue enterrado en medio de la noche y el dolor de sus familiares en un cementerio de San Cristóbal.

El domingo 21 de enero fue el turno de Óscar Pérez, quien fue enterrado en el Cementerio del Este, en su parte más alta. Aún este lunes venezolanos le rindieron tributo con flores y rezando un rosario para repudiar la forma como falleció.

Foto: Lysaura Fuentes
Foto: Lysaura Fuentes
Foto: Lysaura Fuentes
Foto: Lysaura Fuentes

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