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Investigación

Editorial: De cómo las sanciones de EE. UU. se convierten en bumerán para la oposición

Caracas.- Las sanciones que la Administración de Donald Trump ha impuesto en contra del régimen dictatorial de Nicolás Maduro han servido para todo, menos para desplazar al chavismo del poder. Así como los tiranos de Cuba o Corea del Norte, el de aquí ha sabido aprovechar las sanciones para atornillarse en el Palacio de Miraflores, mientras que las fuerzas democráticas siguen atrapadas en falsos dilemas y opciones extremistas probadamente inútiles.

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Desde 1948 hasta la fecha, solamente en ocho ocasiones han sido eficaces las sanciones de Estados Unidos, y solamente una de ese grupo, terminó con la salida de un presidente. Entre 1958 y 1949, fue sancionada Holanda para persuadirla de la independencia de Indonesia. Entre 1961 y 1965, hubo sanciones contra Sri Lanka tras ser expropiados activos extranjeros por el gobierno de ese país, que finalmente fue derrocado en 1965.  Entre 1965 y 1967, fue sancionada India para que modificara sus políticas agrícolas. Ya entre 1975 y 1976, fue sancionada Corea del Sur para evitar que comprara una planta de reprocesamiento de combustible nuclear de Francia.

Luego contra Taiwán entre 1976 y 1977, el objetivo fue evitar el desarrollo de armas nucleares, mientras que en 1987 y 1988, Estados Unidos ordenó sanciones contra El Salvador para impedir la liberación de acusados de matar a ciudadanos estadounidenses.

En el caso de Malawi entre 1992 y 1993, el plan fue reducir la ayuda para procurar una mejora en las normas democráticas de ese país. Finalmente en 1993, las sanciones fueron contra Guatemala tras la disolución del Parlamento.

Pero históricas también han sido las sanciones contra Cuba y Corea del Norte. Y ahí siguen las vetustas dictaduras y sus tiranos, igual que Nicolás Maduro en Venezuela, a quien amenazan con «endurecer» sanciones. Sanciones que tocan no solamente a altos cargos del régimen -algo en lo que indudablemente hay que estar de acuerdo, pues violadores de derechos humanos y corruptos no pueden pasar por debajo de la mesa-, sino que también alcanzan a los pueblos. Y los pueblos no pueden seguir pagando las consecuencias de las tiranías.

Luego las sanciones, a la postre, terminan convertidas en un bumerán para la oposición:

-Porque Maduro no ha salido ni saldrá del poder con el método de las sanciones, así como no salieron del poder las tiranías de Cuba y Corea del Norte.

-Porque un sector de la oposición insiste muy tercamente en que la solución de la crisis será externa, cuando desde afuera nadie va a disparar un solo tiro para sacar a Maduro del poder. No existen ni coaliciones militares mágicas ni intervenciones quirúrgicas milagrosas. No en este contexto.

-Porque aumenta la opacidad y el Gobierno acude sin control de ningún tipo a mercados negros. No rinde cuentas. No las rendía antes. Ahora menos las va a rendir. Maduro ha conseguido burlar las sanciones y triangular la importación de alimentos y medicinas. Ahora sobran los bodegones con productos importados, incluyendo un burbuja consumista y hasta un Black Friday.

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-Y porque el contexto ha sido utilizado por Maduro como excusa para desmontar arcaicos controles, que de no ser por las sanciones, el régimen no hubiera tenido excusa para justificar el desmontaje de su propio sistema. Liberados controles de precios. Liberado el control de cambio. Ahora el dólar es usado para casi el 50% de las transacciones en el país, y los productos que antes escaseaban, ahora se han multiplicado con variedad de marcas y precios. Sin ir demasiado lejos, hasta el propio Maduro habla de los «beneficios» de «eso» que llaman dolarización.

Ahí va Maduro. Se aproxima a gobernar el país otro año más. Se alista para desmontar la Asamblea Nacional con elecciones y sin disparar un tiro. Y ahí va la oposición: sumergida en un escándalo de corrupción y en un mar de zancadillas entre su propia dirigencia.

¿Quién salió ganando con las sanciones?

 

 

 

 

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