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Editorial: ¿La reincorporación de Venezuela al Tiar es el fin del régimen de Maduro?

Editorial | 25 julio, 2019

Caracas.- La aprobación en segunda discusión por parte de la Asamblea Nacional de la Ley que reincorpora a Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), ya comenzó a ser usado desde hace varios meses por sectores extremistas de la oposición para hacerle creer al país que aquello representa la salida de Nicolás Maduro del poder. Pero, tal y como ha expresado Juan Guaidó, el Tiar no puede ser visto como la panacea a la grave crisis por la que atraviesa el país ni tampoco representa una solución de fuerza.

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Sectores chantajistas y extremistas de siempre le hacen creer el país que la aprobación de la reincorporación de Venezuela al Tiar alcanzará el objetivo, por sí solo, del cese de la usurpación de Maduro. Que habrá una coalición militar que expulsará al régimen de facto. Pero la realidad es que el Tiar es un mecanismo diplomático que por sí solo, no representa ninguna solución de fuerza. “El Tiar  es un tratado interamericano, en sus grandes lineas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”, ha dicho Juan Guaidó.





Señala el Tiar en su artículo 3.1 que “un ataque armado por cualquier Estado contra un país americano, será considerado como un ataque contra todos los países americanos, y en consecuencia, cada una de las partes contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas”.

No obstante, en Venezuela no se ha producido ataque armado alguno por parte de otro país. De allí que en todo caso, el artículo sexto del Tiar  pueda ajustarse más a la situación venezolana.

“Si la inviolabilidad o la integridad del territorio o la soberanía o la independencia política de cualquier Estado americano fueren afectadas por una agresión que no sea ataque armado, o por un conflicto extra continental o intracontinental, o por cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América, el órgano de consulta se reunirá inmediatamente, a fin de acordar las medidas que en caso de agresión se deben tomar en ayuda del agredido o en todo caso las que convenga tomar para la defensa común y para el mantenimiento de la paz y la seguridad del Continente”.





De hecho, las partes -según el artículo 2- se comprometen a la resolución pacífica de sus conflictos. De no lograrlo, el caso podrá ser remitido al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. “Las Altas Partes Contratantes se comprometen a someter toda controversia que surja entre ellas a los métodos de solución pacifica y a tratar de resolverla entre sí, mediante los procedimientos vigentes en el Sistema Interamericano, antes de referirla a la Asamblea General o al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

Y en consecuencia, absurdo es tratar de venderle al país una solución mágica que no existe. Ya sabe el país -y sabe particularmente la militancia opositora-, que las salidas mágicas solamente conducen a la decepción y a la frustración igual que en 2014, por mencionar apenas un caso.

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