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De guardias a malandros: Extorsión a comerciantes y deportistas proliferan en El Ávila

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Lohena Reverón.- “¿Tú sabes qué hicieron hace poco los Guardias Nacionales? Estaban unos japoneses allá arriba, les quitaron el pasaporte, les pidieron 50 mil bolívares, subieron otros dos japoneses corriendo a llevar la plata, nosotros los vimos cuando pasaron por aquí, porque supuestamente los iban a extraditar”. Este es uno de los relatos en torno a la reputación actual de los funcionarios castrenses que tienen a cargo el resguardo del Parque Nacional El Ávila, específicamente por la entrada de Sabas Nieves.

Los robos por parte de la delincuencia común se quedan cortos, ante la denunciada actuación de los efectivos militares, quienes son vistos de reojo por los comerciantes autorizados por Inparques que hacen vida en el pulmón vegetal de la Gran Caracas. No patrullan, todo el día están metidos en el teléfono, pero cuando se disponen a hacer requisas seleccionan “muy bien” a las personas, tienen que ser matraqueables, usando lenguaje criollo.

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“Tú vas subiendo y en la cartera llevas, unos cigarros, un yesquero y dos condones, te los quito, y te pido real de rescate”, relata una de las vendedoras de chucherías, que ha visto no sólo el susto de quienes bajan después de un robo, también vive en carne propia la exigencia de los efectivos. “A nosotros nos han intentado matraquear, nos piden mercancía y nos amenazan con sacarnos. Ni el presidente Chávez si volviera a nacer  tiene rebaja. Se me arrechó, pregúntame, ellos trabajan, yo estoy trabajando”, dice indignada.

Cuando algún grupo de aspecto extranjero pasa por la alcabala de la GNB, no lleva pasaporte o visa, le quitan el celular, dinero, los amenazan, los golpean, especialmente a los asiáticos a quienes “tienen a monte”. El pasado fin de semana se presentó el caso de unos integrantes de la delegación China, pero los militares respondieron que no les interesaba. ¿Dónde está el pasaporte? No los vamos a dejar ir. La misma gente los defendió, porque si no los hubieran golpeado como hacen con muchos. Esta ha sido la experiencia de quienes desearon subir al Ávila.

Aunque no todos los que visitan el parque nacional caraqueño han sido presa de los niveles de delincuencia que allí imperan, no dejan de desconfiar de aquellas personas con las que coinciden en sus senderos. Evitan la cercanía con otros. Saben que el hampa se disfraza de atleta, muchos son los que suben en motocicletas, roban en el camino y bajan como uno más, en algunos casos se presume de la inocencia, en otros de la culpabilidad. Lo que es evidentemente trágico, es que en casi ningún rincón de Caracas se puede confiar.

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