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Diego Arria: Mauricio Macri cumplió, no pudo ser más claro

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Diego Arria.- Mauricio Macri durante su campaña anticipó que en virtud de la Cláusula Democrática de Mercosur exigiría que Nicolás Maduro liberase a los presos políticos venezolanos.

Hoy, como presidente de la Argentina, no solo cumplió lo ofrecido, sino que dio un ejemplo a todos los jefes de Estado de la región, al pronunciarse de manera precisa y contundente sobre la terrible situación de nuestros presos políticos.

“Quiero pedir aquí delante de los Jefes de Estado miembros de Mercosur por la pronta liberación de los presos políticos en Venezuela, porque en los Estados parte no puede haber lugar a persecución política por motivaciones ideológicas o por pensar distinto”, dijo Macri durante su primera intervención en el Mercosur.

Mauricio Macri es el primer Presidente latinoamericano en funciones, que asume una posición pública semejante. Ante su propia gente que lo eligió, y ante la comunidad internacional que viene condenando al régimen de Maduro por el secuestro y encierro abusivo de tantos disidentes. El mayor número en las Américas.

El nuevo Presidente argentino es un ejemplo de dignidad y de consecuencia con principios fundamentales de la democracia, de la libertad y de los derechos humanos de todos, que augura buenos tiempos para sus compatriotas, y esperanzas para nosotros en Venezuela.

Maduro obviamente no se atrevió a asistir, porque sin el apoyo de la Sra. Kirchner y de la muy venida a menos Sra. Rouseff, no disfrutaría de la comodidad a la que estas señoras le tenían acostumbrado.

La respuesta de la canciller de Maduro no pudo ser más penosa. Y solo alcanzó a decir “Usted está haciendo injerencismo sobre los asuntos de Venezuela”, como si la defensa de los derechos humanos tuviese fronteras.

El 2016 nos ofrece dos realidades regionales muy importantes: Un Secretario General de la OEA, que con toda dignidad y coraje asumió su alta responsabilidad que le deberá ganar el respeto de todos. Y una Argentina con un Presidente que practica la amplitud y la defensa de la democracia y de sus valores.

A esto se suma la insurgencia de los ciudadanos disidentes de nuestro país que representamos un poder popular sin precedente, auténtico y legítimo –ungido masivamente por el voto popular. Sin dudas debería ser una fuerza incontenible para el rescate de nuestra libertad.

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