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La Lupa

De los bodegones a la industria: ¿y la entropía?

Desde el 22-4-22 hasta la fecha, Maduro ha hecho 6 cambios de ministros. Incluso, de un ministro cercano que apenas duró 23 días en el cargo ¿Cómo explicar estos cambios? Mi hipótesis es que lo que tienen en común –principalmente los últimos 4 anunciados el día 16-5-22- es que, para el presidente, son funcionarios que producen resultados y en su visión lo prioritario ahora es la industria. Maduro pudo concienciar que la “economía de bodegones” toca techo y que una economía sólida requiere de la manufactura. Se mueve, entonces, con personas prácticas y que puedan promover inversiones en este campo. Por supuesto, hay una meta política: ser reelegido con menos cuestionamientos como fue en 2018 ¿Puede lograrlo? No tengo una respuesta. En economía, los autoritarismos hacen experimentos y la sociedad es el laboratorio porque no hay pesos ni contrapesos y menos información. Nadie conoce el “ajuste a lo Maduro” en su totalidad sino cuando anuncia medidas como la venta de acciones de empresas públicas en la bolsa, cuyos detalles se desconocen. Así que es posible que vayamos a la “etapa de la industria” del “ajuste a lo Maduro” dentro de la entropía propia del gobierno

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Caracas.- El gobierno no se detiene en lo político. Lo que hace puede parecer errático, discontinuo, o un motivo para burlase o de sospecha para quienes lo analizamos, pero siempre hay una lógica y una meta. La de ahora es crear un ambiente para ser reelegido en 2024. En la mente de Maduro hay una idea tipo, “que la gente piense que puede llevar una vida, aunque yo no les guste, y mi gobierno ayudará a que puedan llevar esa vida. Si votan por mí mejor, pero que no lo hagan por la oposición”.

El presidente quiere ser reelegido con menos críticas o con menos motivos para ser desconocido como fue en 2018. Eso lo tiene en su cabeza. Junto a lo anterior, creo que Maduro, por lo que dijo en la actividad cuando presentó el “1 x 10 del buen gobierno” el día 20-5-22 –aunque lo ha comentado otras veces- ve que la sociedad no se echó a morir por el conflicto político y por la pandemia. La gente le “echó un camión de bolas”. Maduro lo nota. Esto lo llevó a concluir, junto a la “línea roja” del ejecutivo que es mantener la estabilidad política, que la economía es importante.

El mundo oficial también cuenta con el clima que hay en la oposición que es de desánimo. El discurso de la oposición de “resultados rápidos” y de estigmatizar a todos los que no compartieran ni compartan la estrategia de la “presión y el quiebre”, se le devolvió a sus creadores y difusores. Buena parte de su público no cree que un cambio político es posible. Se refugia en el pasado, en la victimización, en llevar una buena vida dentro de su burbuja a la espera “del quiebre”, y su frustración la desplaza contra quienes antes defendía o creía.

El día 22-5-22 El País de España publicó una interesante nota sobre los cambios económicos en nuestro país, titulada “El capitalismo desbocado se abre paso en Venezuela”. Fue firmada por Juan Diego Quesada y Flor Singer. La nota terminó con una cita de una mujer que tiene varios trabajos para tener un ingreso –la realidad para los que no son “ganadores” del “ajuste a lo Maduro”- que fue entrevistada.

A mi modo de ver refleja el “mood” de buena parte de la población. La entrevistada por El País afirmó que “A nadie la importa la política, todo eso murió. La gente se acostumbró a que viviremos con un mismo gobierno, algunos lo llamarán dictadura, pero no puedes perder la vida en eso, todos tenemos muchas cosas por hacer”. Demasiada acertada la cita de la nota y la opinión de la señora. Encierra el problema para la oposición: cómo vencer el ánimo de “nada es posible”, del “no puedes perder la vida en eso” (si es o no una dictadura), de la inercia, de las “calles ciegas” en donde está por la represión del gobierno, pero también por su fracasada estrategia. A la oposición le falta su “Vuelvan caras” para vencer el ánimo de derrota que se esconde en un “estamos en la resistencia”.

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El ejecutivo trabaja en las “muchas cosas por hacer” de la cita de El País –la economía- y ya es frecuente que el presidente hable de “estabilizar, estabilizar, estabilizar” los “valores fundamentales” de la economía. En las 6 líneas que Maduro habló el día 20-5-22, lo social ya no es la primera, sino la economía. Concienció que sin una economía “estable en sus valores fundamentales” no puede haber política social.

En otros momentos de su vida, la oposición abanderó el discurso económico, pero lo abandonó por la retórica de los “incentivos”, de la “crisis humanitaria compleja”, y “si quieres agua, primero hay que cambiar al régimen”. Hoy, por la nota de El País, pocos esperan “el cambio de régimen” pero “quieren agua”, y el gobierno se apropia de los significados de la oposición y los lleva a la realidad en su estilo, pero lo hace. El más importante es el económico. Hasta la idea de capitalismo popular que adelantó María C. Machado y luego dejó por la perorata de la “amenaza creíble”, el ejecutivo la adapta al anunciar la venta de acciones de empresas en manos del Estado como el popular Banco de Venezuela, entre otras. En una actividad del día 25-5-22 Maduro habló de un “Big Bang en la economía”. A lo mejor un día sorprende y emplea un término muy caro al capitalismo: la “destrucción creativa”. 

Me luce que Maduro sensibilizó que la “economía de bodegones” tocó techo. Para emplear el lenguaje de los economistas, quiere subir la “frontera posible de la producción” de los bodegones a la industria. Así interpreto los cambios de ministros que anunció el día 16-5-22.

Una advertencia. Como no chavista trato de comprender al chavismo, tarea que no es fácil. Cuando Maduro anunció el primer cambio de ministros el día 22-4-22, con la entrada de Juan Carlos Loyo y Juan Arias a pesca e industrias respectivamente, escribí para el portal de la casa, El Cooperante, un artículo titulado “¿Todo bien en el PSUV?” publicado el día 16-5-22, en el cual analicé los nombramientos de Loyo y Arias. Pensé que Arias duraría más, pero no, apenas estuvo 23 días como ministro.

La advertencia, entonces, es leer este análisis con precaución porque puedo volver a equivocarme.  

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Primero hay que conocer el contexto en donde se anunciaron los nuevos 4 ministros. En la actividad del día 16 de mayo, Maduro habló sobre la necesidad de “remodelar” las prioridades del gobierno. Pasa de la tesis de “no coger la vereda sino agarrar el camino” a la tesis de “no hay que dejar que el agua se estanque”, aunque las dos tesis no se contradicen. Siente que el ambiente político va más rápido –señaló que “vienen cambios vertiginosos, ya verán”- y considera que el gobierno debe estar a la par de los cambios. Esto es algo característico de la personalidad de Maduro: no quiere estar detrás de las cosas, sino a la par o adelantarse a los hechos. Me atrevería a decir que un 40% de su tiempo político se va en pensar ¿cómo adelantarse a los hechos? 

Hay que ver el motivo para “remodelar”: si es por la guerra en Ucrania, por la emergencia de fuentes petroleras que los EUA y Europa buscan, o con el anuncio de explorar volver a México, ya sabe que tendrá que aceptar un 2024 menos desigual en las reglas electorales, por lo que compensa al buscar un gobierno más activo y competente. O quizás sea aprovechar el momento que vive Venezuela de menos apremios económicos. En esa actividad del día 16, Maduro se vio genuinamente entusiasmado con los datos económicos del primer trimestre los que, aunque no se saben los del BCV, para el Observatorio Venezolano de Finanzas –que no es cercana al gobierno- la economía creció casi 8 por ciento en el primer trimestre de 2022.

El presidente volvió a afirmar que Venezuela “no se está arreglando” sino que la pregunta es “cómo consolidar los logros que hay”. El gobierno no quiere crear falsas expectativas para que la gente “se las eche al hombro” sino comunicar que la economía sale del foso y que el reto “es consolidar la primera fase” del ajuste económico.

En este contexto anunció los nuevos 4 ministros en la lógica de un gobierno flexible y la tesis “que el agua no se estanque” que ahora maneja. Mi hipótesis es que los cambios responden a una estrategia mayor del gobierno ¿Cuál es en los cambios de ministros?

El ejecutivo observa que la economía mejora, que en Venezuela hay capacidades y activos del pasado que están ahí, es decir, hay cosas que no hay que hacer sino ya están. Gobierno y sociedad levantaron en el pasado una infraestructura que todavía existe. Así esté en el suelo, pero allí está. No hay que comenzar de cero. Allí siguen Guri, las refinerías, o los Tuy para dar agua. Desmejorados, pero esos activos posiblemente otras naciones no los tienen. Junto al dinero por salida de capitales, son dos atributos únicos de Venezuela frente a otros países. Mi hipótesis es que Maduro observa esto. Ve en la manufactura un pilar para que la economía mejore en la idea de promover exportaciones y generar un mercado interno. Aquí entra la designación de Hipólito Abreu.

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Una novedad que dejó ver la designación de ministros es que Maduro tiene un criterio de “meritocracia en función de las circunstancias”, que para mí es errado, pero para Maduro tiene sentido. El caso de Hipólito Abreu. No es que Juan Arias no sirva –a lo mejor designar a Arias fue una jugada pragmática de Maduro porque Arias fue representante ante la OIT, y esta organización vino al país y el gobierno le ofreció ese gesto- sino que, a los ojos de Maduro, Abreu es más práctico que Arias para producir resultados. Considera que Abreu logró resultados en el Metro, no tanto en el funcionamiento al público que es muy deficiente, sino en recuperar trenes y en desarrollar una tecnología “Made in Venezuela”. Igual con el transporte náutico. Una serie de barcos “Hecho en Venezuela” que promovió este ministerio para el transporte de personas de zonas lejanas a tierra firme. En otras palabras, Maduro ve resultados en Abreu y a Arias quizás lo ve como un político, pero no como una persona práctica que es lo que Maduro quiere en industrias: que comiencen a funcionar. Quizás por esto duró poco en el cargo.

Si mi hipótesis tiene base, a lo mejor Maduro priorizó la industria por su propio convencimiento o por debates con sus asesores. Hay que recordar que los sistemas autoritarios pasan por etapas de “ensayo y error”. La sociedad es su laboratorio, con resultados desastrosos como fue la época de controles a pesar de la experiencia de Venezuela en otros momentos. Nadie conoce el “ajuste a lo Maduro” sino solo cuando se concreta. Nadie esperaba, por ejemplo, el anuncio de la venta de acciones de empresas públicas en la bolsa, cuyos detalles todavía no se conocen. El clásico estudio de Amartya Sen: en los autoritarismos son más probables hambrunas que en una democracia porque en las segundas hay pesos y contrapesos y opinión pública. En los primeros no, por lo que sus errores no pueden corregirlos. Lo que hay son experimentos por etapas. El gobierno puede estar en su “etapa de la industria”. Incluso, en una actividad del día 25-5-22 el presidente habló de un “plan piloto de industrialización de los barrios”.

Como Abreu, es el caso de Velásquez Araguayán para transporte. Es militar de la aviación. No conozco los números financieros y operativos de la empresa, pero en imagen se nota que el aviador puso a Conviasa en un buen nivel. Es lo que Maduro ve y lo llevó a transporte en la idea que pueda lograr lo que no se ha podido: un metro que funcione para el público y que la flota Yutong no sea un cementerio de autobuses. En otras palabras, Maduro quiere replicar en el transporte lo que Velásquez hizo en Conviasa. Para Maduro lo hizo muy bien, con resultados.

Estos dos nombramientos son “gerenciales”. Pero hay otros dos que responden a realidades políticas.

El primero es Francisco Torrealba para el ministerio del Trabajo. Ya estuvo en esta cartera entre 2016-2017 ¿Por qué regresó? Es probable que sea un efecto de la visita de la OIT. Torrealba es una persona que habla con la oposición. No comunica ser un “radical” del chavismo sino una persona que conversa con sus adversarios. Forma parte de la delegación oficial en México y es el designado por esa delegación para trabajar los mecanismos de conversación con la sociedad civil, junto a Claudia Nikken en representación de la plataforma unitaria.

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Si Maduro busca activar la industria, es razonable pensar en una persona con capacidad para dialogar con sindicatos y empresarios. Esa persona puede ser Torrealba.

Si se ve en el tiempo, los ministros del trabajo del chavismo son personas que no comunican dinamismo sino ser de otra época, que ven al trabajo con un lente solo marxista y no hablan con el sector privado. Como muy tradicionales. Quizás Maduro quiera darle dinamismo al ministerio y a lo que puede ser una “tripartita”, y la persona es Francisco Torrealba.

Hay nuevo canciller. Es Carlos Farías. Viene de ser embajador de Venezuela en Rusia. Maduro elogió a Plasencia y afirmó que tendrá otro destino. Estas loas al excanciller me hacen pensar que Maduro lo quitó porque no lo ve en el puesto para esta etapa de la estrategia del gobierno. Maduro justificó la designación de Farías con motivos geopolíticos –también fue ministro de industrias y comercio entre 2016-2017, y es hermano de Jesús Farías, diputado del PSUV- porque no es diplomático de carrera, su vida profesional fue en el sector industrial privado ya que es un ingeniero graduado en Ucrania.

No sé qué ve Maduro en el campo internacional. Posiblemente sea que la guerra en Ucrania será larga, y bajo su lógica del mundo multipolar, un canciller como Farías puede ser mejor que Plasencia porque viene de ser embajador en el país aliado por excelencia del ejecutivo: Rusia. La guerra en Ucrania será larga y quizás el gobierno no siente la presión de cuando comenzó. Hoy ve que Rusia reordena sus aliados y con la designación de Farías quiere comunicar que se mantiene leal al Kremlin. Pero puede haber otro motivo por el currículum de Farías.

Un canciller geopolítico e ideológico, pero también uno para las inversiones en la industria, y Plasencia esté en una actividad diplomática de otro nivel, pero con el mismo propósito: promover inversiones para la industria y la manufactura. La lógica para designar a Farías puede ser, entonces, que combina la visión geopolítica en el escenario euroasiático al tiempo que viene del mundo industrial, que es lo que ahora el ejecutivo promueve. 

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Lo que los 4 nombramientos tienen en común, junto a que los 4 son del círculo Maduro o son cercanos, es que todo apunta a la idea de activar la manufactura, la industria, las fábricas que es lo que Maduro estima le dará piso a la economía.

Es probable que su apuesta es a que ocurrirán grandes inversiones con un país más tranquilo y por eso el anuncio de ofertar acciones de empresas del Estado. En sencillo, hacer del país atractivo a la inversión de manufactura o servicios y para eso necesita un ministro del Trabajo no “tradicional” y funcionarios que den resultados, más vinculados a la industria como Abreu y Farías, y mejorar los servicios de transporte, fundamentales en un proceso para producir, y la persona es Velásquez Araguayán.

En definitiva, más que un criterio político, Maduro favoreció un criterio económico-de gestión porque la economía, ahora, “es la niña de sus ojos” por supuesto, con una meta política: mantenerse en el poder, pero la visión es más en grande, con la industria y la manufactura para no quedarse en la “economía de los bodegones”, que ya muestra señales de agotamiento y de inercia.

Si asumo que esta hipótesis tiene bases, la prueba estará en los hechos. El gobierno es muy bueno en planes, en escenarios, y en análisis, pero malo en la ejecución. Por supuesto, esto es irrelevante en términos del poder. El gobierno se mantiene, pero sí es relevante si el objetivo es mejorar su posición de cara al 2024. Aunque es un gobierno autoritario, la última palabra la tienen los votantes, aunque éstos no lo crean. Un criterio será la gestión. El ejecutivo está consciente de esto y por lo menos desde 2020, busca mejorar su desempeño, pero no hay buenos resultados.

Su ideología del poder concentrado y la excesiva supervisión no lo ayuda. Es la lógica de la izquierda insurreccional que parte de la idea que las fallas no son del sistema sino de las personas que se “corrompen por los vicios del capitalismo”. Por eso son modelos que creen mucho en los controles. Su ideología muy “Ché Guevara” del “hombre nuevo” no el sistema.

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El día 16 de mayo se presentó otro sistema para supervisar: el “1 x 10 del buen gobierno”, aunque ya existen mecanismos para denunciar como los 0800 de los servicios públicos. Otra burocracia. Ahora la idea de Maduro es que, porque el 1 x 10 funcionó en las elecciones, será algo así como “los inspectores del gobierno”. Eso no va a funcionar, pero Maduro está encandilado con su “juguete nuevo”. Nadie es capaz de decirle que no solo baile salsa, haga un TikTok, sino que lea a Deming, por ejemplo, en la calidad total y que los errores no son de las personas sino del sistema (99% “causas comunes”). El presidente jura que con el 1 x 10 mejorará la gestión. Mi apuesta es que esta fiebre durará como tres meses, y hasta allí llegará, sustituida por otro juego de palabras.

Los balances de este modelo son pobres a mi modo de ver. El día 23-5-21 se hizo uno. Maduro contento leyendo las denuncias del 1 x 10. En una de esas, en Caracas -creo en Chacao o Libertador- se quejaron por la escasez de agua. Maduro calló por unos segundos, como sin saber qué decir. Tal vez pensaba que sería una denuncia con un TikTok con un bote de agua -que le encantan- pero fue que no hay agua. Leyó la denuncia. Silencio, pero luego le dijo a Reverol, “Reverol, móntate en eso”. Aquí está lo limitado del 1 x 10. Servirá para un TikTok, pero para más nada. Cuando el problema es de envergadura como la escasez de agua en general, el presidente no tiene nada qué decir, sino “móntate en eso” que será agua por uno o dos días para calmar la denuncia, y luego volver a la escasez.

El problema es que dar agua es algo más complicado que un “móntate en eso”. Son proyectos, planificación, inversiones, obras importantes, mantenimiento, tarifas, personal capacitado, gerentes, que un 1 x 10 así los camaradas tengan la mejor voluntad, no podrá resolver.

El día 26-5-22 hubo otro balance del 1 x 10 pero en salud. Diálogo entre el presidente y la ministra de Salud, Magaly Gutiérrez. La ministra habló de casi 400 denuncias que su ministerio agrupó en 4 grupos ¿No sería mejor que la ministra trabaje en la visión a largo plazo en vez de tenerla llenando reportes?

El presidente indicó que van a nombrar “inspectores secretos” para los hospitales. Más burocracia. Maduro vive su fantasía de la Europa del Este en la era soviética: un supervisor del supervisor que supervisa a los supervisores que supervisan a los supervisados ¿Cuánto nos irá a costar este ineficaz experimento? ¿No sería más sencillo transferir esta competencia a los gobernadores, con el presupuesto, y darles flexibilidad para la gerencia de los hospitales? ¿No sería mejor un plan piloto para darlos en concesión o una figura parecida a ONG o grupos de la sociedad que puedan administrarlos realmente? O incluso, a la propia comunidad de los hospitales. Que los administren.

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Eso sí sería una verdadera “revolución”, pero no sé si el gobierno estará dispuesto a ceder poder y su biopolítica -en este caso, en la salud- para reducir la “mafia de los hospitales” de la que Maduro se queja con amargura. Esa mafia la crea la burocracia de la burocracia que el ejecutivo promueve. El 1 x 10 no la va a eliminar. Agarrarán a un “pendejo” como fue la denuncia con los tractores en Aragua. El gobierno hará fiesta con eso, será el “caso ejemplarizante”, pero el problema de fondo seguirá. Los tractores del Estado seguirán siendo alquilados por particulares.

Por cierto, cuando CAP fue ministro de relaciones interiores en el gobierno de Rómulo Betancourt también usó “inspectores secretos” para temas vinculados a su ministerio. Por la violencia política que a Betancourt le tocó enfrentar, los “inspectores” no fueron muy útiles.  

Esto hay que tenerlo siempre en cuenta a la hora de evaluar los planes del gobierno de Maduro. Son muy buenos, son audaces, pero chocan con su entropía. Que la economía de bodegones toque techo prueba esa entropía. El ejecutivo se estancó en una limitada apertura, pero no parece ir más allá por limitaciones ideológicas y políticas ¿Podrá el presidente salir de su propia “agua estancada” que es una ideología anclada en un mundo que ya no existe, pero que da poder político? Sería lo ideal si la meta es pasar de la economía de los bodegones a la industria, que es lo que Maduro quiere promover en este momento.



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