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Editorial: La penosa marcha de Venezuela al comunismo con Maduro en Miraflores

Editorial | 29 julio, 2019

Caracas/Foto de portada: Cortesía EFE- Igual que en Cuba tras la irrupción del castrismo, en Venezuela se acentúan la diferencias sociales. Ahora se han multiplicado las tiendas que venden productos importados y en dólares, solo accesibles para una franca minoría del país. Del otro lado, la inmensa mayoría, observa con estupor cómo la hiperinflación y la corrección esperada del dólar acaban con lo deprimidos salarios en bolívares. Mientras tanto, Nicolás Maduro sobrevive -por ahora- en el Palacio de Miraflores, dedicándose a evitar que la Fuerza Armada le propine un empujón, pues se sabe, los militares son fieles hasta que dejan de serlo.

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Hugo Chávez prometió el mar de la felicidad para Venezuela. El tirano admiraba el sistema comunista cubano, aunque en principio se disfrazara de oveja prometiendo libre mercado y negando su orientación socialista. Después de varios años en el poder, reveló sus verdaderas intenciones. Misma situación ocurrió en Cuba con Fidel Castro, quien aseguró que su revolución no era comunista.





En Cuba, el castrismo se adueñó y luego quebró empresas e industrias que en su día fueron productivas. En Venezuela, el chavismo incluso acabó con Petróleos de Venezuela. La estatal, según estimaciones de la firma Barclays, cerrará 2019 con una producción de medio millón de barriles, de los cuales apenas 200 000 serán objeto de pago de contado, pues el restante, forma parte de convenios a cancelar con China y Rusia, los principales acreedores del régimen de Caracas.

En Cuba, el castrismo puso tras las rejas a la disidencia. En muchos casos, los presos fueron fusilados. En Venezuela es casi una tarea titánica para los diputados del Parlamento acercarse al Palacio Federal Legislativo, pues los desadaptados que promueve y financia el régimen están en alerta permanente para agredir a cualquiera que piense distinto. Los presos en el Sebin y en la Dgcim sufren horrendas torturas como en los peores tiempos de las dictaduras del siglo XX, que ya creíamos superadas. Algunos políticos, militares y policías han muerto en circunstancias en las que claramente hubo responsabilidad directa de sus custodios.

Hugo Chávez quería que Venezuela se pareciera a Cuba. Cuando murió, ya había dejado a su paso la destrucción suficiente como para que el sucesor, Nicolás Maduro, pudiera recoger el testigo y continuar llevando al país en una lenta y penosa marcha hacia el comunismo.





Mientras las tiendas de productos importados con precios inaccesibles para la mayoría se multiplican, y mientras la hiperinflación acaba con el poder adquisitivo de los venezolanos y se acentúan las diferencias sociales igual que en Cuba, Nicolás Maduro se dedica en el Palacio de Miraflores a evitar que los oficiales de la Fuerza Armada le propinen un empujón, pues se sabe, los militares son fieles hasta que dejan de serlo.

 

 

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