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La Lupa

Editorial: Los venezolanos se vengaron del PSUV y del alacranato con la abstención

Desde “La Charneca hasta el Country Club” los centros de votación estuvieron vacíos y el gobierno no pudo ni podrá comprar legitimidad ni dentro ni fuera del país, mientras que el “alacranato” tuvo que conformarse con el 17,9% de la repartición de la torta de la vergüenza

EFE/EDUARDO MAYORCA

Caracas.- Si en algo se esforzaron en las esferas del poder desde hace meses, fue en procurar que no ocurriera lo que todo el mundo vio el domingo: que los centros de votación se quedaran literalmente vacíos, con “siesta electoral” incluida por parte de algunos miembros de mesa tras el evidente hastío de esperar lo que nunca llegó: gente.

En pleno oeste de Caracas, otrora bastión rojo, ni siquiera las amenazas y el chantaje de los consejos comunales pudo convencer a absolutamente nadie ajeno a la base dura chavista de ir a votar por los candidatos del PSUV, que en términos prácticos, ocupaban toda la boleta electoral.

El chavismo gobernante compró “opositores”. Intervino partidos. Secuestró sus tarjetas y se las entregó a farsantes que vendieron su dignidad, si es que alguna vez la tuvieron. Pasadas las diez de la mañana, Bernabé Gutiérrez declaraba sonriente en un colegio desolado en La Florida con un patético discurso en el que quiso (pero no pudo) disimular que es un agente del régimen, enviado para engañar desprevenidos usurpando las siglas de Acción Democrática y mancillando la memoria de Rómulo Betancourt, quien jamás se vendió a tiranía alguna.

Las “autoridades” del Consejo Nacional Electoral informaron a las 5 de la tarde que la jornada se extendería por una hora “mientras permanezcan electores en cola”, al tiempo que Diosdado Cabello llamaba a una “operación remate”, que en otros términos, era la orden para inflar “como sea” los resultados, pues se sabe que a esa hora, apenas se había movilizado entre un 16% y 22% del Registro Electoral, lo cual deja claro que solo la base más dura y radical del PSUV salió a “votar”, y que el alacranato no pudo engañar a prácticamente nadie.

El “empujoncito” elevó la “participación” según el primer boletín de Indira Alfonzo en 31%. O lo que es igual: abstención de 69%, unos seis puntos menos que en 2005. El resultado que solamente puede tener una lectura: el país no convalidó la chapuza y dejó en ridículo al alacranato que se hizo pasar inútilmente como oposición, mientras que Maduro no pudo ni podrá comprar legitimidad.

El desafío de las fuerzas democráticas en el corto plazo debe ser, obligatoriamente, capitalizar el descontento con el régimen y rearmar estrategias: la abstención no tumba dictaduras.





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