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¿Cuál es el miedo que atormenta a Nicolás Maduro y le impide corregir el rumbo?

Danny Leguízamo | 23 noviembre, 2018

Caracas- Que el plan económico presentado en agosto no funcionó, ya lo sabe todo el gabinete de Nicolás Maduro. Nelson Bocaranda reveló este jueves que las reuniones con los empresarios en el Palacio de Miraflores han sido más de lo mismo. Y lo peor es que se acerca el 10 de enero. La toma de posesión. Ha pedido Maduro a los estudiantes que lo defiendan fusil en mano, si algo llegara a ocurrir. También hay que añadir la presión internacional. La amenaza del retiro de los embajadores que reveló Juan Carlos Zapata. Y claro, la crisis. La crisis que sigue siendo una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento. Pero Maduro no se atreve a corregir el rumbo. ¿Por qué?

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A Carlos Andrés Pérez lo crucificaron cuando arrancó un importante proceso de privatizaciones en su segundo mandato. Corría el año de 1989 y la sorpresa en Acción Democrática no era ni siquiera Pérez, sino el gabinete de Pérez. Resaltaba entre todos Miguel Rodríguez, un economista que traía bajo el brazo un plan de recuperación económica. El mejor plan macroeconómico que se haya presentado en Venezuela, opinan algunos economistas. Y claro. La receta incluyó privatizaciones de empresas estatales que estaban dando pérdidas. La Cantv fue una. Terminó convertida -gracias a la privatización- en una empresa que cotizaba en la Bolsa de Nueva York. Hugo Chávez la re-estatizó. Y ahora es la nada, como señalaba un reportaje de Reuters al respecto.





El aprendizaje en Venezuela fue lento, pero seguro. De que las estatizaciones y los controles no servían para nada, se dio cuenta Carlos Andrés Pérez antes de entrar en su segundo mandato. Pérez sabía que la apertura económica era obligatoria. Que Venezuela debía entrar en el proceso de la globalización. Se aproximaba el siglo XXI. Viejos modelos tenían que ser abandonados. Los controles. Las regulaciones.  Y la intervención agresiva del Estado en asuntos cambiarios, que siempre terminan en focos terribles de corrupción. De todo eso y más iba el plan Pérez. Un plan que se lo frustraron entre sus enemigos de siempre, los enemigos de los adecos, los militares, los empresarios, las viudas de Isaías Medina Angarita y de Marcos Pérez Jiménez (“los náufragos”, diría Pérez), y porqué no, su propio partido, Acción Democrática, que se debatía en la guerra entre el lusinchismo y el perecismo.

A Pérez le frustraron no solamente el plan, sino su Gobierno todo. Terminó siendo el mayor pagano de los pecados de la IV República, que digan que lo que digan, con más aciertos que errores, fueron los mejores cuarenta años de la historia de Venezuela. 

Maduro no quiere ser pagano de la V República por emprender una rectificación del modelo que, se sabe, implica profundas reformas monetarias, fiscales y cambiarias. Esto no puede hacerse si no se tiene un base de respaldo partidista. Y dentro del Psuv hay fracturas. Demasiados jefes. Y demasiados jefes impiden la toma de decisiones de este tipo, es lo que ha dicho Ramos Allup al respecto.





De alguna manera, luce entrampado el presidente de la República, tal como señaló Jesús Seguías en su más reciente análisis sobre el clima político y económico del país. Y añadimos nosotros: entrampado por el aspecto económico, que aunque lo nieguen, una crisis de hiperinflación se sabe por dónde comienza, pero nunca en qué termina, igual que los golpes militares y las invasiones extranjeras. Que la oposición no ayude por estar escindida, ya es harina de otro costal.

 

 

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