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Editorial: A 74 años de la Revolución de Octubre que encabezó Rómulo Betancourt

El Cooperante | 18 octubre, 2019

Caracas.- A pesar de las amargas críticas de sus históricos adversarios, el movimiento cívico-militar encabezado por Rómulo Betancourt el 18 de octubre de 1945, que culminó con el derrocamiento de Isaías Medina Angarita y la instalación de la Junta Revolucionaria de Gobierno, dando origen al famoso “trienio adeco”, sigue marcando un antes y después en la historia de Venezuela, pues desde aquella denominada “revolución”, el país experimentó por primera vez la democracia plena y la elección directa de un presidente de la República.

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A la “Revolución de Octubre” hay que adjudicarle la consagración del derecho al voto para las mujeres y los analfabetas; la política de no más concesiones petroleras a empresas foráneas y el impuesto de 50%; la ampliación de la matrícula escolar en 158.255 estudiantes; la inauguración de varios hospitales, entre ellos, los de Barinitas, San Carlos, Villa de Cura y los antituberculosos de Barquisimeto, Maracaibo y Cumaná; la reducción de la deuda pública de la nación de 25 millones de bolívares en 1945 a 23 millones de bolívares en 1948; el incremento de la superficie cosechada, que pasó a 140 000 hectáreas; y la construcción de embalses como los de Guataparo, La Asunción, Agua Fría y La Mariposa. Se dejaron en ejecución, terminándose durante la dictadura, los de San Juan y Taiguaiguay.





Tras la Constituyente de 1946, Venezuela escogió por primera vez a un presidente por votación universal, directa y secreta. Fue don Rómulo Gallegos, uno de los fundadores de Acción Democrática, el candidato favorecido de manera arrolladora por los votantes. El experimento de un primer gobierno democrático para el país finalizó en noviembre de 1948, con el derrocamiento de Gallegos y el retorno de los militares al poder, consagrándose la tiranía de Marcos Pérez Jiménez desde 1952 hasta 1958, cuando la génesis de octubre, que todavía estaba vigente, lo expulsó del poder para dar paso a la era democrática.

Es la era democrática -los 40 años vituperados por la actual dictadura militar que preside irónicamente un civil- la mejor de las consecuencias de aquella revolución, y es el derecho al sufragio universal, directo y secreto, igual que en 1945, lo que reclama el país para salir de la tragedia en la que se ha visto envuelto desde hace 20 largos y penosos años.





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