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La Lupa

Cuba regresa al capitalismo pero lo disfraza con su bla bla bla ideológico

De los 127 rubros que la dictadura castrista permitía explotar para generar ganancias privadas, ahora los amplió a más de dos mil. Pero para disfrazar su rotundo fracaso en el área económica, el régimen suplantó las palabras sector privado por «trabajo por cuenta propia», algo que ha generado en la arruinada isla más de 600 mil empleos y un alza en la tasa de ocupación de 13% en los últimos años. Aún con el bloqueo de Estados Unidos, el libre mercado hizo de las suyas en Cuba y difícilmente sus habitantes querrán regresar a la época de la caverna comunista.

Foto: AFP

Caracas.- Envuelto en un celofán de palabras y conceptos ideológicos para justificar una medida que huele a capitalismo, las autoridades cubanas finalmente se rindieron ante la realidad y han autorizado que más de 2000 rubros sean aceptados en la lista de lo que llaman «trabajo por cuenta propia», una medida que hasta ahora había incluido a  solo  127 actividades las cuales, sin embargo, significaron el 13% en la tasa de ocupación y 600 mil empleos, sin intervención alguna del gobierno. 

La lista, según el diario Granma, «no incluye actividades consideradas ilícitas para todos los actores económicos o prohibidas expresamente por ley, como la caza y pesca de especies prohibidas y en peligro de extinción, la explotación de las plantas endémicas, el empleo infantil y el trabajo forzado, entre otras». O sea, casi todo. E

En una nota publicada por la agencia oficialista cubana, que podría dar risa, lo explican así:

«En las actuales circunstancias trabajar no es una opción sino una necesidad porque ahora la distribución de las riquezas se hace de acuerdo con el principio de que el que más aporte y trabaje y más eficientemente lo haga, gana más. Con ello se mantiene el precepto de justicia social de la Revolución, pero sin igualitarismo.»

Igual que en Estados Unidos o en Vietnam, donde el que más aporte (el empresario) ganará más, los cubanos descubren que trabajar es una necesidad y que la distribución de la riqueza la decidirá el libre mercado. «Cero igualitarismo», dicen. O sea, adiós a la revolución y su muchedumbre de flojos. 

Y si bien mucho de lo que dijeron en ese consejo de ministros aludía tanto a las multas que impondrán  a quienes incumplieran algunas leyes así como al exceso de trámites que van a exigir para que  los cubanos empiecen a disfrutar las mieles de su trabajo, cabe imaginar que la corrupción- ese viejo aliado del socialismo del Tercer Mundo-,  seguirá presente en la isla donde, como en Venezuela, basta un contacto con algún pez gordo del régimen para obtener desde un kilo de carne extra en la libreta de racionamiento hasta  ingresar sin problema a un hotel de lujo, esos que en Cuba están prohibidos para los nacidos allí. 

Y aunque la realidad parece indicar que el asunto comenzará por pequeñas empresas, cabe suponer que la dinámica económica  las hará crecer y, tal como alguna vez proyectaron empresas  transnacionales de gran envergadura en Miami, la invasión a Cuba la realizarán final y exitosamente los grandes capitales para quienes uno de los enormes beneficios que ofrece la isla es que sus obreros desconocen lo que es un sindicato o luchar por sus beneficios, una masa acrítica y resignada dispuesta a dar el máximo por su patrón a cambio de un salario que le permita vivir bien. Esa es la gran herencia revolucionaria, el paraíso del capitalismo salvaje.

La ministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó Cabrera,  aseguró que «Esta nueva situación elimina las anteriores normas, lo cual va a posibilitar desatar las fuerzas productivas en este sector». Y si bien no faltó la clásica acusación al imperialismo y su bloqueo,  a quienes culpabilizan por la pésima situación económica de la isla, lo cierto es que Cuba ha hecho  un «giro a la derecha», para decirlo en su lenguaje, obligada por la miseria que cunde ahora sin el auxilio de  Hugo Chávez y Nicolás Maduro, quienes, como la antigua Unión Soviética,  habían mantenido a esa criatura caprichosa que se negaba a ganarse la vida con el sudor de su frente. De modo que los cubanos empezarán  ahora a transitar la ruta de la competencia, el trabajo duro y un trocito de libertad, así sea para vender y comprar lo que les dé la gana. Que por algo se empieza.





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