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De los fusiles a los lápices, exguerrilleros de las FARC se enfrentan a nuevo reto (+Crónica)

El Cooperante | 17 agosto, 2017

Pondores, 17 de agosto. EFE.- A sus 46 años, Luis, un exguerrillero de las FARC que se vinculó a ese grupo cuando era adolescente, sabe que ahora que entregó su arma la lucha que se avecina no es a sangre y fuego contra la Fuerza Pública colombiana sino con inteligencia y dedicación para dejar de ser analfabeta. Luis, quien prefiere no revelar su verdadero nombre porque siente miedo, nunca ha ido a la escuela.

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Nació “en algún lugar de Córdoba”, un departamento en el norte de Colombia en donde reside su familia, a la que dejó atrás cuando tenía 17 años para vincularse a la guerrilla y a la que todavía no ha contactado para decirle que está vivo porque teme que la guerra quiera tomar venganza. La pobreza hizo que estudiar fuera una utopía y lo llevó a alzarse en armas.





“No fue fácil. Se equivoca la gente que piensa que nosotros combatimos por gusto. En realidad nadie quiere morir de un balazo, aguantar hambre y tener siempre miedo a que haya un bombardeo, pero es que a veces las opciones se reducen a estar así o a no tener nada”, dijo Luis a Efe. Aunque de mirada dura y piel curtida por el sol que soportó durante las interminables caminatas cuando aún el conflicto entre las FARC y el Gobierno colombiano estaba en su apogeo, este hombre se desmorona un poco cuando asegura que le duele que la sociedad crea que los hoy excombatientes no tienen sentimientos.

“Yo tengo familia y la amo y me gustaría decirles que vinieran y que mis camaradas los vieran y supieran que no estoy solo, pero a pesar de que ya se firmó la paz todavía no hay condiciones de seguridad para hacer eso”, sostuvo. Por ello, prefiere esperar y que cuando por fin se produzca el tan anhelado reencuentro sus allegados se lleven la sorpresa de que Luis aprendió a leer y a escribir porque esa, indicó, es su “siguiente batalla”.

Desde que nos desmovilizamos he tenido tiempo para pensar que lo primero que tengo que hacer es validar la primaria, luego el bachillerato y finalmente ir a la universidad, porque me gustaría ser un ingeniero de sistemas”, manifestó. La actitud de Luis cambia cuando habla del futuro y poco a poco la rudeza le da espacio a las sonrisas y la ilusión. Pero, la tristeza vuelve al recordar que no son solo los exguerrilleros quienes se vieron en la necesidad de formar parte de la lucha.





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Por ello, ahora que ya se completó el desarme de las FARC y que las 26 zonas veredales transitorias de normalización (ZVTN) en las que los guerrilleros se desmovilizaron se van a transformar en “Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación”, este excombatiente considera que pronto podrá cumplir su sueño de estudiar. Lo mismo opina Albeiro Sánchez, otro “camarada” del frente 59 de las FARC presente en Pondores, un pequeño poblado del sur del departamento de La Guajira, en la frontera con Venezuela, de donde este martes salió el último contenedor con arsenal entregado por el movimiento insurgente.

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