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La Lupa

Despedido del Aeropuerto de Maiquetía en pandemia: su liquidación fue de 20 dólares

"Cualquiera cree que porque uno gana en dólares vive bien, pero no es así. Creo que ahorita en Venezuela nada alcanza, y menos con tantas responsabilidades. Uno vive al día, compra un poquito de carne molida, picadillo de pollo, unos huevitos y así va. Nadie puede decir ahorita, en esta situación, en esta realidad, que se come lo que quiere o lo que necesita", dice Carlos Piñate

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Caracas / Foto Portada: Cortesía.- En la Venezuela de 2021 los ciudadanos sobreviven como pueden. Quienes no tienen un salario fijo en dólares o ganancias relativamente estables en divisas, se las ven negras para sortear los embates de la inflación, que en el mes de octubre se ubicó en 6,8%, según datos publicados por el Banco Central de Venezuela (BCV). El mismo indicador fue de 8,1%, de acuerdo al Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF). El indicador viene en descenso, pero todavía no sale del cuadro hiperinflacionario. Es el caso de Carlos Piñate, habitante de La Guaira, quien tras ser despedido en el mes de julio y ante la desesperación de no conseguir empleo, comenzó a trabajar como ayudante de albañilería y hoy gana no más de 20 dólares semanales. Este dinero debe alcanzarle para pagar pasaje hasta Caracas, ida y vuelta, y mantener a su familia: sus 2 hijos, su esposa y su suegra.

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Piñate tiene 46 años y no le teme al trabajo duro. Desde octubre trabaja como ayudante de albañilería en Caracas, tras pasar tres meses sin empleo. En sus palabras vio "una luz", cuando uno de sus amigos lo llamó para que trabajara con él en construcción, en apartamentos y casas del centro y este de la ciudad.

Sin embargo, Piñate asevera que le cuesta subsistir ya que mantiene a su familia y lo que gana no es mucho. En conversación con El Cooperante, describió su rutina diaria y relató cómo cambió su forma de vida debido a la crisis, después de que lo despidieran del Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar.

"Durante cinco años trabajé como señalero, quienes ayudan a estacionar los aviones en el aeropuerto, pero con la llegada de la pandemia por COVID-19 todo se complicó. Paralizaron los vuelos, salieron algunas empresas y nuestro trabajo fue mermando. Así fue que fueron recortando personal y me tocó a mí en julio de este año. De liquidación me dieron 20 dólares en bolívares", declaró.

Lo que vino después de eso fue desesperación. Como las siete plagas de Egipto, la situación familiar de Piñate también colapsó, en menos de un mes, falleció una tía y su suegro.

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"De verdad que a veces parece que lo malo viene con todo. Cuando me quedé sin trabajo, estaba muy mal, nos costaba mucho conseguir para comer porque mi esposa también está desempleada. Un mes después de perder el trabajo, se murió mi suegro y una tía por COVID. Esto fue lo peor, sencillamente nos devastó".

En medio del luto y la incertidumbre, el hijo mayor de Piñate, de 16 años, tuvo que retirarse del liceo porque sus padres no tenían como pagar la mensualidad, hoy lo ayuda en el trabajo de albañilería.

"Esto nos preocupa muchísimo porque siempre hemos querido que él y la niña estudien. Hoy tiene 16 años, pero mañana será un hombre y quiero que estudie, que sea un hombre de bien, pero todo es difícil. No pudimos inscribirlo en un liceo público cuando lo retiramos del privado, porque debemos 30 dólares y no nos quieren dar los documentos. Por ahora, me ayuda en el trabajo, pero no queremos que esa sea su vida, queremos que estudie", lamentó.

¿Cómo viven?

Piñate y su familia viven en Barrio Aeropuerto de Maiquetía, estado Vargas. La mayoría de sus vecinos se dedican a limpiar casas, son buhoneros y albañiles, estos oficios le dan lo justo para poder "medio comer".

"En el barrio queda poca gente, muchas casas vacías, muchos están en Perú, Colombia, vendiendo caramelos, pidiendo en las calles. Mi esposa y yo nos íbamos a ir hace unos meses, pero cuando uno tiene hijos todo se complica. Tienes que tenerlos a tu lado y seguir adelante. Por eso de tanto pedir y preguntar por trabajo, uno de mis amigos, vecino de toda la vida, me dijo que si quería trabajar con él como albañil, aprender el trabajo duro y no lo pensé dos veces. No tenía opción", enfatizó.

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David tiene años trabajando como maestro de obra, se especializa en pisos de mármol y "le sale bastante trabajo", comentó Piñate. Por eso, siempre necesita de ayudantes que hagan el trabajo pesado: tumbar paredes, pegar bloques, cortar cabillas. En esto empezó Piñate en el mes de septiembre.

"Cuando uno se las ve difícil todo parece cuesta arriba, pero son sacrificios. Yo perdí 20 kilos por la mala alimentación, por no tener que comer, por darle primero un plato de comida a mis hijos y después pensar en mí. Hoy gracias a Dios tengo este empleo, estoy ayudando a mi amigo y sé que aunque es poco, tengo que agradecer", reflexionó.

David le paga a Piñate y a los otros ayudantes 20 dólares semanales por ayudarlo en trabajos varios, a veces les da para el pasaje para que no gasten lo que se ganan, pero otras veces, deben sacar el pasaje de su bolsillo, lo que representa unos 2 dólares diarios, si el trabajo es en Caracas. A veces, siguió Piñate, se le ha pagado más por otros trabajos más difíciles, unos 40 o 50 dólares, pero todo eso también se va "como sal y agua".

"Cualquiera cree que porque uno gana en dólares vive bien, pero no es así. Creo que ahorita en Venezuela nada alcanza, y menos con tantas responsabilidades. Uno vive al día, compra un poquito de carne molida, picadillo de pollo, unos huevitos y así va. Nadie puede decir ahorita, en esta situación, en esta realidad, que se come lo que quiere o lo que necesita".

Justo ahora, ha pensado mucho en la temporada decembrina, el regalo de su hija menor que tiene 5 años, los "estrenos", la cena, todo.

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"Desde hace años nada es igual, la crisis se llevó todo eso, las hallacas, el pan de jamón, el pernil, pero los niños no saben de eso. Mi niña quiere un monopatín y ahorita con algunos trabajitos se lo voy a poder comprar, también su ropita, uno usa la misma ropa de siempre, se come cualquier cosa, pero la sonrisa de mi niña la tengo que ver como sea".

Piñate dice que ya en su casa no pueden contar con la bolsa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) a precio subsidiado, porque no llega regularmente, pero la compran en 10 dólares a vendedores ambulantes.

"Eso nunca ha sido regular en La Guaira, pero ahora está peor. A veces tarda hasta dos meses en llegar, pero hay gente que la vende en 10 dólares, la básica y la que trae leche, atún y otros productos vale 20. Mi hijo mayor tiene la responsabilidad de comprar dos bolsas quincenales porque eso nos ayuda bastante. Yo me encargo de comprar el salado y lo demás".

La esposa de Piñate trabajaba como secretaria en un ministerio de la Administración de Maduro, pero dejó el empleo antes de la pandemia porque solo ganaba 2 dólares al mes. Se quedó cumpliendo con las labores del hogar y cuando puede, vende tortas en la calle o también limpia casas.

Piñate se levanta a las 4:00 a.m. cada día, para ir a donde le diga David, que es su jefe ahora. Siempre se lleva una arepa de masa amarilla, rellena con queso o caraota.

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"Me tengo que levantar a esa hora porque si no se me hace tarde, uno cuando hace esos trabajos tiene que llegar temprano, desayuno como a las 10:00 a.m. para tener fuerzas y aguantar hasta que almuerce en mi casa de regreso hasta las 5:00 p.m. o 6:00 p.m. A veces, nos regalan café y nos dan agua, otras personas nos dan almuerzo, pero nada es seguro".

Crisis en cifras

Según datos ofrecidos por la edición de 2021 de la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), elaborada por investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la pobreza total por ingresos en Venezuela, alcanzó 94,5 %, mientras que la pobreza extrema subió hasta 76,7 % tras registrar 67,7 % en la edición anterior.

El pasado 3 de noviembre, el director del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de maestros (Cendas), Óscar Meza indicó que en octubre el costo de la canasta alimentaria, solo en Caracas, cerró en 340,21 dólares.





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