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La Lupa

Dirigencia opositora se equivoca al no demostrar a la ciudadanía estrategia unitaria

Una votación no es garantía de transición y en Venezuela es indispensable que la oposición ponga sobre la mesa una hoja de ruta que conduzca a un proceso de esta naturaleza; que no necesariamente, comienza con una votación sino con un profundo dialogo político y social

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machado

Se acercan las elecciones presidenciales y se contempla con mayor certeza un
escenario: la oposición no llegará nuevamente al poder, no estará en Miraflores por los
próximos seis años. Se dice que en política no hay nada estático, escrito o permanente, todo
suele cambiar al ritmo de los acontecimientos y las oportunidades se construyen desde la
acción coordinada, desde la estrategia. Sin embargo, es poco probable que la oposición logre
revertir este escenario en tan poco tiempo y con tantas debilidades internas teniendo en cuenta que una elección no es garantía de transición.


La dirigencia opositora se vuelve a equivocar al no demostrarle a la ciudadanía una
estrategia unitaria capaz de recoger el sentimiento nacional de los venezolanos. Cada quien va por su lado, así como el oficialismo que también se ha equivocado en su gestión de gobierno y en no solucionar los problemas que llevan afectando a los ciudadanos durante muchos años.


Entre estos dos sectores, la gente queda aplastada física y psicologicamente soportando un
stress político inagotable. Hay que repetir que el venezolano esta harto del conflicto político y
de sentir que nada cambia.


En Venezuela el día después de una elección sigue siendo una incógnita. En cualquier
país del mundo los ciudadanos saben lo que ocurre después de la entrega de resultados. Por
ejemplo, se reconoce la victoria y la derrota, los poderes públicos actúan bajo la constitución y
las instituciones hacen su trabajo al adherirse y respetar las decisiones democráticas a través
del voto. La sociedad y los actores políticos comprenden que la alternabilidad es natural y que,
por lo tanto, nadie se siente amenazado al perder el poder.

Las minorías son respetadas por los gobiernos electos y el presidente cesa su campaña frente a los adversarios electorales ya que en democracia los enemigos no existen. Después de la elección, todo regresa a la normalidad, el país sigue,

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Las certezas ayudan a las sociedades a tomar mejores decisiones y en un ambiente de
extrema incertidumbre, las personas optan por desviar su atención sobre los focos de conflicto
y dedicarse a su metro cuadrado, su entorno mas cercano. Los venezolanos llevan años sin
sentir tranquilidad sobre los procesos políticos y esta ansiedad se manifiesta, incluso, dentro de la capacidad organizativa y estratégica que tiene la oposición para coordinarse y emprender con éxito una campaña electoral.

Podemos decir, que la sinergia que se necesita entre la dirigencia y la ciudadanía se ha perdido con los años cultivándose a lo largo del tiempo una sensación de perdida, incapacidad y desconfianza.

Una votación no es garantía de transición y en Venezuela es indispensable que la
oposición ponga sobre la mesa una hoja de ruta que conduzca a un proceso de esta
naturaleza; que no necesariamente, comienza con una votación sino con un profundo dialogo político y social.

Construir una vía transicional lleva tiempo y es un arduo trabajo de
acumulación de fuerzas, entendiendo fuerza como incidencia en el poder, posicionamiento
mediático, reconstrucción del tejido social y transformación cultural. No es posible saber cómo
será una transición política venezolana ya que el gobierno ha instalado durante décadas una
negativa de cambio desde el ámbito psicológico.

A la mayoría de los venezolanos, incluso a los mismos oficialistas, se les dificulta imaginar un gobierno diferente. Venezuela puede estar cerca de una elección, pero está muy lejos de una transición. La oposición sigue empeñada en ver todo este proceso político de forma lineal, como una gran batalla de un solo día, un “quítate tu pá ponerme yo”, un asunto de “ganar y cobrar” cuando en realidad hace falta más que un candidato, que una tarjeta y apoyos de la comunidad internacional.

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La política de hoy debe madurar su visión a futuro y el liderazgo que aspira la
gente debe plantear realidades con responsabilidad. El chavismo, madurismo, oficialismo no va a desaparecer con solo una elección, pero se debe reconocer que ese sector será
indispensable en la búsqueda de soluciones y consensos, algunos sí otros no. Las bases de
una transición no se decretan por redes sociales, se trabajan desde la política.



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