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De Agroisleña a Agropatria: El milagro de la revolución que originó el bachaqueo agrícola

Christhian Colina

Christhian Colina.- Bastaron cinco años para que el Gobierno nacional asumiera el fracaso de la expropiación de Agroisleña y la capacidad de la rebautizada Agropatria para maniobrar en la actual crisis económica que agobia al país. Una prueba de ello, es que la revolución en voz del ministro de Producción Agrícola y Tierras, Wilmar Castro Soteldo, reconoció la existencia de conversaciones con los antiguos para “este litigio que está en marcha”.

Agroisleña está expropiada. Ven a mí que tengo flor. Se acabó el tiempo de la Agroisleña ésta. Hago un llamado a sus dueños para que se pongan en contacto con el ministro (Juan Carlos) Loyo y el vicepresidente Elías Jaua. Pasa a ser ahora propiedad popular, propiedad patria”, anunció al país el fallecido Hugo Chávez el 3 de octubre de 2010, en uno de los tantos tubazos dominicales con que sorprendía a sus seguidores y detractores.

Al momento de la adquisición forzosa –que nunca culminó en el pago- la empresa con 52 años de historia en el país, contaba con 65 sucursales en 19 estados y tenía capacidad de proporcionar financiamiento a más de 18 mil pequeños productores. Además la firma agrícola fundada por inmigrantes españoles poseía ocho silos con capacidad de más de 56 mil toneladas métricas y contaba con un plan especial de siembra que arropaba a más de 4 mil agricultores y en el ciclo de cosecha del año 2011 tenía previsto apoyar unas 10 mil hectáreas de cultivos.

Luego de la medida gubernamental, desde la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios aseguraron que con ello buscaban asestar un duro golpe a Empresas Polar, por cuanto un alto porcentaje de las cosechas depositadas en los silos de Agroisleña eran compradas por Lorenzo Mendoza para su propia producción agroindustrial.

Chávez aseguraba que con las medidas acababa con un oligopolio que se enriquecía con el esfuerzo de los campesinos, sin embargo su legado se traduce en la creación de un monstruo del Estado que en sus inventarios muestra desolación y una amplia red de bachaqueros. Bajo la mirada indolente del Estado, en la empresa socialista se pueden escuchar un sinfín de denuncias de reventa de semillas.

Campesinos que frecuentan la sede de Agropatria en el sector El Rayado de Turmero, en el estado Aragua, denunciaron en exclusiva a El Cooperante que los anaqueles generalmente se encuentran vacíos, sin embargo los mismos trabajadores los abordan para informarles que una lata de semillas de cebolla “la pueden conseguir” en 48 mil bolívares (el precio oficial es de 3.240 bolívares), la misma suerte corre la semilla de arroz que está regulada en 9,63 bolívares y en el mercado informal alcanza los 3.500 bolívares.

Durante un foro organizado la semana pasada por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice) para abordar el tema, Claudio Motolongo, socio y gerente de la otrota Agroisleña, reveló que para convertir a Agropatria en lo que fue en el pasado se requiere una inversión aproximada de 3.500 millones de dólares y, “en las mejores condiciones”, tomaría entre tres y cinco años.

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